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Airbourne y ’77, 24 de febrero de 2010

En cuanto me enteré que los australianos Airbourne iban a estar de gira por Madrid me aseguré de conseguir una entrada lo antes posible. Con ella en la mano el miércoles pasado salí del trabajo para llegar sobre las 19:30 a la entrada de Joy Eslava, donde me encontré con Javi, Fer y Rebe, que ya llevaban esperando un ratito. Por suerte la apertura de puertas no se retrasó apenas y tampoco llovió mientras esperábamos.

Una vez dentro me separé de los jovenzuelos, que fueron a ponerse cerca del escenario, y me dirigí a mi sitio habitual: junto a la mesa de mezclas, sin tapar a nadie. La sala no es muy grande y desde esa posición se podía ver suficientemente bien el escenario.

De ’77, los teloneros, había escuchado poco pero me bastaba para tener mucho interés por verlos. La historia del grupo nacido en Barcelona se puede leer en IndyRock pero lo realmente interesante es su música. Con un estilo rockero que recuerda a los AC/DC precisamente de finales de los 70 me parecían una elección más que acertada para abrir el concierto.

Tras hacer los algunos ajustes y pruebas sobre el escenario los integrantes del grupo se retiraron para preparase y tomar oficialmente el escenario sobre la hora prevista. Siendo la planta de la sala relativamente pequeña y a pesar de ser un día entre semana, el patio frente al escenario estaba bastante poblado y el grupo fue recibido con un buen aplauso. Sin preámbulos, ’77 empezaron su concierto.

Desde mi posición el sonido era bastante bueno y tampoco varió mucho a lo largo de la actuación. La batería sonaba sólida y no atronaba ni retumbaba en la sala, mientras que las guitarras se podían oír bastante bien a pesar de echar de menos un poco más de volumen. El único que se perdía un poco era el sonido del bajo, que no conseguía distinguir en la mezcla. Los micrófonos estaban a un buen nivel aunque la voz del cantante Armand Valeta – con ese tono reminiscente de Bon Scott – a veces no tenía suficiente contraste con los coros. Aparte de un pequeño incidente que motivó una intervención de urgencia y la afinación de las guitarras los instrumentos sonaron muy bien.

Su concierto empezó con “Your Game Is Over”, en el que ya pudimos ver que, más que nadie, el descamisado guitarrista LG Valeta venía no sólo a dar un buen concierto si no también un buen espectáculo. Del cuarteto era sin duda el que más llamaba la atención, moviéndose de un lado a otro y volcándose con y sobre el público. De hecho, las ganas de dar el mayor espectáculo posible le llevaron a tener una caída durante “Gimme Rock”, de la que se repuso rápidamente para seguir tocando.

“Things You Can’t Talk About” estuvo dedicada a Bon Scott, recordando que hace unas semanas se cumplían 30 años de la muerte del cantante en uno de los momentos en los que el cantante se dirigió al público. De todas maneras, los asistentes estaban encantados, especialmente tras el paseíto que se marcó LG por el patio.

Por cierto, me van a disculpar si meto la pata con los nombres de los temas. El mayor error que cometí en la noche fue salirme sin comprar su disco, sin prever que después no nos dejarían entrar por la puerta más cercana al puesto donde lo estaban vendiendo.

Volviendo al tema que me ocupa, el concierto continuó con “Shake It Up” mientras que el grupo hacía lo posible por agitar aún más a un público que espero disfrutase tanto como yo con los solos, los ritmos, los riffs y el espectáculo que estaban dando. Los que se lo perdiesen o estuviesen presentes y quieren recordarlo pueden echarle un ojo a las impresionantes fotos en el blog de Fer.

En ellas también se puede intuir que la iluminación fue bastante buena. Sin tener un programa reseñable el escenario siempre estuvo bien iluminado, con los focos siguiendo especialmente a los hermanos Valeta. Por lo general en este aspecto soy poco exigente, de modo que si las luces no molestan ni restan a la experiencia del concierto considero que se ha hecho un buen trabajo.

El concierto de ’77 fue necesariamente corto y tras temas como “Less Talk (Let’s Rock)” y “Big Smoker Pig”, que cerró su repertorio, uno se queda con ganas de más. El grupo se llevó un más que merecido aplauso y al poco rato estaban recogiendo sus cosas para dar paso a los protagonistas de la gira. Espero tener la oportunidad de volver a verles y disfrutar de un concierto más largo, algo que recomiendo que aproveche todo aquel que tenga la oportunidad.

La preparación del escenario tuvo algún que otro contratiempo, a juzgar por las expresiones de la gente tras las mesas. Entre otras cosas, el telón que se bajó tras la actuación de ’77 se subió demasiado pronto, cuando todavía estaban haciendo algunas pruebas y ajustes los técnicos. Con el telón levantado se pudieron ver una fila de Marshalls interrumpida únicamente por la batería.

Una vez estuvo todo colocado en su sitio salieron a escena Airbourne entre los gritos y aplausos del público. Los focos iluminaban a los cuatro australianos que casi al momento de colocarse en sus posiciones empezaron con los primeros compases de “Stand Up For Rock ‘N’ Roll”, lo que no hizo sino aumentar los gritos del público. A estas alturas la sala estaba llena y la gente se puso a saltar como loca, algo que sucedería en más de una ocasión durante el concierto.

Con las primeras canciones se notó que el sonido no estaba todo lo ajustado que cabía esperar. El volumen estaba más alto que en el concierto anterior y en algunos momentos se coló algún acople, como en determinadas partes de la siguiente canción, “Hellfire”. Por suerte, con tapones se oía todo bastante bien. A pesar de la subida de volumen la batería de Ryan O’Keeffe mantenía un nivel aceptable, con un sonido limpio y compensado. El bajo de Justin Street se podía oír (unas veces mejor, otras peor) mientras que la guitarra de David Roads sonaba lo justo por debajo de la de Joel O’Keeffe. Teniendo en cuenta la cantidad de cambios de guitarra que hubo durante el concierto yo diría que los técnicos hicieron un buen trabajo.

Aparte de eso, de nuevo las voces en los coros se oían casi mejor (que no más alto) que la voz principal. Dejando de lado estas pequeñas tonterías, yo diría que el sonido fue bastante bueno e incluso excelente en dos o tres temas. Si hay que poner alguna pega sería que Joel forzaba mucho la voz, aunque podría deberse a estar incubando una enfermedad que les llevó a aplazar los conciertos de los días siguientes.

Incluso con la subida del volumen respecto al concierto anterior los integrantes del grupo pudieron oír como la gente coreaba los primeros acordes de “Fat City” cuando empezaron a tocar ésta canción, tras haberla presentado dirigiéndose al público. Los cuatro parecían muy animados y no creo que nadie les pueda echar en cara que no lo diesen todo sobre el escenario. En lugar de marcarse enormes monólogos entre canción y canción se dedicaron a tocar como posesos, sacudir la cabeza y echarse al público a cada rato.

Con el retraso en la salida al mercado de su segundo disco casi todo el concierto estuvo compuesto por canciones del primer LP, (caso de la siguiente canción, “Diamond In The Rough”) pero este hecho no nos privó de escuchar en directo material nuevo, como “Get Busy Livin’”. Estos chavales saben lo que les funciona y el tema no desentonó entre el resto de canciones. Repitieron la jugada tocando “What’s Eating You” seguida de la contundente “Born To Kill”, que tengo ganas de escuchar en disco también.

“Cheap Wine & Cheaper Women” precedió a “Girls In Black” y lo que sería, a la postre, uno de los momentos más memorables del concierto. En medio de un sólo a Joel se le ocurrió que los balcones del primer piso de Joy Eslava se veían muy accesibles. Así que, sin pensárselo mucho se dirigió a un extremo del escenario y, apoyándose en los andamios de la iluminación, trepó por el exterior del primer anfiteatro de la sala, con la guitarra a cuestas.

La escalada completa se puede ver en este vídeo [07m02s], al igual que se oyen los gritos de ánimo del público. El hombre no sólo llegó al primer piso si no que se dio un paseito entre la gente que ahí estaba, sin dejar de tocar, hasta llegar al otro extremo para asomarse con medio cuerpo fuera y seguir tocando. Después bajaría de una manera mucho más convencional para volver al escenario, donde se llevó una enorme y merecida ovación.

Anécdota adicional: Para llegar a donde quería, Joel pasó literalmente por encima de Javi y Fer, quien aprovechó para sacar unas fotos más a añadir a la colección de espectaculares instantáneas que sacó de este concierto también.

Siendo difícil ofrecer aún más en el concierto, el siguiente tema fue otro adelanto de su próximo disco. En concreto, tocaron “No Way But The Hard Way”, el primer single que sale de su nuevo trabajo y que la gente ya coreaba y reconocía. Por si fuese poco en un par de ocasiones Joel abrió unas cervezas para lanzar al público, primero a golpes contra la cabeza y después a palmadas. Todo un espectáculo.

Para cerrar el grueso del concierto tocaron “Heartbreaker” y una esperada “Too Much, Too Young, Too Fast”, que fue cantada, coreada, aplaudida y botada al unísono por el público. Tras estas dos canciones el grupo se retiró rápidamente y permanecieron ocultos un rato. Al cabo de unos minutos volverían a tomar sus posiciones, primero Ryan, marcando un ritmo que David seguiría a la guitarra y Justin acompañaría la bajo. Era el comienzo de “Runnin’ Wild”, que se alargó un poco más de lo normal hasta que Joel marcó el inicio de la canción y desató una nueva oleada de saltos en el patio.

Dispuestos a acabar con una buena traca final, el grupo cerró el concierto con “Blackjack”, echando el resto para conseguir que todos nos fuésemos a casa con la satisfacción de haber asistido a un gran concierto de rock. Si vuelven, repetiré.

Arch Enemy, 1 de diciembre de 2009

A pesar de haberme perdido el VII November Rain y de no haber visto este fin de semana a The Prodigy, Nile y Napalm Death, esta semana he podido ver a un grupo que tenía pendiente de conocer en directo.

Después de una breve visita a Crisis me dirigí a la sala Heineken. La apertura de puertas estaba programada a las ocho de la tarde y yo debí llegar unos cinco minutos antes. Me puse en la cola para entrar, que en ese momento llegaba hasta la entrada del aparcamiento de la plaza de Cubos, y estuve esperando un rato. Cuando entré recogí el paquete de la entrada de edición limitada y me busqué un sitio donde siempre: delante de la mesa de mezclas.

Angelus Apatrida

La sala no estaba demasiado llena cuando empezó el concierto de Angelus Apatrida. Estos chavales albaceteños fueron la sorpresa más agradable de la velada. Los temas sonaron contundentes a pesar de que el sonido de la sala no les favoreció demasiado. El bajo apenas se oía, enterrado por la batería, que a veces se comía también el sonido de las guitarras Ran (creo) de forma tipo Flying V. A medida que fue progresando la actuación se fue ajustando el volumen de las guitarras, pudiendo llegar a oírse algo mejor en los sólos, aunque la del cantante nunca llegó al mismo nivel que la otra. Al mismo tiempo, la voz del cantante estaba al volumen justo para saber que estaba cantando pero no se distinguía siempre lo que estaba cantando.

Las limitaciones que tuvieron en su concierto las suplieron con una buena actitud y con la complicidad de bastantes seguidores. De algo tenía que valer jugar en casa. Además, tienen buenos temas que funcionan bien en directo. Sin haber oído nada suyo, sólo me quedé con los nombres de las canciones que presentaron. En Rafabasa hay un listado completo con el contenido de su concierto. Tras las primeras canciones, el primer tema presentado fue “Fuck You”. Lo siguió “Corruption” que, como explicó el cantante, versa sobre la clase política.

Antes de continuar con el concierto el cantante explicó que acababan de firmar un contrato con Century Media (como señalaban en Bravewords.com hace unas semanas) lo que marcaba una nueva era para el grupo (“y, me atrevo a decir, para el metal español”), anuncio que fue recibido con aplausos. Tocaron un tema del que será su próximo disco, “Clockwork”, junto con otra composición más antigua, “Give ‘Em War”. Como diría el propio cantante, se “columpiaron” un poco con el tiempo que tenían pero no creo que al público le importase mucho. El último tema de su actuación, “Thrash Attack”, fue despedido con un público bastante entusiasmado.

Abigail Williams

El siguiente turno correspondía a Abigail Williams, de los que había escuchado “Legend” e “In the Shadow of a Thousand Suns”. Parece que tuvieron bastantes problemas montando el equipo sobre el escenario, lo que ya me dio mala espina. Con un estilo a caballo entre Cradle Of Filth e Immortal que muchos podrían etiquetar de black metal sinfónico, con múltiples arreglos que en directo están sampleados (por allí no apareció ninguna teclista), el sonido tiene que estar muy equilibrado para sonar bien. Por desgracia, fue peor de lo que esperaba.

Los bombos de la batería devoraban el resto de los instrumentos. Menos la voz del cantante, que se podía intuir vagamente, los instrumentos apenas se podían distinguir entre el retumbar del prominente doble bombo. La introducción de “I” fue el único sample que conseguí distinguir en todo el concierto. Es una auténtica lástima que unos músicos competentes viesen saboteada su actuación por un sonido tan nefasto. Es cierto que la acústica de la sala Heineken a menudo deja que desear pero este caso fue sangrante.

Salvo unas pocas personas (entre las que me incluyo) que parecían reconocer algunos temas, el resto del público apenas se movió, probablemente saturado por el ruido que salía de la amplificación. Es posible que esto influyese en la actuación fría de los músicos, que apenas se dirigieron al público, con el cantante presentando “Floods” e “Into The Ashes”. A pesar de todo, los temas fueron aplaudidos con más cortesía que entusiasmo, igual que cuando tocaron “Watchtower” y se despidieron tras media hora escasa de concierto.

Mientras se despejaba el escenario Nico de Frontline salió a decir que, a petición del grupo cabeza de cartel, no se fumase en la sala, ya que el humo afecta a la cantante. Como era de esperar, tristemente hubo gente que abucheó la petición. Se ve que no saben leer (había carteles donde ponía claramente “Se ruega no fumar…”) y/o no pueden pasar un rato sin llevarse algo a la boca y chupar. Además los pobres deben tener el cerebro quemado por el humo y no eran capaces de entenderlo porque hubo que pedirlo más de una vez, siempre con unas maneras excelentes. También oí como algún payaso dijo “pues no iba a hacerlo pero ahora voy a fumar”. Con la esperanza que respondan de la misma manera a todas las peticiones, les ruego que no se sienten sobre una estaca astillada y se empalen hasta que la punta asome por sus bocazas. Por favor.

Arch Enemy

Con estos asuntos la salida de Arch Enemy se retrasó ligeramente. Mi temor era que nuevamente el sonido estropease la actuación y deseaba que al menos sonase como el primer grupo. Mi sorpresa llegó cuando el grupo salió al escenario y empezó a sonar “The Immortal”: se distinguía todo sin problemas. No sé si lo estaba comparando inconscientemente con la actuación anterior pero el sonido me pareció excelente. La batería era nítida, sin exceso de bajos, las guitarras tenían un tono bien definido y el bajo se oía claramente (sorpresón mayúsculo, proclamo).

La entrada en escena de Angela fue muy bien recibida y su voz se mezclaba en el sonido sin perderse en él. Debo reconocer que hace unos años que no sigo tan de cerca a Arch Enemy y la impresión que tenía de entonces es que su voz estaba demasiado procesada. En directo era evidente que, en algunos momentos, había algo más que amplificación en el circuito de su micrófono pero el sonido era muy natural. El grupo al completo sonó muy bien tanto en los temas antiguos como en los más recientes, como “Revolution Begins”, aunque yo estaba esperando escuchar “Ravenous”. En él me empecé a dar cuenta del auténtico talento de Chris Amott, quien firmó una actuación espectacular eclipsando (a mi modo de ver) a su hermano Michael, que suele ser el que acapara más la atención.

El repertorio tampoco estuvo nada mal. A pesar de no estar familiarizado con los temas de los últimos discos, como “Blood on Your Hands”, sí que pude reconocer inmediatamente la mayoría de las canciones. El público coreo muchos de los estribillos y frases y recibió todos los temas con ganas, como cuando tocaron “My Apocalypse” o cuando Angela saludó al público y presentó “Demonic Science”. Claro que también hubo temas especialmente bien acogidos, como fue el caso de “Dead Eyes See No Future”. Cabe destacar la actuación de Sharlee D’Angelo, que no paró de moverse de un lado para otro del escenario para animar a los asistentes.

El escenario estaba montado de manera que la batería permanecía elevada y flanqueada por los amplificadores y unas luces que iluminaron al grupo a contraluz en algunos momentos selectos, sin que todo el tinglado estorbase a los músicos a la hora de moverse. La iluminación estaba centrada en el escenario y el programa de luces resultó adecuado, sin excesos pero sin detalles. Por lo general en este aspecto soy poco exigente, me conformo con que se vea a los músicos y las luces no molesten, y así fue en esta ocasión.

Daniel Erlandsson tuvo su momento de protagonismo en un solo de batería que acompañó con unos samples y precedió a “I Will Live Again”. Y, ya que se acercan las fechas navideñas, Angela decidió presentar el siguiente tema, “Bury Me An Angel”, como un villancico. También hubo un sólo para las guitarras, con los que mi impresión sobre Chris Amott se afianzó aún más, después de “Taking Back My Soul”. A estas alturas me dio la sensación que la voz de Angela se estaba resintiendo del ambiente viciado y que su actuación en “Dead Bury Their Dead” y “We Will Rise” fue algo forzada. También podría ser cansancio o el desgaste natural en una actuación tan intensa.

Tras estas canciones se retiraron para volver y finalizar el repertorio con “Nemesis”. No sé si será que se me hizo corto el concierto pero yo esperaba al menos un par de temas más. Cuando el grupo empezó a repartir púas, baquetas, muñequeras y hasta una toalla asumí que no había más concierto y emprendía camino a casa, donde me dí cuenta que en el paquete de la entrada limitada faltaba precisamente la entrada impresa. Me puse en contacto con Frontline simplemente para dejar constancia del hecho, sin exigencias, y se ofrecieron amablemente a enviármela por correo. Una buena manera de poner punto final a una buena experiencia de concierto.

Rammstein, 10 de noviembre de 2009

Rammstein, 10 de noviembre de 2009

Cada vez que escribo una crónica intento recopilar el mayor número de impresiones posible. En esta ocasión no creo que sea capaz de anotar ni un tercio de los detalles a los que había que prestar atención durante el concierto de Rammstein. Probablemente sea el concierto más espectacular al que haya asistido. Así que me vais a tener que disculpar por no ofrecer una crónica tan completa como se merece. Pero no voy a adelantar acontecimientos.

En el trabajo tuvieron el detalle de dejarme escapar un poco antes para poder ir a casa, ponerme algo más cómodo, recoger la entrada e ir al concierto. Al final estaba plantado en una de las colas de entrada sobre las 20:10. A pesar de no haber mucha gente en la cola la entrada se ralentizó porque los de seguridad tenían que discutir con los que intentaban entrar ya que, al no haber consigna en el recinto, se veían obligados a dejar cadenas, colgantes y cualquier otro elemento que fuese considerado peligroso. Varias personas se habían vestido para la ocasión (o quizás fuesen de los que a diario lucen botas con refuerzos metálicos, collares de perro con pinchos, cadenas, cinturones y pulseras metálicas y otros abalorios a juego) y mostraban su enfado al tener que buscarse la vida para poner los objetos que les impedían entrar o dejarlos en la calle.

Una vez dentro del local me dirigí a donde siempre procuro ponerme en los conciertos: cerca de la mesa de mezcla. Como dice una amiga que de esto sabe un rato, ese es el sitio bueno en el Palacio y suele haber menos gente, aunque con las entradas agotadas y sin restricción de acceso a la pista era previsible que aquello se llenase. Cuando yo llegué no había demasiada gente y busqué a ver si encontraba alguna cara conocida pero no hubo suerte.

Antes de que me diese cuenta eran las 20:45 y era el turno de actuar de los teloneros, el grupo de aggrotech Combichrist. En el escenario, sobre plataformas elevadas, había una batería a la izquierda, un conjunto de percusión a la derecha y equipo electrónico en el centro. Por delante, un pequeño pedestal con un micrófono. Con un estilo a caballo entre industrial y techno y unas pintas de “uruk hais arengando a las tropas antes de lanzarse contra el abismo de Helm”, como dice acertadamente Morrigan en su crónica, el grupo consiguió algo de movimiento en la pista. A pesar de las repetidas caídas que sufrieron el micrófono del ¿teclista? (el de los aparatos electrónicos, que con sus rastas golpeaba el micro y hacía que cayese) y uno de los toms de piso del batería, que forzaron a un roadie a saltar al escenario en más de una ocasión, lo que más restó de su actuación fue, para mí, el sonido: en algunos momentos los temas se veían reducidos a golpes de percusión que retumbaban contra el cuerpo. Supongo que para bailar un rato tampoco es malo del todo pero hacía difícil distinguir las piezas entre sí. A pesar de mi desconocimiento creo que pude identificar el setlist.

Desde “All Pain Is Gone” el grupo tuvo una buena actitud. El cantante se movía de un lado para otro, mientras que percusionista y baterista competían en aspavientos para animar al público. Así seguirían durante “Scared”, con el batería lanzando varias baquetas a lo largo de la actuación para llamar la atención del público. Para cuando llegaron a “Get Your Body Beat” y “Deathbed” la gente ya estaba algo más animada y se notaba más movimiento. “Sent To Destroy” incluso consiguió que muchos acompañasen el estribillo aunque la mayor reacción la consiguieron al dedicar “Blut Royale” al grupo para el que teloneaban. Se despidieron con “This Shit Will Fuck You Up” y al rato se encendieron las luces, la gente empezó a moverse de los asientos al frente y se fue despejando el escenario.

La espera para el acto principal se me hizo más corta al entablar conversación con un chaval de Madrid y unos alemanes. Dos de ellos los seguían de gira y un tercero llevaba un mes en Madrid por trabajo. Los que habían estado en los conciertos anteriores nos pusieron los dientes largos, diciéndonos que el concierto de Lisboa había sido el mejor que habían visto nunca. Después estuvimos charlando de todo un poco, aunque mi alemán está muy oxidado. Teniendo en cuenta que la última vez que estuve en Alemania fue el verano que Rammstein sacó Sehnsucht tampoco era de extrañar.

Al poco rato se apagaron las luces y la gente empezó a aplaudir. En el gran muro negro se erguía sobre el escenario y no dejaba ver nada tras de sí empezaron a hacerse dos boquetes, a izquierda y derecha, provocados por los golpes de Paul Landers y Richard Kruspe. Las siluetas de los guitarristas se recortaban a contraluz mientras que en el centro del muro empezaba a dibujarse el rastro de chispas de un corte por plasma. Tras trazar un rectángulo imperfecto el bloque fue derribado y se pudo ver la figura de Till Lindemann, que fue recibido con más aplausos aún. Mientras descendía hasta el micrófono situado en la parte baja del escenario las luces se centraron en él, viéndose con más claridad un atuendo con una especie de delantal y cuello de plumas, todo en rojo, (que llevaría sólo al principio del concierto) y quedando el resto del escenario oculto hasta el comienzo del primer tema.

Con los primeros compases de “Rammlied” se ilminó el recinto y se pudo ver a los guitarristas acompañando al cantante en el escenario mientras que en una posición más elevada estaba (de izquierda a derecha) el bajista Oliver Riedel, el batería Cristoph Schneider y el teclista Christian Lorenz. Este último tenía todo su equipo flanqueado por unas columnas que simulaban una especie de bobinas de Tesla. Al empezar a cantar se veía que Till tenía la boca iluminada, probablemente con unos LEDs (como uno de los experimentos de Daito Manabe [01m01s]), creando un efecto bastante interesante. El fondo era el muro resquebrajado con luces rojas a modo de vetas en la pared.

Los gritos del público acompañaron el sonido de la música, lo que no consiguió tapar el comienzo algo forzado del baterista. De hecho, de ponerle pegas al concierto, yo diría que los únicos fallos que hubo fueron de los músicos y fueron muy escasos. El sonido fue mejor de lo que esperaba, con la voz sonando clara y las guitarras contundentes, aunque me hubiese gustado oírlas un poco más. Tanto la batería de “Doom” Schneider como el equipo de “Flake” Lorenz sonaban bastante limpias y equilibradas y el único que se perdía un poco en la mezcla era el bajista.

Sin pausa para coger aire, el grupo siguió con “B********” y “Waidmanns Heil”, una de mis favoritas del último disco, con fanfarria de introducción y efectos pirotécnicos sobre el escenario. Los temas del “Libe Ist Für Alle Da” dominaron en repertorio y “Keine Lust” fue la única invitada del “Reise, Reise”. Durante esta canción unas columnas de humo acompañaron a la música. También pudimos disfrutar de “Weisses Fleisch”, con el comienzo a cargo de Flake. El teclista hizo una especie de baile en medio de la canción, vestido con un traje de lentejuelas, compartiendo protagonismo con Schneider y su pequeño sólo de batería.

“Feuer Frei” nunca ha sido de las que más me gustan del grupo, pero el espectáculo que que montaron sobre el escenario hizo que resultase impresionante. No faltaron explosiones ni las máscaras con lanzallamas que permitieron a los guitarristas y cantante seguir actuando mientras escupían enormes lenguas de fuego. A continuación unos momentos de oscuridad sobre el escenario, que se volvió a iluminar a medida que descendía una única bombilla sobre una mesa con un gramófono. Junto la utilería, Till escuchaba la introducción de “Wiener Blut”, que comienza y se ve interrumpida hacia la mitad para que unos muñecos con forma de bebé y láseres verdes incorporados sean descolgados a mitad de altura entre el techo y el escenario, con las luces casi apagadas. La canción vuelve a arrancar con fuerza en el punto donde se interrumpió, hasta culminar con la explosión de los bebés, que se precipitan sobre el escenario.

El escenario se vuelve a quedar a oscuras y una única luz ilumina al bajista, que empieza a tocar los arpegios lentos de “Frühling in Paris”. Otro foco señala a Till, que empieza a cantar, y el resto de componentes no son nuevamente revelados hasta que suenan sus instrumentos. Todo el concierto fue un ejemplo de espectáculo, donde cada elemento forma parte integral de la experiencia que se quiere brindar al asistente. La siguiente canción, “Ich Tu Dir Weh”, también demostró este concepto al bajar Flake para molestar a Till quien, harto del incordio, se cargo al teclista al hombro y lo echó en una caja metálica. Tras un par de golpes, Till da unos pasos atrás, coge un cubo y una plataforma empieza a elevarlo sobre la caja metálica. En lo más alto, justo antes del estribillo, el cantante vuelca el cubo vertiendo sobre la caja metálica fuegos artificiales y chispas que hacen que esta prenda fuego y explote. Mientras arde, Till sigue cantando. Una vez apagado el fuego la plataforma desciende y el cantante sigue a lo suyo, mientras que un chamuscado Flake sale torpemente de la caja. Puro teatro.

La mitad del repertorio se superó con “Liebe Ist Für Alle Da”, que sonó muy bien, tras la que se pudieron volver a escuchar canciones de otros discos, como “Benzin”, para la cual Till salía al escenario armado con un lanzallamas que utilizaría en un “intruso” sobre el escenario al final de la canción. Más o menos a esta altura me dí cuenta que Flake tenía su equipo situado sobre una cinta andadora y se paseaba sin moverse del sitio.

“Links 2-3-4″, uno de los temas que más me apetecía escuchar, comenzó con un pequeño fallo de sincronización entre Till y el resto del grupo, que sería una de las pocas cosas que saldrían mal en toda la noche. En realidad daba igual, porque el público estaba completamente entregado. Con Landers y Kruspe en unos provocadores (“extensiones del escenario hacia la zona del público”. Gracias Ana), el sonido del comienzo de “Du Hast” hizo gritar una vez más a la gente. De hecho, la mayor parte de la canción la cantaron los asistentes, invitados por Till, mientras varias llamaradas salían del escenario, por arriba y por abajo, al compás de la música. El final de la canción la marcaron unas bengalas, dos dirigidas al aire sobre el público y otras dos desde la zona de la mesa de mezclas al escenario, disparando varias explosiones en éste. El grupo terminó de tocar con algunas llamas sobre las tablas.

Para “Pussy” cambiaron el micrófono central por uno que tenían añadido un arco sobre el que habían colocado varios consoladores. La canción no me entusiasma especialmente pero la gente pareció disfrutarla. Reconozco que me hizo gracia ver como el cantante se subía sobre un pene gigante y empezaba a echar espuma hacia el público llevando el cañón entre sus piernas de un lado al otro del escenario. La canción terminaría con un estallido y un orgasmo de confeti cayendo sobre nosotros. Muy sutil todo, como podéis ver.

Llegados a este punto el grupo se retira y vuelve para empezar con las propinas. “Sonne” es muy bien recibida y el cantante sigue invitando a la gente a acompañarle en los estribillos. Unos focos enormes acompañan a la canción y deslumbran al público. La única canción que hubiese cambiado sin dudar por otro tema fue “Haifisch” (por ejemplo, por “Du Riechst So Gut”) pero supongo que habría gente a la que le gustaría. Con Landers y Kruspe nuevamente frente a los micrófonos de los provocadores comenzó “Ich Will” y sobre el escenario volvieron a verse explosiones y fuego. El calor se sentía a distancia.

Después las luces volvieron a apagarse sobre el escenario y, la poco rato, el bajista Riedel se encargaba de dar comienzo a “Seemann”, en la que Flake nuevamente haría una de sus gracias, subiéndose a una barca hinchable y navegando sobre las manos del público. Llegó hasta un par de metros de donde yo estaba antes indicar que tenía que dar la vuelta para volver al escenario.

Para el gran final tenían elegida “Engel”, que empezó silbando Richard, otra vez frente al micrófono. La canción fue acompañada por el público, que no paró de aplaudir al final de la misma, mientras los músicos se retiraban, saludando, repartiendo púas y baquetas y dando las gracias en español. Entretanto, Flake finiquitaba la canción y cerraba el concierto, despidiéndose con una reverencia.

Me despedí de los alemanes y el chaval de Madrid después de intercambiar algunas impresiones y me fui a casa con el firme propósito de volver a verles en cuanto tuviese la oportunidad.

Eric Sardinas, 4 de noviembre de 2009

Eric Sardinas, 4 de noviembre de 2009

Como decía el otro día, cuarta vez que veo a Eric Sardinas en concierto y, sinceramente, no puedo decir que me canse. Tanto el guitarrista comos sus acompañantes saben cómo hacer que hora y media pase volando. Podría quejarme del desfase entre la hora anunciada por la sala (21:30) y la del comienzo del concierto, anunciada en los tickets (22:30), pero aparentemente fue algo accidental. Claro que, para ir sobre seguro me planté a la entrada de la La Boité a las nueve y media en punto, encontrándome con una fila mayor de lo que esperaba. La entrada fue lenta pero organizada y, por lo menos, me permitió saludar a lo lejos al señor Sardinas.

Una vez dentro procuré colocarme en un sitio cómodo, en vista de que me tocaría esperar un buen rato. La sala no está mal y me coloqué más o menos frente al escenario, con una barra detrás de mí para intentar no molestar a nadie. No sé como se vería desde otros sitios pero desde donde yo estaba no había mala vista. Sobre las 22:30 la sala estaba llena hasta donde yo podía ver, con lo que la salida de Eric Sardinas & Big Motor fue bien recibida.

Lo primero que noté es que a la batería se encontraba un caballero que posteriormente identificarían como Bernie Pershey, mientras que al bajo seguía estando Levell Price, o “my brother from another mother”, como lo presentó Eric. Pero eso no llegaría hasta más tarde.

Al poco momento de salir el grupo a escena ya estábamos disfrutando del virtuosismo de Eric sobre la solidez de sus acompañantes. Me encantó que las luces se centrasen en lo que ocurría en el escenario y no se dedicasen a hacer demasiadas virguerías. Por otro lado, el sonido no era malo, aunque desde donde yo estaba hubiese bajado un pelín más los bajos de la batería y subido el volumen del micrófono. No estuvo mal medido del todo, teniendo en cuenta la sala y que con tres instrumentos la mezcla no sonaba nada hueca, pero podría haber sido mejor. Además, les costó encontrar un punto de equilibrio.

De hecho, cuando llegaron a “I Can’t Be Satisfied”, una de mis canciones favoritas y la tercera del repertorio, todavía parecían estar ajustando algunos detalles con el sonido. Claro que se entiende que les costase ajustar bien el sonido, con todos los cambios de volumen y amplificación/acústico que hacen durante la actuación. Sin ir más lejos, el siguiente tema fue un blues acústico que hizo que la sala callase, antes de volver a estallar con “Down To Whiskey”. Para este tema la colaboración del público fue algo escasa pero a Sardinas y cía. no les alteró especialmente.

Eché un poco de menos el repertorio más clásico pero todavía estaban presentando “Eric Sardinas and Big Motor” como su “nuevo disco”. Claro que tampoco me desagradó escuchar temas como “This Time” y, con todas las improvisaciones que hubo, los temas eran casi lo de menos. Un ejemplo es el sólo de bajo y batería que se marcaron precisamente después de esa canción. Además, antes de que pudiese darme cuenta ya estaban enfilando el final del concierto con un clásico, “Texola”.

A pesar de que la sala está bien y de mi preferencia por los locales “pequeños” frente a los conciertos multitudinarios, al guitarrista le faltaba algo de escenario. Es un interprete que expresa con todo su cuerpo lo que intenta transmitir con su música, de la cara a los pies, y tener poco espacio para moverse limita un poco esa forma de expresarse. Con todo, no parecía estar incómodo sobre el escenario y es capaz de llamar la atención de todas maneras con su forma de tocar.

Y de los acompañantes podría decir lo mismo. A Price ya le había visto y sabía que no tendría problemas siguiendo el ritmo de Sardinas, y Pershey estuvo a la altura de las circunstancias. Que yo me diese cuenta, no le pillé en ningún renuncio y parecía bastante contento con el trabajo que tenía que realizar. Ambos músicos estuvieron en todo momento comunicativos y sonrientes, lo que hizo el concierto tanto más agradable.

El final del concierto tuvo “trampa”: tocaron dos versiones con las que resulta imposible irse con mala cara. La primera fue “As The Crow Flies”, que yo atribuía a Rory Gallagher pero que, como Eric puntualizó, es obra original de Tony Joe White. La segunda tuvo que esperar a que el grupo volviese a salir, tras una despedida en falso. En esta ocasión el público estuvo más colaborador pero claro, se trataba ni más ni menos que de “Roadhouse Blues”. Gran final para un gran concierto.

Aunque se dijo que los músicos saldrían más tarde yo tuve que irme rápidamente si quería dormir algo antes del siguiente día de trabajo. A ver si la próxima vez me lo puedo tomar con más calma.

Poco más puedo decir. Probablemente haya repetido más de una observación de las crónicas anteriores y, si es el caso, estoy seguro que habrá sido sobre algo bueno.

Cannibal Corpse, Dying Fetus, Obscura y Evocation, 10 de octubre de 2009

Cannibal Corpse, Dyning Fetus, 10 de octubre de 2009

La crónica de este concierto va a ser necesariamente “corta”, mi conocimiento sobre alguno de estos grupos es muy limitado.

El concierto de Evocation empezó sobre las 18:40. No les conocía de nada y tampoco me dejaron especialmente impresionados, aunque bastantes personas en el público parecían muy metidas en su concierto. Hubo varios factores que fueron en perjuicio de su actuación. Por un lado, el sonido estaba muy descompensado, al menos desde donde yo estaba: el bombo de la batería se comía el resto de los instrumentos, las guitarras tenían poca definición y el bajo era inexistente. Por otro lado, la voz del cantante tampoco me pareció especialmente interesante.

A su favor, el grupo tenía una buena actitud y, como digo, consiguieron una buena respuesta del público que había en ese momento. Se movieron bastante sobre el escenario y buscaban a la gente de un lado a otro. La música en sí no estuvo mal, algunos temas parecían interesantes. No sé si lo catalogaría como death metal sueco clásico, como definió al estilo de música de su grupo el cantante en medio del concierto, pero era más asequible de lo que esperaba. Tenían algunas melodías a dos guitarras y solos que sonaban (o, más bien, se intuían) sencillos y sin excesivos lucimientos.

Entre los pocos temas que entendí el nombre estuvieron “Feed The Fire”, “Tomorrow There’s No Sunrise” y “Razored To The Bone”. Los treinta minutos que estuvieron en el escenario fueron entretenidos y ayudaron a animar un poco el ambiente de la sala. Despejaron sus bártulos en poco tiempo y pronto estuvo el siguiente grupo sobre las tablas.

De Obscura tampoco conocía nada y poco puedo comentar. Mucho más técnicos que los anteriores, la referencia que hicieron ellos mismos durante el concierto a Symbolic y Human de Death (que no provocó una gran reacción que se diga) podría entenderse más como una inspiración que una referencia de estilo. Si bien es cierto que los patrones de la batería (otra vez demasiado alta) parecían elaborados eran todos bastante lineales. Me gustó el trabajo de los guitarristas, mostrando los dos una técnica que ya me gustaría tener. La guitarra del cantante, una Ran a medio camino entre una Hondo y una Washburn (como se señala en un foro de Harmony Central), tampoco estaba nada mal.

La actuación comenzó con una introducción de música ambiental, con los componentes del grupo de riguroso negro, dando la espalda al público (menos el batería). Todo ese tipo de teatro me hace más gracia que otra cosa pero siempre me da algo de miedo que se lo tomen demasiado en serio. Sobre todo cuando el bajista tiene un bajo de cinco cuerdas y lo lleva casi a la altura de las axilas, algo que puede apuntar al síndrome de “quieto parao, que yo soy un Músico”. No fue el caso, ya que el cantante parecía un tipo más bien simpático y comunicativo, especialmente si se tiene en cuenta la fama de serios de los alemanes. Me hizo gracia que el otro guitarrista, encargado de la mayoría de los solos y con un gusto quizás excesivo por el tapping, siguiese con sus movimientos un ritmo totalmente independiente de lo que estuviese sonando. También me hizo gracia comprobar que cada vez soy más viejo y que unos cuantos de los grupos que voy viendo ya me parece que están poblados de chavalines.

La música me pareció más interesante que el primer grupo, más absorbente, y quizás por eso la gente estaba más concentrada en los músicos que en dar botes como locos. La pena es que el sonido, nuevamente, no acompañó. Si bien es cierto que fue mejorando con cada tema, los propios miembros del grupo pedían ajustes entre uno y otro para sus monitores. Desde mi posición apenas pude oír los solos de guitarra hasta el segundo tema de su repertorio y el bajo se perdía en toda la mezcla. Tras cuarenta minutos recibieron un merecido aplauso y yo hice nota mental de escuchar el material que tuviesen disponible en cuanto pueda y ver si me quedo con algo más que el título del tema “Universe Momentum”.

La preparación para el siguiente grupo también se realizó de forma rápida pero cuando los componentes de Dying Fetus salieron al escenario todavía tuvieron que hacer unos cuantos ajustes. Aunque el sonido desde donde yo lo oía mejoró ligeramente la predominancia del sonido del doble bombo seguía siendo excesiva. Afortunadamente, gran parte del repertorio me resultaba por lo menos familiar, lo que me permitió seguir bastante bien el concierto.

Con todo, me parece triste tener que adivinar entre el estruendo resultante la pieza que está sonando. En un momento determinado lo único que podía sentir eran las vibraciones del sonido del doble bombo golpeando contra mi cuerpo. Eso está muy bien si lo que quieres es dar unos cuantos botes y gritar pero, evidentemente, devora cualquier otro sonido que pueda haber en la sala. No sé como lo oiría el resto de la gente pero a mí me decepcionó bastante.

Respecto al grupo, supongo que querrían aprovechar los cuarenta y cinco minutos que tendrían asignados y atacaron un tema tras otro sin apenas pausas ni comentarios. Técnicamente es un grupo fuerte y ya tienen un catálogo suficientemente amplio como para elaborar una lista variada de temas. Por supuesto, pusieron cierto énfasis en los temas sacados su último disco, “Descend Into Depravity”, pero también colaron un par de clásicos. El público reaccionó particularmente bien a temas como “One Shot, One Kill” y “Pissing In The Mainstream” pero yo disfruté especialmente de “Kill Your Mother, Rape Your Dog” [01m24s], todo un clásico para mí.

A estas alturas la sala ya estaba con una ocupación considerable, lo que no previno la formación de un buen mosh pit durante gran parte del concierto, algo que animaron desde el grupo. Cuando llegaron al final de su actuación y tocaron “Praise The Lord (Opium of The Masses)” yo supuse que estarían bastante aliviados. Los problemas de sonidos parecían haber sido constantes y en la sala ya hacía bastante calor. A mí el concierto me pareció corto pero pensé que, si iba a ir en beneficio del concierto de los cabezas de cartel, para mí mejor.

Cannibal Corpse no tardó mucho en colocarse delante del público, siendo recibidos con una gran ovación. Cada uno de los cinco integrantes se colocó en una posición y no se moverían del sitio en todo el concierto, salvo para cambiar instrumentos o realizar algunos ajustes en los mismos.

El sonido en este caso fue algo mejor pero, aún así, seguía dejando mucho que desear. “Evisceration Plague” abrió el concierto y ya evidenció el nivel excesivo de los bajos de la batería. A pesar de todo, las guitarras no estaban totalmente desaparecidas y la voz de Fisher no tenía un mal nivel. “The Time To Kill is Now” sufrió los mismos problemas, al igual que “Disfigured” y “Death Walking Terror”. Sobre el escenario los músicos no parecían tener muchas pegas.

Entre Coca-Cola y Coca-Cola, George “Corpsegrinder” Fisher hacía algunos comentarios. Normalmente presentaba brevemente el siguiente tema o arengaba a la gente a hacer ruido. Todo este teatro me suele resultar bastante divertido y el público respondió con ganas. “I Cum Blood” tuvo su presentación, al igual que “Fucked With A Knife”, dedicada además con una sonrisa diabólica a las chicas asistentes. Como digo, Fisher estuvo moderadamente hablador e incluso se le vio sonreír al ver un cartel casero donde se podía leer “Mr. Corpsegrinder Lvl.80 Elite”, en referencia a su afición por World of Warcraft. También retó al público a intentar sacudir la cabeza tan rápido como él, algo que a mí me parece casi imposible, como me parece casi imposible que no se haya lesionado el cuello en más de una ocasión.

Casi 10 años separan a las dos canciones que continuaron el concierto, “Sentenced To Burn” y “Evidence In The Furnace”. Teniendo el cuenta la trayectoria de casi 20 años de este grupo es fácil ver que, a pesar de disponer de más tiempo que los otros grupos, algo se tendría que quedar en el tintero. A pesar de este inevitable hecho, el repertorio estuvo bien nutrido. “The Wretched Spawn” precedió a “Scalding Hail” y “Make Them Suffer”.

Llegados a este punto la temperatura en la sala a había llegado a su máximo valor, sin que resultase excesivamente molesto. No obtengo placer alguno en estar en medio de una masa de (en su mayor parte) tíos sudando y dándose empujones pero me imagino que es bastante apropiado cuando está sonando composiciones con títulos como “Pit Of Zombies” y “Shatter Their Bones”. Claro que, con esa justificación, habría que ver qué resulta apropiado para “Vomit The Soul” o “Priests of Sodom”, también con dedicación de Fisher, similar a la que hizo para las chicas.

El concierto empezó a cerrarse con “Unleashing The Bloodthirsty” pero, obviamente, no podía concluir sin haber sonado antes “A Skull Full Of Maggots”. Anunciaron que la última canción sería “Hammer Smashed Face” para, a continuación de ésta, tocar “Stripped, Raped & Strangled” y entonces sí cerrar el repertorio. Aparentemente no hay muchos cambios respecto al setlist de ocasiones anteriores.

Un detalle que me gustó mucho fue que Fisher bajó del escenario una vez terminado el concierto y se dedicó a saludar a todas las personas que se acercaron, dedicando un buen rato a las personas que acababan de disfrutar de la actuación del grupo. El concierto acabó poco antes de las 22:45, tras una hora y media de Cannibal Corpse que a mí me dejó bastante satisfecho.

Mr. Big, 18 de septiembre de 2009

Mr. Big, 18 de septiembre 2009

Cuando Mr. Big dio su concierto en la sala Canciller en 1994 conocía unas pocas de sus canciones. Un par de años antes “To Be With You” había sido un gran éxito en Inglaterra, donde yo estaba internado por aquel entonces. También me sonaba “Wild World” pero más por la original de Cat Stevens que otra cosa. Sin embargo 15 años me dieron para apreciar los talentos tanto individuales como en conjunto de este grupo y la gira de reunión de 2009 me ha servido para disfrutar de un buen concierto que no me decepcionó.

Mi hermano y yo nos aseguramos un sitio no muy lejos de la mesa de mezclas, al lado derecho de la pista, donde intentaríamos molestar lo menos posible mientras disfrutábamos del concierto. Habiendo llegado poco antes de las 20:30 apenas tuvimos que esperar media hora, ya que el grupo salió a la hora anunciada a ritmo de swing. A pesar de lo incómoda que es La Riviera, tanto por el calor como por la isleta central con las palmeras, tuvimos bastante suerte con el sitio, sobre todo por el sonido.

Los primeros compases de “Daddy, Brother, Lover, Little Boy (The Electric Drill Song)” sonaron muy bien a mis (taponados) oídos. Los sonidos de la guitarra de Paul Gilbert se oían con bastante claridad, el tono del bajo de Billy Sheehan se podía diferenciar (con un poco de falta de definición) sobre la batería de Pat Torpey y la voz de Eric Martin sonaba con claridad en la mezcla.

El primer tema fue, a la postre, un adelanto de lo que para mí sería el resto del concierto: Paul y Billy espectaculares (con y sin taladradora), Pat muy sólido a la batería y Eric con la voz un poco cansada pero activo y con ganas de complacer. El setlist también estuvo dentro de mis expectativas, que continuó con “Take Cover” antes de entrar en “Green-Tinted Sixties Mind”. En esta canción se pudieron lucir durante un breve momento las voces de los cuatro integrantes del grupo, muy bien armonizados. La selección de canciones me pareció acertada, tanto por los temas como por su orden, manteniendo un buen ritmo a lo largo de todo el concierto.

La estupenda “Alive and Kickin?” precedió a la nueva – aunque compuesta en la etapa anterior del grupo – “Next Time Around”. Entre ambas canciones Paul y Billy pudieron lucirse un rato, mientras Eric y Pat descansaban unos segundos. Reconozco que tengo debilidad por ambos músicos y todo lo que hicieron me encantó pero puedo entender que ciertas personas hubiesen preferido más canciones y menos lucimientos. De igual manera, para unos la actitud de Eric sería demasiado poco sería mientras que a mí me pareció que estaba en su papel. Para gustos, los colores.

“Hold Your Head Up”, el otro tema nuevo, fue recibido con gusto pero no con el mismo entusiasmo que “Just Take My Heart”. Hubo que esperar hasta la octava canción de la noche para escuchar un tema del Bump Ahead, que sería “Temperamental”. Sin embargo, yo quiero destacar la curiosa “It?s For You”, con unas preciosas armonías de Paul, Billy y Pat. Entre las decenas de vídeos que debe haber de esta gira seguro que habrá alguno donde se pueda apreciar esta canción. Ya tienen deberes.

Aparte de acompañar en las armonías, Pat tuvo su momento protagonista con su sólo de batería, que fue seguido de “Price You Gotta Pay”. En esta canción Eric tomaría el traste del bajo de Billy para tocar su parte mientras el bajista utilizaba sus manos para tocar una armónica. Cabe señalar que, a estas alturas, la voz del cantante ya se notaba algo desgastada. Aparte de que ya no es ningún chaval, el calor de la sala pudo tener algo que ver también con su rendimiento, y vi tanto a Eric como a Billy aprovechar más de una ocasión durante las canciones para beber agua.

Como era de esperar, “Wild World” fue aplaudida, coreada y disfrutada por todo el público. “Take A Walk” precedió a un (como siempre) espectacular sólo de Paul que acabaría en dueto con Billy. Y, por eso de doblar, como colofón a la increíble muestra de virtuosismo dual, ambos músicos se armaron de guitarras (normal y bajo) con dobles mástiles con las que procedieron a lucirse con su técnica. Por si fuese poco, Pat y Eric hicieron las funciones de capodastros humanos. Todo un show para los amantes de la guitarra.

En concierto continuó con “The Whole World?s Gonna Know”, seguida de “Rock&Roll Over”, antes de dejar hueco al talento de Mr. Sheehan. El hecho de haberle visto con Vai no hizo que resultase menos impresionante.

Y, por si teníamos poco, llegó el turno de “Addicted To That Rush”. La canción iba a enfilar el final del concierto y el grupo hizo un parón para demandar la participación del público en lo que acabaría siendo un sesión de improvisaciones y versiones, incluido un trozo de “Highway To Hell” que hizo cantar a una sala llena hasta el aforo. Si quieren testimonio audiovisual estoy seguro que Google sabe dónde encontrarlo.

El concierto tuvo una buena despedida. Tras la salida en falso el grupo volvió a escena para cantar junto el público la ineludible “To Be With You”. A pesar del cansancio y el calor el ritmo aumentó para atacar “Colorado Bulldog”. A falta de un cuarto de hora escaso para que diesen las once de la noche, los cuatro músicos se retiraron otra vez, retomando las tablas nuevamente para terminar el concierto con “Shy Boy”.

Independientemente del factor nostalgia que hay en todos los conciertos de reunión yo disfruté de las dos horas de espectáculo y música lo suficiente como para repetir si la reunión dura.

Metallica, Lamb of God, Mastodon, 13 de julio de 2009

Habiendo comprado por primera vez una entrada de grada no sabíamos muy bien qué esperar. Se había montado el escenario en el centro del recinto y desde nuestra posición teníamos una buena vista del mismo, con ciertas pegas.

Mastodon

Los primeros en ocupar – con puntualidad – el escenario fueron Mastodon y en ese momento vimos lo desventajoso de nuestra colocación: todo el grupo estaba orientado hacia el lado contrario al que nos encontrábamos. Tomándolo por el lado positivo, tuvimos la oportunidad de apreciar mejor el impresionante trabajo de Brann Dailor a la batería, que además inauguró el repertorio cantando “Oblivion”, el primer corte de su último disco, “Crack The Skye”.

El sonido al principio no parecía demasiado bueno. Las guitarras de Bill Kelliher y Brent Hinds tenían un sonido un tanto sucio y poco definido, mientras que Troy Sanders pareció tener algunos problemas con su bajo durante la actuación. Las voces de Troy y Brent se podían oír pero eché en falta algo más de claridad en el sonido que nos llegaba a nuestro sitio. Al ir avanzando el concierto la mezcla del sonido mejoró bastante y, de todas maneras, la selección de temas era suficientemente reconocible como para poder seguir el concierto sin problemas.

Me sorprendió que tocasen “Blood and Thunder”, de “Leviathan”, en segundo lugar. Siendo, a mi entender, su tema más reconocible supuse que lo dejarían para el final de su setlist. Claro que, contando únicamente con treinta minutos, tampoco tenían mucho tiempo habría supuesto una gran diferencia. De hecho, su concierto pasó, a mi gusto, en un abrir y cerrar de ojos y antes de que nos diésemos cuenta ya habían atacado “The Wolf Is Loose” y “Crystall Skull” (de “Blood Mountain”) y habían vuelto a su último álbum con el tema homónimo, “Crack The Skye”.

Bill se paseó en un par de ocasiones por la parte “trasera” del escenario y Brent y Troy hicieron lo propio en algunos de los momentos que estaban liberados de su atadura al micrófono. Creo que el escenario les vino un poco grande y estoy convencido de que en una sala normal, con una distribución más convencional, su actuación habría resultado mucho más contundente. El tener una ventana de tiempo tan ajustada tampoco les favoreció y, tras los temas citados, sólo pudieron tocar “Iron Tusk” y “March Of The Fire Ants”, siendo este último tema el único sacado “Remission” en todo su corto repertorio.

Apenas unos saludos, que fue poco más de lo que pudieron hacer durante el concierto, y el grupo tuvo que desalojar para dar paso a la puesta a punto del escenario para los siguientes músicos. A pesar de todo me dejaron un buen saber de boca y si vuelven en otras condiciones intentaré ir a verles para disfrutar de una actuación suya como es debido.

El trabajo en el escenario se realizó de forma rápida y en el tiempo previsto estaba todo listo para el siguiente grupo.

Lamb Of God

Para Lamb Of God seguíamos estando a espaldas de la batería con lo que, siguiendo con el mismo enfoque positivo, pudimos apreciar desde un ángulo poco habitual el talento de Chris Adler. Sin embargo, ahora no había pies de micrófonos (ya que Randy Blythe no usa) y sobre el escenario había cuatro alfombras con el nombre del grupo, colocadas hacia cada esquina. Los músicos se repartieron sobre las alfombras mientras sonaba “The Passing” y empezaron el concierto propiamente dicho con “In Your Words”.

Todos se movieron bastante, siendo Randy el más activo, y tuvimos ocasión de ver bastante bien algún sólo de Mark Morton y Willie Adler y de apreciar la barba blanca de John Campbell :P . El sonido me seguía pareciendo turbio y muy descompensado. Los bajos tanto de la batería como del bajo no tenían definición y las guitarras no destacaban en los momentos que debían. El micrófono de Randy también habría agradecido algo más de volumen pero puede que todo esto fuese achacable a nuestra posición.

Tampoco hizo que disfrutase mucho menos de temazos como “Set To Fail”, que fue el tercer tema de la noche de “Wrath”. Randy estuvo bastante comunicativo y pareció agradado de encontrar algunos grupos de personas un poco más alocadas que otras. Por cierto, no quiero ni imaginar el calor que debía hacer en la pista. Donde estábamos nosotros no hacía mucho calor: todavía no había llegado todo el mundo y parecía estar todo bien ventilado. Sin embargo, Randy se echó varia veces agua por la cabeza y la concentración de gente en el gallinero junto con el calor del día me hace suponer que no debió ser un lugar muy cómodo esa tarde.

El repertorio de Lamb Of God también estaba restringido a un tiempo bastante limitado pero tuvieron tiempo de repasar su discografía con temas como “Ruin” de “As The Palaces Burn”, “Now You’ve Got Something To Die For” de “Ashes Of The Wake” y “Walk With Me In Hell” de “Sacrament”. Randy animó a la gente a corear y cantar, mientras que iba de un lado para otro del escenario, cruzándose con sus compañeros que intentaron cubrir todos los puntos que pudieron. Del último disco tocaron un tema más, “Dead Seeds” (lo que me deja con las ganas de escuchar “Grace” en directo), que precedió a “Laid To Rest”.

Hacia el final de la actuación pidieron un aplauso para Mastodon y para los cabezas de cartel de la noche, acompañando el saludo con un par de compases de temas de estos grupos. El concierto lo cerraron con “Redneck” y “Black Label”, que es el único tema de “New American Gospel” que cayó, y se llevaron una merecida ovación a su retirada.

Metallica

La espera para Metallica se hizo más larga de lo esperado. La casi media hora de retraso dio para ver al que parecía ser uno de los vástagos de Lars Ulrich “ayudando” a colocar las hojas del setlist sobre el escenario y para que el público se pusiese a hacer la ola. Hasta el momento el recinto no se había llenado pero a medida que se acercaba al hora programada del comienzo del concierto de Metallica los huecos se fueron rellenando.

Tras la espera se apagaron las luces y comenzó a sonar “The Ecstasy of Gold”. La salida de los integrantes del grupo a escena fue recibida con aplausos y gritos y cuando volvieron las luces el concierto empezó con “That Was Just Your Life”.

Ahora un pequeño inciso. Sé que es la gira de “Death Magnetic”. Sé que están muy contentos con el disco y las ventas y todo lo demás. Ahora bien, hay pocas cosas que justifiquen un repertorio donde hubo seis canciones del último disco, alguna de las cuales pasa de los ocho minutos. Y eso es lo que quería comentar y quitar de en medio antes de seguir con la crónica.

La mejoría en el sonido en comparación con los grupos anteriores se sintió desde el primer momento. La voz de James Hetfield sonaba clara y a un volumen alto, no dejándose comer por la batería de Lars que, para mí, estaba demasiado alta, sobre todo de bajos. El sonido de las guitarras tenía mucho más brillo y definición, algo que se podía notar tanto en la de Kirk Hammett como en la de Hetfield. Quizás el bajo de Robert Trujillo estaba un poco saturado pero de volumen estaba en “lo normal” para los bajos de Metallica: bastante bajo.

Si, a pesar de las carencias, el sonido ya estaba trabajado, donde se notó el dinero invertido fue en la presentación. El primer tema estuvo acompañado de un espectáculo de láseres para los que hubiese cambiado pocos sitios por el nuestro. Y no sería el único truco de la noche. Pero eso lo comento dentro de un par de párrafos. Cada uno de los seis micrófonos que había repartidos por el perímetro del escenario tenía su pequeño programa de luces y por encima del escenario varios operarios manejaban unos focos. Además había cuatro cajas con forma de féretros gigantes de las que colgaban algunas luces y que descendían en algunos momentos para hacer una especie de coreografía entre ellas.

Volviendo al repertorio, el concierto siguió con el último disco, tocando “The End Of The Line”. Le siguió “For Whom The Bell Tolls”, que fue el primer tema donde se notó que todo el público se sabía al dedillo cómo va la canción, y “Holier Than Thou”. Después se retiró el grupo y empezaron las explosiones.

Como viene siendo habitual, “One” llegó acompañado de un espectáculo pirotécnico, con una serie de deflagraciones cuyo calor nos llegó hasta a nosotros y me hizo pensar en los pobres operarios de los focos que estaban sobre el escenario. En este tema se cristalizaron los vicios y virtudes de la Metallica contemporánea: James con su buena voz y sus dejes, Kirk con su saber hacer y sus limitaciones, Trujillo sobrado hasta el desaprovechamiento y Lars que parece que le cuesta seguir el ritmo. Y la pirotecnia. Unas llamaradas que cambiaban de color al compás de la música emergieron en momentos señalados de la zona centro del escenario.

Siguieron con “Broken, Beat And Scarred”, dedicada a cada uno de los asistentes, y “Cyanide”. Aparte de las dedicatorias (hubo una para los teloneros) Hetfield soltó algunas de sus conocidas frases, preguntó por el último disco y se mostró bastante hablador. También se sintió en la necesidad de resaltar lo heavy de “Sad But True”, que fue el siguiente tema del concierto. Dentro de lo que no esperaba escuchar estuvo su verisón de “Turn The Page” a la que siguieron con más temas del último disco, “All Nightmare Long” y “The Day That Never Comes”.

Afortunadamente volvieron por derroteros más clásicos con “Master Of Puppets” y “Battery”, que animaron la recta final del grueso del concierto. Los sólos de guitarra que Kirk tocó entre temas, tanto a la eléctrica como a la acústica, no me impresionaron demasiado pero les sirvieron a los demás integrantes para descansar unos segundos e incluso para girar la plataforma del centro del escenario sobre la que se asentaba la batería.

El concierto “terminó” con “Nothing Else Matters” y “Enter Sandman” pero no tardaron en volver a salir para acabar propiamente. “Blitzkrieg” fue la otra versión escogida para la noche y, siguiendo con la evocación de los primeros tiempos del grupo, tocaron “Motorbreath” a continuación. El último tema de la noche, para el que James pidió que la gente se quedase sin voz de gritar, fue “Seek & Destroy”. El fin de fiesta lo acompañaron con globos hinchables negros con el logotipo del grupo que dejaron caer sobre un público encantado.

Toda la actuación duraría unas dos horas, tras las que el grupo se despidió individualmente con unas pocas palabras y procedió a repartir púas y baquetas entre los cercanos al escenario.

Hayseed Dixie, 8 de mayo de 2009

Hayseed Dixie, 8 de mayo de 2009

Gran concierto al que asistí el pasado viernes en la sala Caracol. Y eso que, habiendo llegado con media hora de adelanto sobre el comienzo de la actuación, parecía que iba a ser un poco embarazoso, ya que en la sala no había a esas horas ni veinte personas. Sin embargo, cuando rozaban las diez de la noche, la sala parecía haber cubierto su aforo.

Se abre el telón (no, no es un chiste) y aparece Hayseed Dixie, un cuarteto vestido de redneck que empieza a tocar “Breaking The Law”. La velada promete.

El sonido fue bastante decente, aunque a lo largo del concierto el bajo de Jake “Bakesnake” Byers tuvo algunos acoples indeseados y “Deacon” Dale Reno necesitó que se corrigiese el volumen del monitor de su mandolina hacia el principio. Aparte de eso, todos los micrófonos e instrumentos estaban muy bien mezclados. La voz de Barley Scotch (John Wheeler) se oía claramente, al igual que su guitarra y el violín que sacaba cuando la canción lo requería. Igualmente, podía oír el banyo de “Reverend” Don Wayne Reno sin ningún problema, con los tapones puestos.

La primera “no-versión” del concierto fue “Kirby Hill”, que fue seguida de “You Shook Me All Night Long”. John le imprimió un buen tono al concierto en los momentos en los que hablaba al público y se disculpó por no saber decir nada en español. “Trickle Down” fue la primera canción del “No Covers” que tocaron y resultó tan graciosa como los comentarios de “Barney” sobre la homosexualidad de los alienígenas, dada la aparente afición de estos a realizar sondas anales. Este comentario venía a cuento de “Alien Abduction Probe”, la siguiente canción que, según este foro, es una composición de Lonnie Wayne Flemmer.

Las presentaciones de las canciones las hacían aún más divertidas, como cuando el cantante introdujo “I Don’t Feel Like Dancin’” como una canción de Elton John para George Michael. John hizo que sufría un pequeño percance con sus partes pudendas al intentar cantar en el mismo registro que los interpretes originales del tema, diciendo que creía que esas personas no tenían lo mismo que él. El concierto continuó con “Walk This Way” y “Ace Of Spades”, siendo este segundo tema uno de los más aclamados de la noche.

Aunque todavía no he dicho nada la respecto, tengo que destacar el enorme talento musical que hay en Hayseed Dixie. Teniendo en cuenta el origen del grupo y que en su repertorio toquen canciones como “Hell’s Bells” cambiando las campanadas por toques en una botella de cerveza, es normal que muchos se queden con la impresión equivocada de que el grupo no pasa de ser una banda de versiones divertidas. Yo quiero dar testimonio de un grupo al que le sobra maestría con sus instrumentos y entienden lo suficiente de música como para coger una canción y convertirla en una nueva obra sin perder la esencia de la original. Sobre eso, además, son capaces de echar humor y dar un recital de buen rollo.

Y si alguien que todo es es fácil que pruebe a tocar su versión de “Black Dog” en directo y conseguir que el público acompañe entusiasmado. O a interpretar un pedazo de tema instrumental como “Blind Beggar Breakdown”. O, a continuación, emular la demostración la “prueba de fraternidad” entre Doyle y Don Wayne Reno, atacando el comienzo acelerado de “Foggy Mountain Breakdown” con la mano izquierda de Dale haciendo la digitación sobre el banyo de Don Wayne mientras este se encargaba de la mano derecha. Más tarde llegarían a tocar los cuatro de forma cruzada. Atrévanse y luego me cuentan.

“Detroit Rock City” fue la única canción de Kiss que tocaron, presentándola sobre la historia de un conductor borracho que acaba recibiendo su merecido. John habló de su vil abuelo, que fabricaba el mejor brebaje que él conocía, para dar paso a “Corn Liquor”, igual que explicó, en medio de “She Was Skinny When I Met Her”, que estar mejor “equipado” le habría venido bien para superar los excesos de la entrepierna de la mujer sobre la que cantaban :P . Siguiendo con la temática, “Fat Bottom Girls” fue el siguiente tema de la velada y a mí me gusto tanto o más que “War Pigs”.

La última “no-versión” fue “I’m Keeping Your Poop”, sobre la que John nos contó la historia de desamor que inspiró la canción. También rememoró como le cantó la canción a la mujer que le había roto el corazón… a las cuatro de la mañana, antes de acabar tirándose a la hermana de esta. “Holidays” sería la primera de las tres “últimas” canciones.

La preferencia de Dale por las mujeres con exceso de voluptuosidad fue el asunto expuesto por John que dio paso a “Whole Lotta Rosie” para, a renglón seguido, “cerrar” el concierto con “Highway To Hell”, canción en la que a John le saltó una cuerda de la guitarra. Tras esta canción, los cuatro músicos se retiraron rápidamente.

Al rato reaparecieron sobre el escenario, explicando que les parecía estúpido dejar al público esperando hasta que empezasen a pedir “one more song”, a lo que los asistentes respondieron coreando exactamente esa frase. La respuesta de John fue empezar a corear “TWO more songs”.

La primera de las propinas fue “Duelling Banjos”, un tributo al mítico Don Reno. Don, padre de Dale y Don Wayne, grabó con Arthur “Guitar Boogie” Smith el tema de este “Feudin’ Banjos” que más tarde aparecería con su nuevo nombre en la película “Deliverance” (conocida en estos lares como “Defensa”). El concierto terminó con “Will The Circle Be Unbroken”, no sin que antes John dijese que bajarían a pasar el rato con la gente y que había mercaderías que nadie estaba obligado a comprar pero cuya venta les reportarían algo de dinero para cervezas.

A pesar de que estuve tentado a quedarme para agradecerles el buen rato pasado supuse que ya habría suficiente gente que lo haría y me volví a casa, a escribir otra parrafada. Si es que no aprendo.

AC/DC, 2 de abril de 2009

Las pocas opiniones que leí al día siguiente del concierto en las versiones digitales de periódicos de tirada nacional se caracterizan, con la excepción de la de ABC, por dos cosas: abundancia de retórica poco informativa y errores en al menos uno de los títulos de las canciones citadas (mi favorito: “You shoot me all night long”, repetido hasta dos veces en éste artículo de ElPais.com). Que nadie se lo tome como un reproche: entiendo perfectamente que no son crónicas sino impresiones que, además, tienen que redactar en tiempo récord. Tampoco puedo criticar estos artículos, ya que yo hago exactamente lo mismo en mis “crónicas”. Por fortuna, este blog sirve para anotar mis apuntes e impresiones, no para informar.

Bueno, al tajo, que ya me he entretenido demasiado.

Aunque existía la posibilidad de aprovechar la entrada de pista para coger un buen sitio, no me coordiné bien y al final entramos tarde al concierto. Llegamos a ver 15 minutos de The Answer, que se me antojaron muy escasos. Nos colocamos al lado derecho de la mesa de mezclas, pegados a la grada para no molestar. Desde esa posición el sonido no era malo, aunque yo había perdido un tapón y estaba tapándome un oído como mejor podía. Afortunadamente, lo recuperé al encenderse las luces. Gracias a los que me ayudaron a buscarlo.

El ambiente era bastante bueno. En la zona en la que estábamos no había demasiada gente. Evidentemente, siempre hay algún capullo que confunde pasarlo bien con hacer el payaso pero los pobres no pueden remediarlo, son escasos. La gente se entretuvo durante la espera como mejor pudo, con alguna chica “animando” al personal desde la grada. El hilo musical de blues ayudó a pasar el rato.

Lo que ocurrió después fue un ejemplo de un plan ejecutado a la perfección. AVISO: si lo vais a presenciar, merece la pena no saber nada del concierto y disfrutar del espectáculo. Son las nueve y media y las luces se apagan. En la pantalla gigante central se muestra un corto de animación [02m51s] en el que los miembros de AC/DC aparecen como tripulantes de un tren que se dirige a la ciudad a toda máquina. Dos jóvenes de estilizada figura intentan detener la locomotora, empleando todos sus “talentos” contra un demónico Angus. Fracasan en su empeño y la locomotora se estrella con un gran estruendo, apagándose la pantalla. El monitor gigante se separa y una locomotora enorme surge sobre el escenario. Empieza el concierto con “Rock N’ Roll Train”.

Desde el primero momento todo resulta impresionante. La puesta de escena sólo es la guinda del pastel de una operación perfectamente medida: un escenario enorme, presidido por la locomotora, con una pasarela que se adentra hasta el centro de la pista y pantallas a los laterales con los detalles de la actuación. El sonido en nuestra posición (y con tapones) es perfecto. La batería suena clara, con un bombo grave pero que no hace retumbar el recinto ni ahoga el resto del sonido. El bajo se oye cuando se tiene que oír y las guitarras mantienen un nivel perfecto, complementando el del micrófono. Y, por supuesto, estaba El Grupo.

Cuatro viejos que dan la impresión de poder patearle el culo a quien se les ponga por delante salen al escenario para actuar como llevan haciéndolo durante años. Con un guión perfectamente estudiado, los australianos fueron atacando uno a uno los temas de un repertorio de casi veinte temas, entre los que había unos cuantos del disco de la gira. Quizás fueron los únicos puntos en los que el concierto bajo de intensidad. Por ejemplo, “Big Jack”, uno de los temas más animados del disco, palidecía tras “Hell Ain’t A Bad Place To Be” y “Back In Black”. Claro que con “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”, “Shot Down In Flames” y “Thunderstruck” una detrás de otra no había tiempo para relajarse.

Con todo, es posible que la gente de AC/DC lo tuviese previsto. “Black Ice” sirvió para aminorar el ritmo lo suficiente como para entrar en “The Jack” con el ánimo adecuado. Durante la canción varias chicas del público fueron enfocadas por las cámaras, incluida la chica de la grada que quería seguir “animando” a la gente. Yo me pregunto si las chicas señaladas por la cámara mostrarían el mismo entusiasmo si supiesen que la letra de la canción juega con la idea de que la chica protagonista del tema tiene gonorrea :P . En esta canción Angus aprovechó para hacer su ya tradicional strip-tease, hasta mostrar los gayumbos.

Brian Johnson se situó al final de la pasarela para poder coger carrerilla y saltar, colgándose de la campana que descendió sobre el escenario para marcar el inicio de “Hells Bells”. Se notó el esfuerzo del cantante en cada palabra de las canciones, lo que no le impidió clavar clásicos como “Shoot To Thrill”. Volvieron al último disco con dos temas seguidos. El primero, “War Machine”, estuvo acompañado de otra animación en la pantalla del escenario, con bombardeos de guitarras Gibson, una estatua gigante de Angus que andaba y tanques. “Anything Goes” no pudo competir con “You Shook Me All Night Long”, también acompañada de imágenes en las pantallas laterales. Para esta última Angus y Malcolm requirieron unos segundos para afinar las guitarras.

Con un concierto plagado de clásicos, la gente no paraba de corear, y el comienzo de “T.N.T.” no fue menos espectacular que la muñeca hinchable gigante que cabalgó la locomotora sobre el escenario al llegar el turno de “Whole Lotta Rosie”. Me hizo gracia que tuviesen a alguien molestándose en agitar la pierna de la muñeca para que ésta siguiese el ritmo de la canción.

Yo estaba ansioso por escuchar “Let There Be Rock” y no me decepcionaron. Aunque tenga una de las líneas de bajo más monótonas para Cliff Williams y Phil Rudd ya no haga los dieciseisavos en el charles, el tema sigue siendo espectacular. Gran arte del mérito la tiene Angus. La venda que llevaba en la rodilla se desprendió a base de ponerse de rodillas y por estar sudando como un pollo asado, que imagino sería por lo que llegaría a necesitarla previamente.

Ninguno de los componentes de AC/DC son músicos virtuosos y Angus no es una excepción. Tampoco son un grupo especialmente original, y los sólos de Angus no son piezas musicales innovadoras. Claro que, cuando se poner a correr por la pasarela hasta el centro de la pista y una grúa hidráulica lo eleva mientras no para de tocar, para tirarse sobre el suelo de la plataforma elevada y seguir tocando entre convulsiones, es difícil no quedarse con la boca abierta.

El guitarrista jugó con el público durante un buen rato antes de terminar la canción y “cerrar” el concierto. Evidentemente, nadie se movió de su sitio hasta que un humo iluminado con luces amarillas y rojas empezó a brotar del centro del escenario y Angus surgió entre la bruma, armado con un par de cuernos. Comenzaba “Highway To Hell” y el Palacio de los Deportes cantaba con el grupo mientras la locomotora escupía llamaradas. El final auténtico llegó con “For Those About To Rock”, con cañones montados sobre el escenario. Los petardazos que soltaron para despedirse retumbaron en todo el recinto (e hicieron alegrarme aún más de llevar los tapones puestos).

Dos horas de rock que no creo que decepcionasen a nadie. Seguramente se me haya escapado algún detalle en el que me fijé en su momento pero me van a tener que disculpar si es el caso. Cosas de la edad. :P

Priest Feast (Testament, Megadeth y Judas Priest), 15 de marzo de 2009

Con una semana de retraso por aquí dejo la crónica del concierto en La Cubierta de Leganés. Espero que la memoria no me patine mucho.

Conociendo de antemano el programa de la velada, nos planificamos para llegar después de la hora de apertura de puertas pero con tiempo suficiente para buscar un buen sitio en la plaza. Llegaríamos sobre las siete y veinte y nos encontramos con una cola kilométrica… y otra no tanto. Sin tener muy claro si había alguna diferencia entre una y otra aparte del tamaño nos pusimos en la más corta y esperamos un rato. No sé cómo sería en la otra cola pero en nuestro lado el acceso fue bastante rápido.

Una vez dentro pudimos subirnos un momento a la grada para ver el panorama con una cierta perspectiva y decidimos bajar a la pista a buscar un buen sitio. Como siempre, nos situamos en un lugar donde no molestásemos demasiado, delante de la mesa de mezclas, y estuvimos esperando un rato. Me alegró encontrarme con Santi e Isra y estuvimos charlando hasta poco antes de las ocho de la tarde.

Testament
A la hora programada, Testament salieron a escena. Habiéndoles visto recientemente no me importaba tanto que su repertorio se viese reducido a 40 minutos de reloj (había hasta un cronómetro para controlarlo). Lo que me reventó fue el sonido.

La Cubierta de Leganés es una pesadilla acústica. Con la bóveda cerrada, el retumbar de la batería apenas dejaba distinguir “Over The Wall”. La situación no mejoró con “The New Order” ni con “Souls Of Black” y yo todavía dudo si realmente escuché “Sins Of Omission” o fue un producto de mi cabeza golpeada por las ondas sonoras de la batería. De no conocer las canciones estoy convencido que no hubiese podido recordar más que un estruendo continuo. Benditos tapones para los oídos.

Gracias a los esfuerzos de Chuck, Alex, Eric, Greg y Paul, temas como “More Than Meets The Eye” o “D.N.R. (Do Not Resucitate)” resultaron medianamente inteligibles. El grupo lo echó todo en el escenario y el público intentó corresponder el esfuerzo con los coros de “3 Days In Darkness” y el tema que no podía faltar, “Practice What You Preach”.

Al igual que la vez anterior Chuck fue bastante comunicativo, a pesar de las restricciones de tiempo. A Alex, Greg y Eric les costo brillar a través de los problemas acústicos pero firmaron una buena actuación y Paul es una auténtica máquina de la batería. Con lo descompensado que estaba el sonido cualquier error hubiese sido aumentado desproporcionadamente pero esa noche estuvo impecable.

“The Formation Of Damnation” cerró una actuación en la que no tengo nada malo que decir del grupo.

Y ya puestos a buscar lo positivo de la velada, la puntualidad fue otro detalle a agradecer. Al igual que el concierto de Testament empezó a la hora anunciada, sólo hubo que esperar los veinte minutos previstos para el siguiente concierto. El cronómetro en esta ocasión marcaba sesenta minutos.

Megadeth
A pesar de los cabezas de cartel, yo había ido fundamentalmente a ver a Megadeth. Y fue durante su concierto que se produjo el milagro de la noche.

No sé si sería que abrieron la cúpula (aunque yo no me dí cuenta hasta bastante más tarde), que el técnico de sonido tras la mesa de mezclas era un genio o que Júpiter se había alineado con Marte. La cuestión es que el sonido fue inmejorable, teniendo en cuenta el sitio. Desde los primeros acordes de “Sleepwalker” la mezcla sonaba muy equilibrada (nuevamente, teniendo en cuenta el sitio). La batería tenía un nivel correcto, las guitarras tenían suficiente cuerpo y la voz de Mustaine se oía clara junto a los coros de Broderick y Lomenzo. Quizás el bajo estaba un poco escaso de volumen pero, tal y como había ido el concierto anterior, yo no hubiese tocado nada.

Con el cronómetro en marcha, el grupo se lanzó con “Wake Up Dead” y “Take No Prisoners” (ahí sí que oí bien el bajo). Mustaine no habló mucho, ni falta que le hizo: al llegar a “A Tout Le Monde” tenía la público cantando y botando en todo el recinto. El repertorio estuvo lleno de aciertos, como “Skin O’ My Teeth”, aunque yo hubiese sustituido “She-Wolf” por alguna otra canción. Cuestión de gustos.

Por cierto, me encantaron las guitarras de Dave y Chris. También me encantó ver como Chris Broderick, de quien Mustaine ha dicho recientemente que “es el mejor guitarrista que Megadeth ha tenido“, mostraba por qué Dave dice eso. A pesar de que “In My Darkest Hour” tampoco le dio espacio para lucirse, con el sólo de “Symphony Of Destruction” demostró que hay pocas cosas que se le resistan.

“Sweating Bullets” fue una grata sorpresa, ya que no la había oído en directo desde hace más de cuatro años. Con este tema, seguido de un espectacular “Hangar 18″, se encarriló el tramo final del concierto.

Tras una breve salida en falso (el reloj mandaba) llegó el turno de “Peace Sells” y su gran final, que dio paso, por supuesto, a “Holy Wars… The Punishment Due”. Las despedidas de Mustaine fueron respondidas con unos más que merecidos aplausos. Esperemos que su próximo disco, que debería salir por Septiembre, les vuelva a traer por estos lares pronto.

La media hora de preparativos sobre el escenario nos dio tiempo a comentar el concierto y descansar un poco la garganta. Costaría superar el recital de Megadeth. De hecho mucha gente optó por retirarse a las gradas, para estar algo más cómodos y alejarse de la polvareda que intentaban retirar del escenario.

Judas Priest
Haciendo gala de la puntualidad inglesa que caracterizó el programa de eventos de la noche, Judas Priest comenzaron su espectáculo una media hora después de las diez.

Mientras sonaba “Dawn Of Creation” pudimos ver el montaje del escenario, con dos torres (donde posteriormente se colocarían dos enormes banderas) flanqueando una puerta sobre la que estaba situada la batería. La salida del grupo con sus atuendos clásicos precedió la aparición de Halford, cubierto por un manto lleno de chapas metálicas, que se elevó desde el interior de una de las torres para empezar el concierto.

Si bien la puesta en escena resultaba impresionante, los temas del último disco, “Nostradamus”, no resultaban tan espectaculares, o al menos eso pensé mientras escuchaba “Prophecy”. “Metal Gods” volvió por los fueros más clásicos de los Priest e “Eat Me Alive” animó un poco más la velada.

El sonido volvía a ser cuestionable, al menos desde nuestra posición, sobre todo porque el sonido la batería de Scott Travis engullía y golpeaba todo el recinto. Con todo, las guitarras de Glenn Tipton y K. K. Downing se podían intuir tras el muro sónico de la percusión, y el bajo de Ian Hill retumbaba en los graves de la mezcla. A Halford se le oía pero me daba la impresión de que tenía que forzar mucho ciertas notas y se pasaron un poco con el efecto de eco en su micrófono.

“Between The Hammer And The Anvil” y “Devil’s Child” dieron paso a un esperado “Breaking The Law” (un tema que gusta especialmente en España, según Rob). Aunque “Hell Patrol” mantuvo un cierto nivel otro tema del último disco, “Death”, frenó demasiado el concierto. La salida en un trono de Halford, del que no se levantó apenas para cantar la canción, sólo contribuyó a la sensación de pesadez del tema. A pesar de todo había gente bastante emocionada, así que supongo que será otra vez una cuestión de gustos.

“Dissident Aggressor” y “Angel” no me ilusionaron tanto como cuando el telón de fondo, que había ido cambiando con los temas, mostró un enorme ojo, marcando el turno de “Electric Eye”. Para mí los clásicos fueron lo mejor de la selección de temas de los Judas, junto con el espectáculo que dieron. La moto hizo su aparición en el escenario y canciones como “Rock Hard, Ride Free” fueron bien recibidas. Dos clásicos seguidos, “Sinner” y “Painkiller” (con entrada en falso de Travis), cerraron el cuerpo de la actuación de los ingleses.

Volvieron al escenario al poco tiempo para tocar “Hell Bent For Leather” y un tema de Fleetwood Mac, “The Green Manalishi (With the Two-Pronged Crown)”. Halford disfrutó haciendo de director coral, a pesar de que el cansancio ya me hacía pedir que atacasen el siguiente tema.

“You’ve Got Another Thing Comin’” cerraba el concierto, con el grupo despidiéndose mientras echaban al público baquetas y púas. Sin embargo la noche depararía una pequeña sorpresa.

Los gritos y aplausos continuaban tras la salida del grupo, incluso cuando ya se habían retirado los micrófonos y las guitarras. Halford vuelve a salir a escena, visiblemente contento, y habla con el resto de integrantes del grupo. Travis se vuelve a colocar tras la batería y empieza a tocar un ritmo muy familiar mientras intentan recuperar el sonido de la guitarra de Downing. Cuando lo consiguen hace una señal y el grupo empieza con “Living After Midnight”, haciendo estallar el recinto con aplausos. El público empieza a cantar y el grupo regala un tema que no habían tocado en toda la gira. Como era de esperar, a estas alturas ya hay varios vídeos en YouTube de la sorpresa.

Tras este regalo el grupo se despide otra vez y ya no vuelve a aparecer, con lo que nos retiramos para intentar descansar un poco.

Y colorín-colorado esta crónica ha acabado.

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