Sonisphere Festival, 15 de julio de 2011 (II)
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Ago 11

Arch Enemy era uno de los grupos que estaba dispuesto a “sacrificar” para no machacarme demasiado pero al final me pudo la curiosidad. La última vez que les vi no me desagradaron (aunque tampoco me sorprendieron) y, ya que en esa ocasión vi un concierto recortado, tenía interés por ver qué tal lo hacían esta vez. Tras sonar “Khaos Overture” empezaron el concierto con “Yesterday is Dead and Gone”, el primer single de su último disco, “Khaos Legions”, y tampoco es que me entusiasmase en directo. Aunque había bastante gente que respondía con ganas a canciones como esta, “Revolution Begins” o “Bloodstained Cross”, a mí me dejaron algo frío. Es verdad que a lo largo de gran parte de la actuación tuvieron bastantes problemas con el sonido, especialmente Chris Amott, quien tuvo que desaparecer del escenario más de una vez para ver qué estaba pasando, y eso les perjudicó bastante.
No se puede decir que no le echasen ganas: Angela Gossow estuvo muy animada e intentó contagiar al público de principio a fin, mientras que los demás integrantes del grupo se mostraron cómodos delante de la gente, problemas técnicos aparte. Simplemente, mi impresión de su repertorio fue algo irregular. “My Apocalypse” no es uno de mis temas favoritos pero me parece que sonó bien, al igual que “Ravenous” (que sigue gustándome tanto como hace diez años), pero cuando volvieron a canciones más recientes, como “Under Black Flags We March” o “No Gods, No Masters” me parecían algo “flojos”. El final con “We Will Rise”, “Nemesis” y “Snow Bound” me pareció coherente con el resto del repertorio y tampoco me dejó mal sabor de boca (aparte del sabor a polvo y paja que estabamos respirando). No me arrepiento de haber visto este concierto pero tampoco me motiva para volver a verles próximamente. Quien sabe, quizás si el próximo disco me gusta más…

El plato fuerte del viernes era Slash y se notó. Aunque no resultaba agobiante, había bastante gente y era de agradecer que ya hubiese anochecido y no hiciese tanto calor. También fue de agradecer que se mantuviese con cierto rigor el horario de las actuaciones, razón por la que no pasó demasiado tiempo hasta que la gente empezó a aplaudir por la salida a escenario del guitarrista, seguido desde el primer momento por un foco. De hecho, salvo contadas excepciones y algún despiste los focos estuvieron continuamente sobre Slash y el cantante que se había traido, Myles Kennedy. Así que desde que empezó a sonar “Ghost” todo el mundo pudo ver bien a los protagonistas del concierto. De los Knuckleheads, el grupo que acompañaba a los dos músicos, se vió poco, manteniéndose en la penumbra casi todo el rato. Por una parte es comprensible, la gente va a ver a “Slash with Myles Kennedy”, pero tampoco habría estado de más reconocer un poco a los músicos acompañantes. Sobre todo porque hicieron un buen trabajo, tanto con los temas nuevos como con canciones como “Mean Bone” (de Slash’s Snakepit) o “Sucker Train Blues” (de Velvet Revolver).
Y lo mismo se puede decir de los encargados del sonido, que dificilmente se habría podido mejorar teniendo en cuenta las restricciones de tener un único escenario, al menos desde donde yo lo estaba escuchando. “Nightrain” sonó de lujo (dadas las circunstancias) y los técnicos hicieron posible que se pudiese apreciar la excelente labor que realizó Kennedy – “Rocket Queen” fue uno de los puntos a destacar de su actuación – mientras que la guitarra de Slash ganaba peso en los momentos oportunos, sin ahogar a la otra guitarra o al resto de integrantes del grupo, como durante “Civil War”. Evidentemente los temas de Guns N’ Roses fueron los más aclamados, cantados y aplaudidos, y el repertorio fue generoso en el apartado nostálgico sin dejar de lado canciones de su material más reciente. De hecho, encadenaron “Back From Cali”, “Promise” y “Nothing To Say” antes de llegar a “My Michelle”.
“Slither” marcó el comienzo del final de la actuación. Volviendo un momento sobre el sonido, en la base quizás echase de menos un poco más de nivel para el bajo, aunque pudo escucharse con claridad en canciones como “Sweet Child O’ Mine”. La batería tenía tanto un volumen como un sonido muy bien medido. Cuando llegaron al cierre del concierto y empezó “Paradise City” el grupo sonaba igual de bien que al principio de su actuación, con el público acompañando en todo momento. En definitiva fue un buen concierto y no creo que decepcionase a mucha gente. De los protagonistas sólo puedo decir que su actuación fue impecable. Myles Kennedy es un buen cantante e hizo que me arrepintiese de haberme perdido el concierto de Alter Bridge. Y a Slash no le puedo poner ninguna pega: su tono, su forma de frasear, su presencia sobre el escenario y el repertorio que eligió fueron todo lo que hubiese podido esperar. Sólo habría podido ser mejor con más canciones, especialmente si hubiesen sido de los Guns (pero eso ya es mi preferencia personal).

Y al final llegó el turno de The Darkness. Sabía que mucha gente se marcharía después de la actuación de los cabezas de cartel pero me sorprendió lo vacío que parecía de repente el patio delante del escenario. Creo que es una lástima porque el concierto fue exactamente lo que esperaba desde que empezó a sonar “Bareback”: buena música, un grupo sólido y sin más estridencias que las de un frontman histriónico e hiperactivo (vestido con mallas y una chaqueta blanca con un bordado de un tigre a la espalda). Quizás el sonido no resultase tan limpio como en el concierto anterior pero me importó poco. Sigo disfrutando de los dos discos que tienen hasta la fecha y escuchar en directo “Black Shuck” y “Growing On Me” me hizo ver que tienen un directo igualmente bueno. También me confirmó que Justin Hawkins sigue estando medio loco, al menos con micrófono y/o guitarra en mano. No paró de moverse y agitar al público, invitando a responderle durante “Get Your Hands Off My Woman” o animando durante “One Way Ticket”.
Tocaron algunas canciones nuevas, siendo la primera “Nothing’s Gonna Stop Us”, que no suena mal. Los cañones de confetti que dispararon durante “Love Is Only A Feeling” también me parecieron un toque divertido. Con todo, como digo, lo que más destacó fue el cantante, con su cambio de vestuario, sus gestos o las ganas que le ponía para que el público estuviese animado y cantando, como durante “Friday Night”. Estuvo tan elocuente como divertido (“Gimme a D! Gimme an Arkness!”), hablando de un futuro disco, haciendo tiempo mientras su hermano reafinaba su guitarra o simplemente presentando las canciones. El resto del grupo estuvo en su lugar, lo cual no deja de tener su mérito cuando tienes un cantante/guitarrista que en algún momento puede ponerse a hacer el pino delante de la batería.
“Is It Just Me?” precedió a otras dos nuevas canciones, “Concrete” y “Cannonball”, que demuestran que todavía tienen algo que decir. “Stuck in a Rut” y “Givin’ Up” fueron atacadas con ganas y con las mismas energías que el resto del repertorio y cuando tocó el turno de “I Believe In A Thing Called Love” yo hubiese seguido un buen rato más. Tras la salida en falso hubiese echado varios temas más pero decidieron cerrar con una versión extendida de “Love On The Rocks With No Ice” sobre las 3:30 de la madrugada. A ver si la reunión dura y da como resultado otro buen disco, para que puedan volver de gira y pueda volver a verles.
Todavía quedaba gente en la carpa de los pinchadiscos cuando me fuí, a paso ligero para ver si no llegaba muy tarde a casa y podía echar alguna hora de sueño antes del siguiente día de festival.

Sonisphere Festival, 15 de julio de 2011 (I)
07:07
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01
Ago 11

Al igual que el del año pasado, el Sonisphere 2011 tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas. Claro que en esta ocasión partía con la ventaja de saber un poco mejor a lo que me enfrentaba.
Como el año pasado, me decanté por ir en coche. Las opciones de transporte público se me antojaban algo escasas (¿alguien sabe qué tal estuvieron los trenes/autobuses?) y me dio la impresión de que al final hubiese tenido que tirar de taxi. Así que salí con algo de antelación el viernes, 15 de julio, esperándome lo peor en dirección sur. Sin embargo, llegué sin mayores problemas. No sé si sería la hora o que el tráfico de salida de Madrid estaría concentrado en otros puntos.
Conociendo un poco el polígono del año pasado, ni me molesté en ir a las zonas de aparcamiento señaladas por la organización y busqué un hueco lo más cerca posible de la zona acotada. Después de cubrirme hasta las orejas en protector solar decidí que, ya que había llegado pronto, podía ir con calma y coger la pulsera para los dos días y explorar un poco el espacio del festival.
Primer tirón de orejas para la organización: al igual que el año pasado habían montado un punto único de entrada. Teniendo en cuenta que el primer día asistieron unas treinta mil personas, me da a mí que hubiese tenido que hacer cola independientemente de la hora a la que hubiese llegado. Y hacer cola a treinta grados sin zonas de sombra no es divertido.
Segundo tirón de orejas: la chica que me puso la pulsera estaba teniendo que cerrarlas con los dedos. La pobre ya tenía la mano fastidiada y tuve que cerrarla yo mismo porque no podía hacer fuerza. No sé si todo el mundo tenía que trabajar así pero me parece abusivo. Dotar a los trabajadores de algo más que un dedal para crimpar las pulseras (con cierre de metal este año, el año pasado era de plástico) hubiese sido lo propio.
Tras un cacheo y una comprobación de mi pulsera estaba dentro del recinto. Este año habían colocado un único escenario en la parte más septentrional de la zona delimitada. Por curiosear un poco di un ligero rodeo para llegar hasta la zona de los conciertos. Vi los pasillos con los ventiladores/humidificadores, que me parecieron un buen detalle pero probablemente escasos. Eché un vistazo lejano a la zona de stands de comida y la carpa para los pinchadiscos y pasé rápidamente por los puestos de mercaderías, sin prestar mucha atención. Me fijé también en las zonas de sombra y de relax pero ya estaban hasta arriba, así que tampoco me entretuve mucho.
La colocación del escenario, mirando hacia el norte, me pareció bastante razonable, sobre todo por el sol. Aunque no había muchas opciones de sombra (la que ofrecía la torre de los técnicos de sonido/cámaras/VIPs) al menos con esa orientación no daba de cara ni al público ni a los artistas. La zona para minusválidos no estaba mal situada pero estaba totalmente desprotegida. Las gradas me parecieron muy lejanas y las “zonas verdes” eran demasiado escasas. Casi la totalidad del recinto era, como el año pasado, un secarral.
Dada la hora a la que había llegado pude escuchar el final de la actuación de Angelus Apatrida, incluyendo “Thrash Attack”. Los chavales lo hacen bien pero el sonido de lo poco que escuché me pareció algo turbio. El cuarto de hora largo que había hasta la siguiente actuación se hizo un poco cuesta arriba al sol pero me gustó ver que las cosas sobre el escenario se movían a un buen ritmo.

Después de toda esta parrafada llegamos a la primera actuación que tenía planeada ver, la de Valient Thorr. Creo que fue Iván quien me habló de ellos hace unos años y hasta la fecha no les había visto en directo. Dadas las horas tampoco se puede decir que hubiese demasiada gente pero sí había bastantes personas y el grupo fue bien recibido cuando empezó a sonar “Double Crossed”. El sonido fue bueno y la actitud del grupo fue aún mejor. Desde el primer momento no pararon de moverse de un lado a otro del escenario, en especial el cantante. A pesar del poco tiempo que tenían disponible consiguieron tocar unos cuantos temas. Si mi memoria no falla se pudo escuchar “Future Humans” y después el cantante presentó “Infinite Lives”, ya sin camiseta. A pesar del calor (“Are you hot? Are you muy caliente?”) mantuvieron un buen nivel a lo largo de todo el concierto y temas como “Mask of Sanity”, “Gillionaire” o “Disappearer” sonaron contundentes y resultaron muy entretenidos, sobre todo con los gestos del responsable del micrófono. Estuvo muy comunicativo, haciendo pequeñas presentaciones para temas como “Night Terrors” o “Goveruptcy”, dedicando temas al conductor de su autobús (era el final de su gira por Europa) y a los vascos (sus razones tendría para eso), pidiendo al público que enviase sus energías al Sol (a fin de cuentas, ellos venían “del espacio”) o bajándose al pasillo de separación delante del escenario para cantar y gesticular ya sin camiseta. Todo un espectáculo, mientras que el grupo no bajaba el ritmo tocando. El concierto se me hizo corto y tras ¿”Heatseeker”?, “Sleeper Awakes” y el gran final encabezado por “Total Universe Man” (y enseñar el cantente el culo) se despidieron. Si vuelvo a tener oportunidad de verles intentaré aprovecharla.
A estas alturas el calor ya se hacía notar y bastantes personas estaban refrescandose con los chorros que soltaban dos mangueras situadas delante del escenario. Otro buen detalle, sobre todo dadas las temperaturas que se estaban alcanzando. Con todo, el movimiento de las personas levantaba una polvareda que hacía algo incómodo respirar. Las mascarillas que llevaban muchas personas me parecieron una buena idea.

El segundo grupo que quería ver salió al escenario con bastante puntualidad. Lo cierto es que temía un poco cómo resultaría el concierto de Gojira. Con una música tan densa como contundente me los imaginaba más en una sala que en un festival al aire libre. Y, al final, al concierto de los franceses sólo le puedo poner una pega: el sonido estaba en “modo festival”, es decir, con los bajos disparados hasta el punto de poder notarse la presión de las ondas sonoras en todo el cuerpo. Vi a más de uno que se quejaba que lo único que oía era un estruendo. Yo lo escuché bastante bien, llevando tapones, estando a una distancia decente del escenario y conociendo los temas del grupo. Sí es cierto que desde los primeros momentos de “Ocean Planet” el sonido de las guitarras me parecía algo más sucio de lo que hubiese esperado pero entiendo las limitaciones de la situación. El repertorio no estuvo nada mal y aunque creo que “Backbone” fue la única que presentaron temas como “Remembrance”, “Love” o “A Sight To Behold” eran fácilmente reconocibles.
El grupo estuvo bastante activo sobre las tablas. El bajista parecía que tenía un cuello de goma con la forma de sacudir la cabeza en algunos momentos, mientras que el cantante aprovechaba las partes instrumentales para darse algún que otro paseo de un lado al otro del escenario y el otro guitarrista seguía el ritmo de sus compañeros. Hasta el batería hizo una excursión por el escenario dejando su equipo a cargo del cantante para animar un poco al público. No sé si la reacción de los presentes les convenció pero a mí el concierto me animó bastante. Temas como “Flying Whales”, “The Heaviest Matter of the Universe” o “Toxic Garbage Island” se sucedían a un buen ritmo, sin mucha charla entre uno y otro, y cuando llegó el turno de “Vacuity” y salieron del escenario me sorprendí de lo rápido que se me había pasado el tiempo. Aunque volvieron para tocar “Oroborus” me quedé con ganas de algo más, así que tendré que estar atento a ver cuando vuelve a estar de gira por aquí.
Después de este concierto me retiré a descansar un poco. Uno, que ya es viejo, necesita dosificarse si quiere sobrevivir los dos días del festival. Sin tener mucha intención de achicharrarme durante el concierto de Sôber aproveché que podía salir y entrar del recinto con la pulsera y me fuí a un sitio tranquilo y a la sombra a sentarme cómodamente y tomarme algo fresco. Este parón me sentó tan bien, y los conciertos me habían dejado tan animado, que decidí volver un poco antes de lo que tenía previsto inicialmente.