Judas Priest, Motörhead y Saxon, 30 de julio de 2011
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Sep 11

Dándole una vuelta de tuerca a la expresión “más vale tarde que nunca”, tiraré de memoria para recopilar la tarde-noche del 30 de julio. Dada la fiabilidad de mi memoria, cuenten con más de una imprecisión.
Vista la hora de apertura de puertas calculé para llegar a la entrada de La Cubierta sobre las 18:00. Al salir me encontré con una cola más larga de lo que esperaba pero que al cabo de poco tiempo empezó a moverse a buen ritmo. Afortunadamente estuve acompañado de Isra y Esther, quienes hicieron que la espera fuese mucho más amena y a los que tengo mucho que agradecer. Al entrar nos situamos en la zona frente a las mesas de mezcla de los primeros grupos y vimos que ya había una buena cantidad de personas en el recinto. Por desgracia, la zona que escogimos tuvo bastante transito, sobre todo durante la primera actuación, y a veces resultaba bastante molesto tener que estar pendientes de hacer hueco a la gente.
No sé cuántas personas habría cuando empezó el concierto de Saxon. A pesar del calor y del retraso, la salida del grupo fue bastante bien recibida. Reconozco que no he escuchado su último disco pero eso no evitó que disfrutase de temas como “Hammer of the Gods”, con el que comenzaron su concierto. Habiéndoles visto hace un par de años me alegró comprobar que siguen estando en forma.
Lo que sí les perjudicó un poco fue el sonido, al menos como yo lo oí. Aunque La Cubierta con la ídem retirada es un espacio abierto y su acústica no es ideal en mi opinión el volumen estaba demasiado alto. Al nivel que se escucharon “Heavy Metal Thunder” o “Never Surrender” no se apreciaban bien los instrumentos, envueltos en una onda de sonido empujada por la batería. Incluso el sonido del micrófono de Biff Byfford parecía algo saturado.
Con todo, una vez hechos a la idea de que el sonido jugaba en contra del grupo, sí que se pudieron disfrutar canciones como “Chasing the Bulltet”, la clásica “Motorcycle Man” y “Back In ’79″. Siendo todavía de día, el calor se dejó notar ligeramente a lo largo del concierto. El tráfico hacia las barras, varios tendidos más allá de donde nos encontrabamos, fue un buen indicador de la sed que se estaba pasando en la arena. Supongo que el grupo también tendría que tirar de algún refresco, aunque fuese durante el sólo de batería tras “Demon Sweeney Todd”.
Si en el escenario estaban incómodos o cansados no dejaron que se notase. Todo el grupo estuvo muy activo, animando a los que estabamos con “Call To Arms” o con Biff explicando que la inspiración de la canción “And The Bands Played On” son los conciertos del primer Monsters of Rock. Y eso que el concierto fue moderadamente largo. Siendo los teloneros era obvio que no tendrían mucho tiempo pero consiguieron tocar “Crusader”, “Princess of the Night” y “Denim and Leather” antes de tener que terminar su concierto con “Wheels of Steel”.
Con un merecido aplauso y más gente en el recinto que al principio, los Saxon se retiraron y dejaron que comenzasen los preparativos para el siguiente concierto.
Como era de esperar, la aparición de Motörhead fue recibida con entusiasmo. Con los primeros compases de “Iron Fist” quedó claro que este grupo sigue levantando pasiones a pesar de – o quizás gracias a – su dilatada carrera. Poco antes del concierto me había leído White Line Fever, la biografía de Lemmy, (otro gran regalo, tampoco merecido) y resulta interesante ver reflejado en un conjunto de canciones parte de la historia del personaje y del grupo. El repertorio tuvo de todo un poco, desde temas ya clásicos. como “Stay Clean”, hasta canciones de su último disco, como “Get Back In Line”. Y siempre fieles a un estilo y un sonido que rezumaba toda la actuación del grupo, a través de “Metropolis”, “Over The Top” o “One Night Stand”.
Y hablando de sonido, de nuevo me pareció mejorable. Ya sé que con Motörhead debe ser “everything louder than everything else” pero en varias ocasiones era más fácil seguir los temas por los ritmos de la batería de Mikkey Dee que por la guitarra de Campbell o el bajo de Lemmy. Afortunadamente la voz del cantante se podía oír pero el trabajo del guitarrista no se pudo apreciar tan bien durante el concierto como cuando hizo su sólo. No sé si será un tema de acústica, así que me imagino que en otra ocasión tendré que probar desde otros puntos
Quejas aparte, el concierto fue muy entretenido. No se puede decir que Lemmy sea el tipo más animado sobre las tablas pero al grupo le basta con la música para desatar al público. Con temas como “The Thousand Names of God” o “I Know How To Die” tampoco es que haga falta mucho más que un muro de amplificadores para dar un buen espectáculo. Claro que también hubo momentos de lucimiento, como el sólo de guitarra mencionado antes o el de batería que vino después de la contundente “In The Name Of Tragedy”.
Con una producción discográfica considerable a sus espaldas y el público deseando más, cualquier concierto de Motörhead se puede hacer corto. El consuelo es que antes de terminar uno puede disfrutar de temazos como “Going To Brazil” y “Killed By Death”. Evidentemente no podía faltar “Ace Of Spades”, por muy trillada que la tengan, y “Overkill” siempre será una buena manera de terminar una actuación, a pesar de los fallos técnicos de último minuto con la guitarra de Campbell.
Tras los saludos y despedidas pertinentes, habiendo dejado claro por qué se presentan con “We are Motörhead and we play rock and roll”, los tres músicos se retiraron a acompañar a al menos una mujer ataviada de forma bastante reveladora que había estado a un lado del escenario viendo la actuación. Saben con quién juntarse.
Algo más tarde de lo que esperaba comenzó el concierto de Judas Priest. Ya era de noche y en el hilo musical empezó a sonar “War Pigs” de Black Sabbath. Siempre resulta un detalle curioso la forma en que los grupos deciden salir al escenario. Todavía recuerdo esos conciertos de In Flames con “Soul Bossa Nova” de Quincy Jones And His Orchestra hace más de diez años o, más recientemente, los conciertos de Iron Maiden y Twisted Sister en el Sonisphere. Igualmente curioso es que después de la canción de introducción el hilo musical marcase el verdadero inicio del concierto con “Battle Hymn”.
Y, tras esta doble introducción, salieron los cabeza de cartel, disparando con “Rapid Fire”. Un recinto con las localidades agotadas y el espacio reservado en las gradas ensanchado para acomodar con algo más de holgura a los asistentes se puso en pie para recibir la descarga de sonido y luces que el grupo traía preparada. Un escenario con elementos reminiscentes de una fundición se iluminó mientras láseres dibujaban patrones en el aire de La Cubierta. Junto con los efectos pirotécnicos, el concierto fue también un auténtico espectáculo visual. Una buena presentación, diría yo, digna de auténticos “Metal Gods”.
Al igual que en los conciertos anteriores, el volumen estaba a unos niveles algo excesivos. Puede que ese día estuviese algo más susceptible pero por lo general creo que el sonido hubiese salido beneficiado con una mezcla algo más comedida y equilibrada. Los bombos de la batería retumbaban, mientras que el sonido del bajo apenas se podía percibir en los extremos más graves del espectro. Las guitarras no tenían la definición que temas como “Heading Out The Highway” requieren para percibir algo más que los acordes, mientras que la voz de Halford sólo destacaba en los registros más agudos. Quizás “Judas Rising” o “Starbreaker”, canciones con un ataque más directo, puedan disfrutarse plenamente a pesar de estas deficiencias, pero cuando se llega a “Victim of Changes” hace falta algo más de sutileza en el sonido para hacer justicia a la dinámica del tema. Con todo, esto no deja de ser mi opinión.
Después de “Never Satisfied” llegó uno de los momentos que más me gustaron de la noche. Sobre el escenario aparece una guitarra acústica y yo pienso que van a tocar cierto tema del “Stained Class”. Sin embargo, presentan y empiezan con “Diamonds and Rust”, la versión de la canción de Joan Baez. Richie Faulkner, el sustituto en tareas a la guitarra y atuendo de K.K. Downing, acompaña a la guitarra a un Rob Halford que, sin necesidad de estridencias, borda una interpretación elegante e intensa. Sin necesidad de sobreponerse a un enorme barullo sónico, los músicos dejan ver la técnica y el gusto por los que están en el lugar ocupan. Incluso cuando la versión vuelve al galope al ritmo e interpretación del “Sin After Sin” el sonido parece haberse moderado ligeramente. Tengo que buscar si tienen alguna grabación buena de esta versión semi-acústica, porque me pareció estupenda.
Lo cierto es que el repertorio de este concierto me gustó más que el anterior en el que estuve. Nostradamus nunca ha sido uno de mis discos favoritos (incluso cuando sonaron “Dawn of creation” y “Prophecy” no puedo decir que me emocionasen) y en la última gira era lo que venían a presentar. En esta ocasión pudieron recrearse en más clásicos como “Night Crawler”, “Turbo Lover” o “Beyond the Realms of Death”.
A estas alturas tengo que hacer un parón. No sé a qué se debería pero tuve la primera “pájara” en un concierto (¿la edad?, ¿el calor?, ¿la falta de hidratación?, ¿todas las anteriores?, ¿ninguna de las anteriores?). Así que tuve que sentarme sobre la arena de La Cubierta para no caer redondo. Aquí sí que es cuando tengo que agradecer a Edu y sobre todo a Isra y Esther, que me procuraron algo de agua y hielo para que me repusiera mientras les daba un susto que les fastidió “The Sentiel” y “Blood Red Skies”. Cuando llegó el turno de “The Green Manalishi (With the Two Pronged Crown)” estaba algo mejor pero apenas pude disfrutar de “Breaking the Law”, cantado integramente por el público, y tuve que hacer una escapada a la barra durante “Painkiller” para comprar algo más de agua y hielo.
Y es una pena que me quedase tocado, porque el final fue de traca. Más llamaradas y láseres en el escenario, la moto de Halford, la gente disfrutando y temas que no podían faltar como “The Hellion” y “Electric Eye”, “Hell Bent for Leather” o “You’ve Got Another Thing Comin’”. Halford tuvo algunas palabras durante el concierto pero hacia el final se volvió a extender, como en ocasiones anteriores, con lo más parecido a una pequeña clase de canto que se puede tener en un concierto jebi. Una última retirada en falso y, muy pasada la medianoche, “Living After Midnight” cerró una gran actuación.
Y con esto nos fuimos corriendo para el tren, intenté disculparme ante Isra y Esther por la mala jugada y nos volvimos cada uno a nuestra casa en los últimos trenes del Metro, hasta que nos volvamos a ver.
Marty Friedman, 11 de mayo de 2011
07:07
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06
Jun 11

Hace ya unos días tuve el placer de acompañar a Alfil a un concierto en la sala Heineken. Aunque han pasado unas semanas aún tengo las notas de lo que apunté nada más volver, así que voy a intentar construir una crónica del concierto tal y como yo lo viví.
Lo malo de los conciertos entre semana es que uno siempre llega algo justo. En esta ocasión, habiendo salido bien del trabajo, íbamos muy bien de tiempo o al menos eso pensaba. Llegamos unos minutos antes de la hora de apertura de puertas y me sorprendió que no hubiese gente haciendo cola. Entramos a la sala, conservando nuestras entradas intactas gracias a los lectores de códigos de barras usados en el control de acceso (ojalá fuese algo más extendido), y ahí vimos por qué no había nadie esperando fuera. Tanto la hora de apertura de puertas como el concierto de los teloneros habían sido adelantados. No sé si se había avisado en algún sitio pero yo no estaba al tanto.
De los madrileños Inordem no había oído nada y, por culpa de este cambio, no puedo decir que ahora les conozca mejor. Me fastidia porque la elección de ver o no el concierto de los telorenos es mía, que para eso he pagado la entrada, y si llego a la hora de apertura de puertas es porque al menos tengo curiosidad por ver y oír a los que actúan. Por desgracia, en esta ocasión apenas escuchamos unas canciones, contundentes y con un sonido decente, pero que supieron a poco en una sala con muy poca gente.
Me temo que no puedo ofrecer una opinión más extensa sobre la actuación. Para la próxima, cuando caiga.
Mientras el grupo recogía sus bártulos nos sentamos tranquilamente y charlamos un rato mientras esperábamos. La sala se fue llenando pero no parecía que fuese a ser una ocasión en la que hubiese muchos problemas de espacio. Por una parte se agradecía no estar agobiados pero por otra creo que una sala llena hubiese tenido un mejor ambiente.
Hablando de ambiente, una sorpresa muy grata fue que casi no hubo fumadores en la sala. Siempre hay algún drogadicto y/o maleducado que se pasa la prohibición de fumar por el arco del triunfo (y nadie de la sala dice nada) pero en esta ocasión los demás apenas tuvimos que soportar las ansias de estos tipos de tener algo en la boca para chupar. Puede que algún día vaya a un concierto sin malos humos.
Y llegó el turno de Marty Friedman, el hombre cuyas comidas españolas favoritas son la paella y la pantera rosa. El escenario tenía un aspecto bastante espartano, con el símbolo del Loudspeaker en la pantalla de fondo. Al frente salieron tres chavales nipones cuyos nombres no supimos hasta casi el final del concierto.
A la batería había un tipo con el pelo cardado y rubio y maquillaje que parecía de Kabuki, al bajo estaba un chaval con vaqueros holgados y camiseta y a la guitarra estaba otro chico (aunque en algún momento de poca iluminación nos asaltó la duda de si era una chica) con pantalones negros ajustados, de espinillera un pañuelo con la bandera de Japón decorada con 日本, camiseta de tirantes de leopardo y una Fender (creo) rosa con purpurina. En fin, que Friedman se trajo a sus músicos desde el país del sol naciente, donde ya lleva mucho tiempo afincado.
La banda fue recibida con aplausos pero evidentemente la ovación más fuerte la recibió Friedman al hacer su aparición sobre las tablas. Con un buen aspecto, empezó directamente el concierto con “Street Demon”. En restrospectiva, el sonido fue bastante bueno desde el inicio de la actuación. No sé si tuvieron que hacer muchos ajustes pero, aparte del ya habitual nivel de volumen que hace imprescindible usar tapones, parece que lo tenían todo bien medido. Y yo creo que es un trabajo complicado: nunca he estado muy agusto con la acústica de la sala Heineken. He estado en conciertos en los que he oído todo bien y gente que tenía poco más de un metro sólo oía ruido.
En esta ocasión eché en falta un poco más de definición en el sonido, especialmente en las guitarras. Si bien se podían oír bien combinadas a veces resultaba algo complicado distinguir una de otra. Igualmente, el bajo estaba un poco perdido en el sonido del conjunto. Por ejemplo, en los primeros temas, como “It’s the Unreal Thing” y “Amagigoe” (una versión de 天城越え de Sayuri Ishikawa), que tienen un estilo más contundente, la segunda guitarra se solapaba con el bajo y era en los momentos más pausados, como en “Ballad of the Barbie Bandits”, cuando se podía distinguir mejor. La batería no se oía mal pero a mí me llamó más la atención cómo tocaba el personaje a las baquetas que el sonido en sí. Incluso con el rápido comienzo de “Tsume Tsume Tsume” (versión de 爪爪爪 de Maximum the Hormone) o el intenso ritmo de “Elixir” no dejó de gesticular y hacer continuos aspavientos, sin descuidar el compás.
Afortunadamente pudimos disfrutar de una buena visión de todos los músicos casi todo el tiempo. La iluminación fue bastante funcional, sin extravaganzas que aportasen o perjudicasen al espectáculo. El foco estaba casi siempre sobre Friedman, especialmente cuando se dirigía al público, algo que hizo en varias ocasiones. Aparte de los típicos “muchas gracias” (en español) y “qué contentos estamos de estar aquí” (en inglés ya), se molestó en dar un poco de contexto sobre su música y estuvo bastante simpático. La respuesta del público no fue excesivamente entusiástica y yo hubiese esperado una reacción algo más intensa pero no parece que los músicos estuviesen decepcionados.
El concierto en general tuvo un cariz más bien duro. Con temas como “Stigmata Addiction” y “Gimme a Dose”, Friedman fue tomando temas de su discografía para construir un repertorio inclinando a su lado más jebi, intercalándolo con melodías más rockeras. Por ejemplo, tras “Cheer Girl Rampage” llegó a incluir algunos compases de “Asche Zu Asche” de Rammstein. No se olvidó de sus temas más clásicos e incluso tuvo un recordatorio de su etapa en Megadeth con el sólo de “Tornado of Souls”, tocado a la perfección y causando la mayor reacción del público. Resulta envidiable ver como, casi a sus 50 años, mantiene toda su técnica y todo su virtuosismo intactos.
Igualmente envidiable es la colección de guitarras que fue luciendo. Tampoco es que sacase un modelo distinto en cada canción (y la guitarra purpurina del segundo guitarrista les robó protagonismo) pero sí que hizo más de un cambio a lo largo de la noche.
Después de “Devil Take Tomorrow” Friedman tuvo un recuerdo para Japón y todas las personas afectadas por las últimas catástrofes en esas tierras. Al igual que ellos amaban España, dijo, quería tener un gesto hacia su patria adoptiva y pidió un “We Love Japan” que el público acabó coreando. La única canción de la noche fue “Letter”, cantada en japones y con buena voz (a mi parecer) por el bajista. Tanto él como el guitarrista tuvieron una actuación muy destacada, por méritos propios y porque Friedman tuvo muy buena química con ellos sobre el escenario, cediéndoles el protagonismo en más de una ocasión. Hasta llegó a hacer un duelo de guitarras bastante entretenido con su compañero.
El extenso repertorio siguió con temas como “Novocaine Kiss”, “Angel” y “Salt in the Wound”, tras lo que centró la atención sobre el otro guitarrista, quien se hizo cargo de lucir toda su técnica en “Ripped”. A lo largo del concierto no presentó casi ningún tema, aunque sí habló de Tokyo Jukebox y de como, aunque en España no resultase muy familiar, se trataba de un recopilatorio de temas conocidos en Japón, de los que quería dar una muestra. Aparte de los que ya había tocado, escuchamos “Yuki No Hana” (雪の華 de Mika Nakashima) y “Kaeritakunattayo” (帰りたくなったよ de Ikimono-gakari).
El concierto tuvo varios finales. Aunque cerraron con “Time to Say Goodbye” y “Dragon Mistress”, despidiéndose la banda saliendo del escenario, volverían a ponerse delante de los focos para tocar un par de temas más. Antes de que terminase el concierto ya había presentado al grupo de músicos que le acompañaba: Mitsuru Fujisawa a la batería (que “pensaba que venía de otro planeta”), Ryota Yoshinari (que calificó de “Yokohama Superstar”) al bajo y Takayoshi “the sex machine from Osaka” Ohmura.
Las dos horas de concierto terminaron con “Thunder March” y “Bad D.N.A.”, homónimo del último disco que me sorprendió no encontrar para comprar en el puesto con las mercaderías. No sé qué impresión se llevaría de España el señor Friedman y cía. pero espero que tengan ganas de volver en un futuro no muy lejano.
Megadeth y Slayer, 28 de marzo de 2011
07:07
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04
Abr 11
Primer concierto en más de tres meses y el plan para la tarde prometía. Organizándome para llegar con algo de tiempo me planté en la fila a esperar la apertura de puertas. No había demasiada gente y en esta ocasión parece que el personal de La Riviera se organizó algo mejor que de costumbre porque poco después de la hora de la apertura de puertas ya había entrado en el local. Como siempre, buscamos un sitio cómodo donde no molestásemos mucho y esperamos tranquilamente al comienzo del concierto.
Lo que más me llamó la atención es que en esos primeros momentos en la sala se respiraba bastante bien. De hecho, si había alguien fumando yo no lo pude ver ni oler. Al menos hasta que se apagaron las luces de la sala.

Angelus Apatrida, a quienes había visto hace año y pico, fueron recibidos entre aplausos por una sala a medio llenar todavía. Teniendo un tiempo limitado para tocar los de Albacete no se andaron con rodeos y comenzaron su descarga de thrash. Por desgracia, no tuvieron mucha ayuda técnica.
Para empezar el sonido era horrible. La zona destinada a la mesa de mezclas, delante de la que estábamos, se había dividido en tres áreas y nosotros nos habíamos colocado a un lado mientras que la mesa en uso para el concierto de Angelus Apatrida estaba en el otro. Desde esa posición casi lo único que se oía era el bajo y ni siquiera de buena manera. El sonido retumbaba saturado y sin definición, ahogando la voz y las guitarras mientras que la batería se salvaba de la quema compitiendo en volumen. No sé cómo sería en otros puntos pero yo apenas pude apreciar nada.
Encima, el grupo actuó prácticamente a oscuras, con una iluminación tenue que sólo sirvió para que la gente empezase a fumar, amparados por la penumbra. Normalmente no soy muy exigente con la iluminación en un concierto pero sí tengo la (sin duda, tonta) manía de querer ver a los que están actuando. Me gusta ver qué equipo usan, como tocan o cantan y, por lo general, lo que pasa en el escenario. El sábado por la noche estuve en un local viendo a unos amigos y me gustó ver lo bien que se lo pasaban sobre el escenario. No sé, será que soy rarito.
Lo peor de todo es que tengo más cosas que contar de lo que fue mal en su concierto que de lo que me gustó. Los chavales volvieron a hacer todo lo posible sobre las tablas y, con unos pocos años de conciertos a sus espaldas, se les nota cómodos. Además, habían estado en las pruebas de sonido de dos grupos increíbles y no ocultaron su entusiasmo por su posición de teloneros en el tramo español de la gira. Del repertorio reconocí algunos temas, como “Blast Off”, “Negotiating The Clowns” y “Give ‘em War”, que pude seguir más en mi cabeza que por el sonido de la sala. El hueco que tenían para tocar dio para hacer algún guiño al público que había en ese momento en la sala, que pareció disfrutar bastante tanto con la música como con los gestos del grupo. El cantante animó e incitó a la gente mientras se sucedían temas como “Free Your Soul”, “Gone Away” y “Legally Brainwashed”, algunos de los cuales tuvo tiempo a presentar brevemente.
Desde el comienzo del concierto con “Of Men and Tyrants” hasta el final de “Thrash Attack” transcurrieron unos treinta minutos que me dejaron una sensación agridulce. Espero volver a ver a este grupo en mejores condiciones para que se puedan lucir como seguro que saben hacer.

La espera para Megadeth no se hizo muy larga. Yo diría que tardaron lo previsto, no se vio que los técnicos tuviesen muchos problemas colocando todo en su sitio. Además, entretanto nos dedicamos a ojear lo poco que se veía del setlist colgado junto a la mesa de mezclas que estaba a nuestras espaldas. Tampoco vimos demasiado pero sí lo suficiente para saber que el concierto empezaría con “Trust”.
Así sucedería minutos más tarde, con Shawn Drover siendo el primero en salir, situándose tras su batería para comenzar con el inicio de la canción. Al rato, David Ellefson aparecía por la izquierda del escenario tocando su parte al bajo, seguido de Christ Broderick por la derecha con los acompañamientos a la guitarra. A cada entrada un foco iluminaba a cada músico y así se mantedría a lo largo de todo el concierto. Con sólo los primeros compases de la canción el público ya aplaudía y cantaba hasta que, por fin, salió Dave Mustaine al escenario. Entonces sí que aplaudió el público.
Con todo, el comienzo fue algo atípico o, al menos, a mí me lo pareció. Teniendo en cuenta los teloneros y quienes les seguirían en el cartel de la noche, comenzar así el concierto y seguirlo con “In My Darkest Hour” parecía quedar algo fuera de contexto. De todas formas, la actuación fue irreprochable, desde la presentación hasta el sonido.
La batería tenía un volumen muy adecuado y era bien acompañada por el bajo a un nivel suficientemente alto como para oírse pero sin saturar ni distorsionarse. Tanto la voz como las guitarras sonaron bien y sólo las habría corregido al alza ligeramente, especialmente en algún sólo. La diferencia con el grupo anterior era como entre la noche y el día. Se nota que en las pruebas de sonido los técnicos hicieron bien su trabajo porque incluso con los distintos cambios de guitarras nunca hubo ningún momento que algo contrastase demasiado.
Y hablando de guitarras, Mustaine sacó a pasear unas cuantas, destacando algunos de los modelos Flying V que le fabrica Dean. Empezó el concierto con una USA Dave Mustaine Double Neck pero más tarde pasaría al menos por la Dave Mustaine VMNT Rust In Peace y la Dave Mustaine VMNT Angel Of Deth, sin verse perjudicado el sonido en ningún momento.
Aunque en España no hubo estuve en la gira de aniversario del Rust In Peace, en los conciertos siempre hay varios temas de este disco y el primero de la noche fue “Hangar 18″. Sigue siendo una de las canciones que más me gustan de este grupo y en su encarnación actual sonó realmente bien. Al único que no vi del todo cómodo a lo largo del concierto fue a Chris Broderick, aunque puede que fuese cosa mía. “Wake Up Dead” precedió a otro tema del Rust In Peace, “Poison Was The Cure”, en el cual Ellefson tomó el centro del escenario para comenzarlo y animar al público a acompañar el comienzo con las palmas.
Después sería Mustaine el que saldría en solitario para esbozar el estribillo de “Head Crusher” antes de atacar este tema de Endgame, su último disco hasta la fecha. Una de las inclusiones del repertorio que no me convenció fue “She-Wolf”, dedicada a las (pocas, siempre son demasiadas pocas) chicas en la sala pero que nunca ha estado entre mis favoritas del grupo. Chris Broderick también tuvo un momento al inicio de “A Tout Le Monde”, canción que siempre es coreada con ganas por el público, aunque por lo general tuvo un papel bastante discreto. Algunas armonías le permitieron compartir algo más de protagonismo con Mustaine pero en su mayor parte se mantuvo en los laterales de la parte anterior del escenario.
“1,320′” es otra canción que tampoco me llama la atención en particular pero la ejecución fue buena y resultó entretenida. Enfilando el final del concierto, “Sweating Bullets” sonó algo acelerada pero fue igual de bien recibida que “Symphony Of Destruction”. Antes de la salida en falso se escuchó “Peace Sells”, durante la que un trajeado Vic Rattlehead se dio un pequeño paseo por el escenario.
Como era de esperar, el concierto terminó con “Holy Wars… The Punishment Due”, que tuvo una pequeña introducción a cargo de Mustaine en uno de los pocos momentos que habló con el público, refiriéndose a la situación actual de conflictos en distintos puntos del mundo. El gran tema sonó muy bien, parecía como que querían terminar con su repertorio dejando un buen sabor de boca y yo creo que lo consiguieron.
Después de haber visto a este grupo varias veces puedo decir que nunca decepcionan y que en su estado de forma actual seguirán dando grandes conciertos. Sólo puedo encontrar dos reproches a su actuación y los dos son observaciones personales. El primero es que una hora de Megadeth siempre va a dejar con ganas de más. El otro es que el repertorio me pareció normal para un concierto de Megadeth pero mejorable dado el contexto. No digo que sea ni bueno ni malo, Megadeth tiene suficiente entidad propia como para que sus conciertos tengan la variedad o tonalidad que consideren oportuna, pero dado el carácter del cartel de la noche quizás podría haber estado enfocado más hacia los temas más “thrash” de su catálogo.
Mientras sonaba AC/DC en el hilo musical veíamos como montaban dos muros de Marshall a los laterales de la plataforma donde se situaba a batería. Al cabo de un rato volvían a apagarse las luces y empezaba el siguiente concierto.

En contraste con el concierto anterior, que empezó con los focos sobre los músicos, en esta ocasión el escenario permaneció en penumbra mientras sonaba el comienzo de “World Painted Blood”. Y entonces sonaron los instrumentos de los músicos.
Aquello fue impresionante. No sé lo que harían los técnicos pero, con tapones, el sonido era casi perfecto. La batería de Dave Lombardo sonaba potente pero bien definida y sin saturación, mientras que las guitarras de Kerry King y Gary Holt (en sustitución de Jeff Hanneman) se distinguían claramente y acompañaban a la voz de Tom Araya. Hasta la presencia del bajo se podía notar en la mezcla, eso sí, algo más discreta que el resto de los instrumentos.
El nivel se mantuvo a lo largo de todo el concierto, lo que permitió apreciar hasta que punto Holt se había aprendido los sólos y cuánto era de su propia cosecha, especialmente en temas nuevos como “Hate Worldwide”. Lo que no estuvo tan a la altura fue, de nuevo, la iluminación. Estoy seguro que no es tan raro que Slayer toque más a oscuras que otros grupos pero no me acabó de convencer que hubiese que esperar casi hasta la presentación de “War Ensemble” para verle bien la cara a Araya.
Eso sí, el grupo no tuvo ninguna piedad, arrasando como una apisonadora con tema tras tema, sin bajar la intensidad ni el ritmo. El repertorio estuvo compuesto, en su mayor parte, de temas ya clásicos como “Postmortem” y “Tempation”, la mayoría sin necesidad de ser presentados. Claro que, por supuesto, al llegar el turno de “Dead Skin Mask” Tom presentó la “historia de un nombre llamado Ed” para conseguir que el público gritase el nombre del tema.
Lo cierto es que el concierto de Slayer dejó poco margen para el comentario. Más allá de observar a un necesariamente estático Araya y a un muy activo Holt, el resto del concierto no contuvo sorpresas que apreciar y fue ejecutado de acuerdo a lo que seguramente fuese un programa muy bien estudiado. Lo que sí puedo decir es que un concierto de Slayer está hecho para ser disfrutado en una sala. La vez que les vi en el Sonisphere no me gustaron tanto como en esta ocasión.
Los temas elegidos para el concierto también me parecieron muy acertados. “Silent Scream” y “The Antichrist” se pudieron comparar con la más reciente “Americon” o piezas de su catálogo no tan antiguo, como “Payback”. “Seasons in the Abyss” es una de las canciones que tampoco estoy escuchando todo el rato pero tengo que reconocer que supuso un buen cambio de ritmo entre la anterior y “Snuff”. En esta pudimos ver a King y Holt haciendo alguna armonía que sonó especialmente bien. El sonido de los solos a lo largo de todo el concierto resultaron otro de los puntos a ensalzar, con unas pequeñas subidas en el volumen que hicieron que cada nota sonase claramente.
El ritmo no decayó ni un instante. Más allá de las paradas de pocos segundos necesarias, los temas se fueron sucediendo uno tras otro mientras el público saltaba, botaba, aplaudía y coreaba, como cuando llegó el turno de “South of Heaven”. A pesar de lo demoledor de la actuación, el concierto tenía una hora límite y “Raining Blood” señaló el principio del fin. Un nuevo vistazo a los comienzos del grupo con “Black Magic” dio paso al tema que no podía faltar: “Angel of Death”.
Podrían haberla tocado al principio de su recital y la gente no habría reaccionado más fuerte que lo que lo hicieron. Todo el mundo sabía que era el final del concierto y la gente se dejó lo que les quedaba de energías disfrutando de este clásico. Los últimos segundos, tras el alargado trozo de doble bombo de Lombardo, fueron frenéticos.
Y se terminó la noche. Unos instantes más tarde estabamos fuera del recinto, saludando rápidamente a unos amigos y emprendiendo el camino a casa, con la intención de repetir siempre que se pueda (y que el precio no sea tan alto).
El renacer de Blood&Mery
07:07
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31
Mar 11
Además de la invitación de la encantadora Mery estos últimos días me han llegado un par de mensajes con la noticia de un regreso inesperado y bienvenido:
Sí, habéis adivinado, lo que se rumoreaba en los mentideros de Telecinco y del Pentágono es cierto, los Blood&Mery hemos resurgido de nuestras cenizas como el ave Fénix, digo… como el pájaro Kakapo (http://www.youtube.com/watch?v=6sM9WExTOto). Y volvemos decididos del todo a hacer lo que nadie se atrevía a hacer desde nuestra afortunada desaparición: destrozar clásicos de Hendrix, The Doors, Lenny Kravitz y toda esa manada de leyendas sagradas del rock como nunca nadie antes se atrevió. Unos lo llaman intrepidez, otros kakapoidez… (vea el vídeo el lector interesado). […]
Blood&Mery + Darwin
Sábado 2 de Abril 22:30
Sala La Siesta (Gral Martínez Campos 19, Metro Iglesia)
Entrada: 7€ con consumición.Hemos hecho un cartel mu guapo y todo, así que os lo pego aquí con saliva digital del gmail para que lo disfrutéis con salud y setas…
Thrash que te thrash
00:55
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29
Mar 11

Listo para la matanza
07:07
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28
Mar 11
Espero que el descanso que he tenido este fin de semana me sirva para aguantar hasta el próximo, porque el hoy se perfila como un día intenso y extenso:

Hasta donde yo sé Jeff Hanneman todavía no se ha recuperado así que probablemente veremos a Gary Holt en el escenario con Slayer. Por desgracia, a quien yo no veré seguro es a Chris Broderick y David Ellefson en el encuentro a mediodía en Madrid Musical. Si alguien va que cuente a ver qué tal.
Paul Gilbert, 16 de diciembre de 2010
07:07
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20
Dic 10

Después de dos años volvíamos a la sala Live! para ver otro concierto de Paul Gilbert en solitario. Nos presentamos a la entrada de la sala poco después de la apertura de puertas y nos encontramos con algo de cola. Al entrar vimos que la mayor retención era para comprar entradas así que, teniendo las nuestras ya adquiridas, pudimos pasar sin mucha retraso. Una vez dentro nos colocamos frente a la mesa de mezclas, aunque tuve que renunciar a ponerme en un sitio perfecto si no quería tapar una cámara que habían colocado. Con todo, pude ponerme delante de una columna y estuve bastante tranquilo.
Sobre las 22:00 salieron al escenario los protagonistas únicos del cartel, con Paul Gilbert subiendo en último lugar. Esta vez no venía acompañado de su mujer Emi, quien normalmente se encarga de los teclados, ocupando su lugar el guitarrista Tony Spinner. Al bajo repetía Craig Martini y en la batería seguía estando Jeff Bowders. Sin mediar palabra pero sonriendo al público el guitarrista empezó el recital haciendo lo que mejor sabe hacer, tocando la guitarra.
No sé si les llevaría mucho tiempo hacer la prueba de sonido pero el resultado no pudo ser mejor. Desde mi posición se oía todo muy bien y a lo largo de todo el concierto no hubo ningún momento que notase el sonido descompensado. La batería estaba a un nivel perfecto, cada golpe se oía nítidamente y el sonido ningún componente pisada al del resto. El bajo tenía un volumen adecuado y un bueno tono, sin estridencias pero sin ahogarse en los registros más bajos. La guitarra de Tony estaba a un volumen necesariamente discreto pero se podía distinguir sin problemas en los momentos adecuados y la de Paul se oía con claridad sin resultar chocante. Los que trabajaron en el sonido esa noche no podrían haberlo hecho mejor.
Por otro lado, la iluminación no fue mala pero tampoco digna de destacarse. La mejor cualidad que podría reseñar es que en ningún momento resultó molesta, manteniendo un tono neutro que no distraía de lo que pasaba en el escenario. Con todo, quedó claro que las luces no era algo en lo que hubiesen pensado mucho a la hora de llevar el concierto y acompañar al repertorio.
Desde la última ocasión que pudimos ver al guitarrista ha sacado dos disco con su nombre: uno excelente en colaboración con Freddie Nelson llamado “United States” y otro igualmente bueno bajo su nombre, “Fuzz Universe”. De este último tocó varios temas, empezando por “Fuzz Universe” y seguido por “Olympic”. Antes de este segundo tema Gilbert dedicó unas pocas palabras al público que, en líneas generales, estuvo algo espeso. A pesar de esto los conciertos de Paul Gilbert siempre resultan entretenidos. Como digo siempre que hablo de Gilbert en concierto, se nota que le gusta tocar, que se divierte en el escenario y eso es contagioso.
Para mi deleite el repertorio incluyó un par de temas del “United States”, siendo el primero “The Last Rock And Roll Star”. En él pudimos ver que Tony no sólo cumplía bien las tareas de acompañamiento, sino que manejaba a la perfección su cometido como cantante. A lo largo del concierto hubo más de un tema cantado, incluyendo varias versiones como “Rock Me Baby” de B.B. King. Tony y Paul se fueron turnando para cantar y a lo largo del concierto improvisaron alguna que otra batalla de guitarras con su buena medida de blues. Incluso llegaron a combinarlo todo, teniendo batalla de licks en los que al mismo tiempo cantaban la melodía y, en otro momento, llegaron a estar espalda con espalda intercambiando frases de guitarra.
También hubo hueco para incluir algún tema de Racer X, empezando por “Scarified”. Como siempre, resulta impresionante ver una composición así ejecutada a la perfección. Aunque Craig Martini tenía un lugar discreto en este tema se volvió a ver por qué Gilbert se lo lleva de gira. De discos en solitario anteriores al que justificaba la gira cayeron pocos temas pero al menos pudimos escuchar “Norwegian Cowbell”, aunque debo reconocer que en este caso concreto eché en falta la aportación de Emi.
“Will My Screen Door Stop Neptune” fue seguida sin interrupción por “Green-Tinted Sixties Mind”. Tony cantó muy bien las líneas que Eric Martin habría cantado si hubiese sido un concierto de Mr. Big y al escuchar la canción eché algo de menos el pequeño guiño que otras veces ha hecho de tocar algunos compases de “To Be With You”. En el fondo sólo espero que eso signifique que tras la salida al mercado del próximo disco del grupo vuelvan a salir de gira y Paul sienta que ya tendrá tiempo para tocar ese y otros temas.
El concierto fue bastante intenso y sobre el escenario debieron pasar bastante calor, lo que obligó a Gilbert a parar un instante para tomar agua. Se lo tomó con calma y se permitió bromear diciendo que “tocaba la guitarra rápido pero elegía beber agua lento”, poniendo voz de anuncio y diciendo la marca de la botella que estaba disfrutando. El evento tuvo pocas paradas y temas como “Technical Difficulties” y “Paul vs. Godzilla” se sucedían con breves introducciones para que los músicos tomasen algo de aliento.
Una de las sorpresas de la noche fue la canción que Paul presentó como una composición de un guitarrista de los setenta y que, por lo tanto, no podía ser suya. Apuntó también que era de un gran guitarrista, mejor que él, antes de empezar con “Roundabout” de Yes. La canción fue bien recibida y se acompañó de un vídeo reproducido en una matriz de puntos de luz (no tengo ni idea de cómo se llama) que decoraba la parte trasera del escenario. Si bien las luces, como decía, no fueron especialmente atractivas, ese complemento visual realzó el tema.
El momento de protagonismo de Jeff llegó con “Batter Up”, aunque a lo largo de todo el concierto destacó por su solidez a la batería (no recuerdo ningún fallo en toda la noche) y Paul llegó a intercambiar con él algunas frases con sus respectivos instrumentos. En este caso también es fácil ver por qué año tras año acompaña a Gilbert en sus giras.
La siguiente versión del anoche fue una interpretación muy particular de “Light My Fire” de The Doors. Paul la presentó como una canción que le gustaba mucho, tanto por las melodías como por que se pueden hacer solos interminables sobre ella, y se dedicaron un buen rato a demostrarlo. Después explicó que normalmente en ese punto harían la salida en falso para volver a salir al cabo de un rato pero que prefería seguir tocando.
Así pues, el concierto continuó con “Propeller”, la última canción del “Fuzz Universe” de la noche, y siguió con una divertida versión de “I Want To Be Loved” the Muddy Waters. Lo cierto es que todas las versiones resultaron muy entretenidas, con ese punto que caracteriza la forma de tocar de Gilbert. “Little Wing” de Hendrix fue la penúltima versión que incluyeron en el repertorio y precedió a una interpretación de “Down To Mexico” en la que el público fue el único acompañante a la voz y la guitarra de Paul.
“I’m Not Addicted” fue la otra canción del “United States” que tocaron y me pareció una muy buena elección para el directo. Por desgracia, el concierto tenía que terminar y el grupo se despidió con una versión de “Go Down” de AC/DC tras la que saludaron al público, repartieron algunas púas y baquetas y se retiraron. A salida compré algo y me hice propósito de volver a verlo actuar las veces que pueda.
Annihilator, 6 de noviembre de 2010
07:07
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10
Nov 10

Normalmente en TicketMaster suele poner los horarios de los distintos grupos para las entradas que venden. Al no saber quiénes actuaban de teloneros, el sábado por la tarde se me ocurrió mirar a ver si conocía a alguno y, para mí sorpresa, me topé con que el concierto había cambiado de sala y de horario. Tanto la web del recinto que figuraba en mi entrada (sala Live!) como la nueva sala (sala Heineken) tenían el concierto en sus calendarios, así que intenté llamar para confirmar el cambio pero no puede contactar con nadie.
Salí de casa para plantarme en la sala Heineken a la hora que indicaban de apertura de puertas y vi que, efectivamente, ahí iba a tener lugar el concierto. En el exterior no había apenas gente y me gustó que en el control de la entrada usasen lectores de códigos de barras en lugar de romper el ticket. Habiendo llegado con tiempo me planteé ponerme a pie de escenario pero preferí sentarme delante de la mesa de mezclas, como suelo hacer, y esperar tranquilamente. Al principio la sala no estaba muy llena y, por desgracia, el primer grupo lo disfrutó más bien poca gente.

De los noruegos Svölk no conocía nada, salvo el vídeo [05m47s] que me dio tiempo a ver antes de salir para el concierto y tenía curiosidad por verlos. Definiéndose a sí mismos como “the founding fathers of true Norwegian Bear Metal” en mi cabeza los catalogaría como stoner rock, lo que suponía un agradable contrapunto a la tónica más dura del resto de la jornada.
A mí me gustaron bastante y la media hora que actuaron me resultó muy entretenida. La sala Heineken no destaca por su acústica pero desde mi posición el sonido era bueno, aunque las guitarras estaban un pelín descompensadas y los solos apenas pude oírlos. Las voces corrían a cargo del bajista y uno de los guitarristas y se fueron rotando por los tres micrófonos que había sobre el escenario sin que el sonido perdiese calidad. Los graves estaban bien medidos, no dejando que el bajo se perdiese en la mezcla ni la saturase y haciendo que los bombos de la batería no arrollasen al resto del sonido.
La actitud de los músicos sobre el escenario fue inmejorable, teniendo en cuenta la papeleta de iniciar los festejos con un público que quizás no tenía mucho interés por su estilo de música. A pesar de esto los chavales estuvieron entregados (llegando a bajarse alguno de ellos del escenario), buscando la participación del público y agradeciendo cuando la gente participaba en las canciones. De su repertorio se me escaparon algunos temas pero recuerdo que empezaron el concierto con “Sweet Agony” seguido de “Miss Alcohol” y podría señalar “52″ y una mezcla de “Overload” y “Anchor” dentro del conjunto de canciones que tocaron. Su actuación terminó con “End Of Days” y por mi parte se llevaron un merecido aplauso.

Tras un cambio rápido de equipo y una breve prueba de sonido empezó el concierto de Sworn Amongst un poco por sorpresa. De nuevo, salvo por un vídeo suelto que había visto en Internet, no tenía ninguna referencia del grupo más allá de su estilo musical. A grandes rasgos, estos ingleses tocan un thrash duro, con voces agresivas y ritmos acelerados en temas no especialmente cortos y adornados de solos bastante rápidos.
Todo su concierto estuvo bastante acelerado. Empezaron con “Exploited” y, casi sin pausa, empezaron a atacar los siguientes temas. Sí es cierto que el cantante se paró en dos o tres ocasiones para dirigirse al público y decir lo contentos que estaban de volver a España después de la gira que hicieron hace un par de años con Gama Bomb y Bonded By Blood. La actitud fue correcta y el grupo estuvo bastante activo sobre el escenario.
En esta ocasión el sonido no me pareció tan bueno. Yo notaba una subida del volumen en casi todos los instrumentos, que empujó el nivel de la mezcla un poco por encima de lo que mi oído tolera. Con los tapones no tenía molestias pero notaba el sonido algo saturado, lo que hizo que perdiese un poco la definición en los distintos temas. Podía apreciar el bajo únicamente en las partes más agudas y las guitarras se confundían en algunos momentos, pudiendo distinguir únicamente los ritmos y no las melodías. La voz se podía oír moderadamente bien pero únicamente los gritos que cortaban a través del resto de instrumentos se escuchaban con claridad.
Con todo, temas como “Darkness” o “The Rules Of Engagement” se pudieron distinguir bastante bien. Quizás el mayor perjudicado fue el guitarrista con los solos. A pesar de demostrar una más que evidente buena técnica (con una tendencia a abusar un poco del pedal de wah), su guitarra a veces no se diferenciaba bien en los momentos que tenía que destacar por encima del resto de instrumentos.
En algo más de treinta minutos alcanzaron su último tema, “Severance”, y se despidieron no sin antes invitar a la gente a echarle un ojo a sus mercaderías y quizás tomarse algo con ellos. Nada más salir de escena se empezó a despejar el escenario.

Un mural con el nombre del grupo tras las pilas de monitores y la plataforma de la batería adornaba el fondo del recinto cuando Annihilator empezó su esperado concierto, poco antes de las nueve y media. Con la sala ya llena, el repertorio lo abrió “Ambush” y el público se entregó a Jeff Waters en cuanto éste pisó el escenario. Este canadiense sabe hacerse querer y desde un primer momento sacó su mejor cara y todo su talento para intentar llevarse de calle a los asistentes.
Parte de su encanto radica en que parece que se lo está pasando bien al tocar. A pesar de las dificultades que tuvo con las guitarras su gesto no se torció en ningún momento, dedicando más de una expresión graciosa a los asistentes mientras arrasaba con su virtuosismo y precisión. Se movió de un lado al otro del escenario, siempre intentando provocar la mejor reacción posible del público, bajándose incluso en un momento para tocar con la gente casi literalmente encima.
Y el hecho de tener buenos temas también ayuda a tener un público entregado. Del disco Metal tocaron “Clown Parade” para seguirla de “Plasma Zombies”. Para este tema Waters se armó de una guitarra tipo Flying V con LEDs a lo largo del mástil y parte del cuerpo que utilizaría en otros temas también, cambiando entre los colores azul y rojo de las luces. El primer clásico de la cita fue “King Of The Kill”, coreado por casi todo el mundo, que continuaron con “Betrayed”, del último disco.
El concierto bajó algo de ritmo con “The Box” y “Hell Is A War” pero se recuperó rápidamente con “Ultra-Motion”. A estas alturas quedaba patente por qué Jeff Waters había escogido a los músicos que le acompañaban para ir de gira. Tanto el batería como el bajo se mostraron muy sólidos en sus interpretaciones de los distintos temas y no puedo señalar ningún momento en que sus actuaciones chocasen o chirriasen. Sólo hubo una ocasión en la que al baterista tuvo un desliz mínimo pero nada que empañase un trabajo bien hecho.
Caso aparte es Dave Padden quien, después de varios años a las ordenes de Jeff, no tiene que demostrar nada. Su labor a la guitarra al igual que con la voz está a la altura del jefe de grupo, y eso es mucho decir.
Jeff Waters también cantó en más de un tema. De hecho no parecía que hubiese nada que le incomodase o no le gustase sobre el escenario, salvo la iluminación. Llegó a pedir que, al menos durante un tema, se mantuviese la iluminación de la sala para poder ver al público y llegó a parar el inicio de una canción para darle la instrucción explícita al técnico de que no tocase las luces y se fuese tranquilamente a tomar una cerveza.
El concierto adquirió un paso considerable al llegar a clásicos como “Set The World On Fire” y “Welcome To Your Death”. A esta altura el sonido estaba todo lo afinado que era posible. Había empezado bien y a lo largo de la actuación noté algunos ajustes mínimos. La mezcla era buena, sin perder los sonidos individuales de cada instrumento. El bajo se podía escuchar algo menos en algunas partes pero el nivel era aceptable, la batería no prevalecía sobre las otras piezas y las guitarras se oyeron con claridad en todo momento mientras que los micrófonos también tuvieron un buen volumen tanto para las voces principales como para los coros.
Tras ver en directo “The Trend” y la facilidad con la que Waters ataca las partes más complicadas del comienzo del tema, y disfrutar de “The Fun Palace”, el grupo salió del escenario. Por supuesto, el concierto no estaba terminado pero sí que iba a tener otro cambio de marcha. Sobre las tablas y bajo los focos se colocarían tres sillas. En ellas se sentarían Jeff Waters con una guitarra, Dave Padden únicamente con un micrófono y Alberto Campuzano con su bajo. Dave se mostró molesto con un asistente (al que se dirigió y señaló) que debió insultar de alguna manera al cantante y le dedicó los siguientes temas. Las versiones pseudo-acústicas y mezcladas de “Phoenix Rising” y “Sounds Good To Me” sonaron de maravilla, con acompañamiento del público, y se merecieron los aplausos que se llevaron. Me cuesta imaginar que alguien viese algún fallo en la actuación de Padden.
Para encauzar el final del concierto optaron por “21″ y “Phantasmagoria”, “un tema escrito en el 84″, según el propio Waters, quien mencionó agradecido los veintiún años que llevaba viniendo de gira por Europa. El colofón lo pusieron con los primeros temas de su primer disco, “Crystal Ann” y “Alison Hell”. Por desgracia, la hora y media de la que disponían antes de tener que abandonar la sala y cederla como espacio de discoteca había concluido. Si vuelven por estos lares habrá que repetir, porque yo me quedo con ganas de más.
Blind Guardian, 5 de noviembre de 2010
07:07
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08
Nov 10

Aparte de mi más que aparente deterioro físico y mental, se nota que soy viejo por la pereza que me da ir a los conciertos incluso cuando sé que los voy a disfrutar. Cuando supe que Blind Guardian volvía por Madrid no dudé en comprar las entradas (o, más bien, en darle el dinero a mi hermano para que las comprase). Sin embargo, el viernes por la tarde no me apetecía nada salir de casa. En esta ocasión mi lado perezoso hizo que saliésemos para llegar sobre las 19:00, que era la hora de apertura de puertas.
Casualidades de la vida, esa decisión hizo que nos topásemos con los siempre encantadores Rafa y Raquel, que estaban acompañados de más personas e hicieron que la espera fuese mucho más agradable, poniéndonos al día de cómo nos iban las cosas. Más adelante nos topamos con los hermanos Martín y más gente así que a pesar de las bajas de algunos habituales hubo unos cuantos reencuentros. Siempre resulta grato hablar con buena gente y el viernes fue especialmente bien recibido.
La tarde trajo un par de sorpresas no muy agradables. La primera fue el retraso a la hora de entrar. No sé si retrasaron la apertura de puertas o tuvieron algún problema en particular en la entrada pero no vimos ningún movimiento en la larguísima cola hasta las 19:30. En vista de experiencias pasadas me temía no llegar a ver el concierto de los teloneros y la idea no me hacía gracia. Ya me había llevado una decepción cuando me enteré que Steelwing no acompañaban a Blind Guardian en este trozo de la gira pero quería ver a los artistas invitados igualmente.
Por desgracia, a la entrada del recinto se informaba que no había teloneros, con lo que a la espera fuera de la sala hubo que añadir una hora de tiempo muerto dentro. Con este panorama nos colocamos en un sitio donde no incordiásemos demasiado y estuvimos charlando un rato hasta que empezó el concierto, especulando si el repertorio ofrecería algún añadido como “compensación” por no traer teloneros.
La introducción de “Sacred Worlds” comenzó a sonar sobre las 20:45 y el grupo salió al poco rato, mientras el programa de luces ambientaba la sala al ritmo de las partes pregrabadas. Nos habíamos puesto más o menos en el mismo sitio donde vimos el concierto de Mr. Big y en cuanto empezaron a tocar pudimos comprobar que, de nuevo, el sonido era bastante bueno (con tapones, por supuesto). Todo la mezcla estaba bastante equilibrada, con las guitarras oyéndose bien sobre la base de la batería. Bajo y teclados estaban bien medidos y no destacaban en exceso, complementando a los otros instrumentos. Quizás el volumen del micrófono de Hansi estaba algo bajo pero se le entendía bien y no supuso un perjuicio grave para el sonido del conjunto.
Habiendo abierto con nueve minutos de tema del último disco, el grupo se dedicó a presentar varios temas clásicos, con introducciones no muy largas pero sí bien acogidas. Empezaron con “Welcome To Dying” y, para no bajar el ritmo, lo siguieron con “Born In a Mourning Hall”. Hansi explicó algo del contexto mítico de la historia que narra la canción de “Nightfall” y, por lo general, procuró mantener algo de conversación con el público. De hecho, el alemán decidió dedicar “Fly” al pulpo Paul, lo cual provocó algunas risa y aplausos, antes de explicar que trataba sobre Peter Pan. Estas dos últimas canciones estuvieron acompañadas de vídeos en tres pantallas grandes que forraban la parte trasera del escenario, algo que continuaría a lo largo de la tarde y aportó un punto más de interés a todo el espectáculo.
El repertorio estuvo dentro de lo previsible, teniendo en cuenta que es la gira de presentación de su último disco. Eso sí, el público tenía claro que quería escuchar “Majesty” y antes de que tocasen “Time Stans Still (At The Iron Hill)” ya lo coreaba gran parte de la sala. El grupo lo tomó con humor y Hansi explicó que, a pesar del interés, sus corazones estaban hechos de piedra y no habría “Majesty” esa noche. La historia fue cambiando un poco cuando el público seguía pidiéndolo después de la contundente “Traveler In Time” (uno de los temas que más me gustó de la tarde), ya que Hansi explicaría que la decisión de no tocar el tema solicitado era de Markus y que su posición era inamovible.
“This Will Never End” precedió a “A Past And Future Secret”, presentada por Hansi como una historia sobre el rey Arturo (algo que parte del público no debió reconocer por la falta de respuesta) y tocada, como es costumbre, con guitarras acústicas. Antes de este tema el público seguía pidiendo “Majesty” y Hansi bromeó con que la iban a tocar pero en versión acústica, aclarando rápidamente que eso era algo que realmente nadie quería escuchar.
Tras la versión acústica cambiaron de guitarras y el cantante anunció que Markus había cambiado de opinión (lo que provocó que el publico corease su nombre) pero que ahora era Andre el que se negaba a tocar la canción solicitada. El público empezó a corear el nombre de Andre quien teatralmente cedió ante la presión y por fin se escuchó “Majesty”.
Tengo que destacar que la voz de Hansi sonó muy bien, tanto en los temas antiguos como en los nuevos, mejor que la última vez que les vi. En las partes instrumentales más largas se retiraba para beber algo de agua pero no parecía que tuviese muchos problemas con las partes más complicadas de su repertorio.
“Tanelorn (Into The Void)” vino seguida de “Imaginations From The Other Side”, que presentaron como la última de la noche. Por supuesto, no sería así y al cabo de un rato el grupo volvió a salir a escena bajo la música y el vídeo del comienzo de “Wheel Of Time”, que sería la última del nuevo disco de la noche. De nuevo sacaron sillas y guitarras acústicas al escenario y Hansi habló de bosques lejanos para dar paso a “The Bard’s Song – In The Forest”. Como suele ser habitual, el público acompañó toda la canción y todo el grupo pareció estar contento con el resultado.
En los conciertos de Blind Guardian siempre se observa un alto grado de participación del público a la hora de cantar, como se volvería a demostrar con “Valhalla” y su estribillo repetido una y otra vez al final de la canción. Hansi se mostró bastante contento con el nivel del público y llegó a hablar de incluir algún tema en un disco de directos, aprovechando que estaban grabando la actuación.
El concierto terminó con paisajes de la Tierra Media, pintados por “Lord of the Rings” y, como no podía ser de otra manera, “Mirror Mirror”. Dos horas de reloj tras el comienzo del concierto el grupo dejaba a un lado las instrumentos y se despedía hasta la próxima ocasión, que espero no perderme.
Concierto de Emilitros
07:07
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24
Jun 10
Mañana da un concierto especial una persona incluso más especial. He tenido la suerte de compartir con él charlas e incluso escenario y doy fe que es una de las personas más jodida y encantadoramente auténticas que conozco. Se trata ni más ni menos que del único, incomparable e inimitable Emilitros:

Como ya hizo Fer, mejor os pongo sus propias palabras:
Buenas gente, como va eso!
Por akí os escribo para contaros las próximas historias de las inquietudes musicales del Emilitros, personalizadas en mi próximo concierto. Resumiendo que’s gerundio y este correo se me antoja larguillo, el viernes 25 de junio daré mi primer concierto idem (largo)… y duro! pues que mejor oportunidad para grabarlo en vídeo para el DVD que acompañe mi próximo CD en estudio, que aún no tiene nombre pero sí que tiene unas cuantas canciones que están como locas por buir (no definiré buir ya que la palabra habla por sí sóla). Además en este concierto tengo previsto el tirarme a la piscina musical-emocionalmente… otra vez! lo que sí, que en esta ocasión me estoy haciendo acopio de unas cuantas artimañas mimetizadas en la manga.
Además del adjunto cartel de rigor, me he currado (con la ayuda de María, la de la Coplilla) un vídeo-anuncio en el que se explica todo lo dicho y más y que sólo os llevará un santiamén verlo… y incluye un adelanto! http://www.youtube.com/watch?v=m7BTOMqpyQg
Ya has visto el vídeo? para los que sí, el punto de ruptura que comento es el instante a partir del cual uno pasa de estar del plano físico al de las emociones, cuando hace algo que le flipa. Unos lo consiguen tocando, otros escuchando, bailando, viendo el fútbol… cada uno tiene su propio impulso musical y su propia manera de volar.
Y a cuenta de lo del fútbol, conviene avisar que el concierto es el mismo día que juega la selección española el tercer partido a las 20:30. El concierto empezará a las 18:00 puntual y no acabará más tarde de las 19:poco. Tiempo de sobra como para ir dónde hayas quedado, o para hacer un previo e ir a verlo a algún lado con los que estemos por ciudad universitaria.
Fútbol es fútbol… sin compromiso en venir al concierto gente!Tenéis la web para ver algún vídeo, bajaros la anterior maketa (de la que caerán algunas) y etceteras varios: www.emilitros.com
Nos vemos!?
Emilitros
viernes 25 de junio; 17:30
salón de actos del A de la la escuela de Telecomunicaciones
Ciudad Universitaria ; Bus: 82, F, U, G
mapa parra llegar aquí
Ya que a mí me pilla en el trabajo espero que otros puedan acercarse y disfrutar, que seguro que se lo pasan bien.
