Judas Priest, Motörhead y Saxon, 30 de julio de 2011
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Sep 11

Dándole una vuelta de tuerca a la expresión “más vale tarde que nunca”, tiraré de memoria para recopilar la tarde-noche del 30 de julio. Dada la fiabilidad de mi memoria, cuenten con más de una imprecisión.
Vista la hora de apertura de puertas calculé para llegar a la entrada de La Cubierta sobre las 18:00. Al salir me encontré con una cola más larga de lo que esperaba pero que al cabo de poco tiempo empezó a moverse a buen ritmo. Afortunadamente estuve acompañado de Isra y Esther, quienes hicieron que la espera fuese mucho más amena y a los que tengo mucho que agradecer. Al entrar nos situamos en la zona frente a las mesas de mezcla de los primeros grupos y vimos que ya había una buena cantidad de personas en el recinto. Por desgracia, la zona que escogimos tuvo bastante transito, sobre todo durante la primera actuación, y a veces resultaba bastante molesto tener que estar pendientes de hacer hueco a la gente.
No sé cuántas personas habría cuando empezó el concierto de Saxon. A pesar del calor y del retraso, la salida del grupo fue bastante bien recibida. Reconozco que no he escuchado su último disco pero eso no evitó que disfrutase de temas como “Hammer of the Gods”, con el que comenzaron su concierto. Habiéndoles visto hace un par de años me alegró comprobar que siguen estando en forma.
Lo que sí les perjudicó un poco fue el sonido, al menos como yo lo oí. Aunque La Cubierta con la ídem retirada es un espacio abierto y su acústica no es ideal en mi opinión el volumen estaba demasiado alto. Al nivel que se escucharon “Heavy Metal Thunder” o “Never Surrender” no se apreciaban bien los instrumentos, envueltos en una onda de sonido empujada por la batería. Incluso el sonido del micrófono de Biff Byfford parecía algo saturado.
Con todo, una vez hechos a la idea de que el sonido jugaba en contra del grupo, sí que se pudieron disfrutar canciones como “Chasing the Bulltet”, la clásica “Motorcycle Man” y “Back In ’79″. Siendo todavía de día, el calor se dejó notar ligeramente a lo largo del concierto. El tráfico hacia las barras, varios tendidos más allá de donde nos encontrabamos, fue un buen indicador de la sed que se estaba pasando en la arena. Supongo que el grupo también tendría que tirar de algún refresco, aunque fuese durante el sólo de batería tras “Demon Sweeney Todd”.
Si en el escenario estaban incómodos o cansados no dejaron que se notase. Todo el grupo estuvo muy activo, animando a los que estabamos con “Call To Arms” o con Biff explicando que la inspiración de la canción “And The Bands Played On” son los conciertos del primer Monsters of Rock. Y eso que el concierto fue moderadamente largo. Siendo los teloneros era obvio que no tendrían mucho tiempo pero consiguieron tocar “Crusader”, “Princess of the Night” y “Denim and Leather” antes de tener que terminar su concierto con “Wheels of Steel”.
Con un merecido aplauso y más gente en el recinto que al principio, los Saxon se retiraron y dejaron que comenzasen los preparativos para el siguiente concierto.
Como era de esperar, la aparición de Motörhead fue recibida con entusiasmo. Con los primeros compases de “Iron Fist” quedó claro que este grupo sigue levantando pasiones a pesar de – o quizás gracias a – su dilatada carrera. Poco antes del concierto me había leído White Line Fever, la biografía de Lemmy, (otro gran regalo, tampoco merecido) y resulta interesante ver reflejado en un conjunto de canciones parte de la historia del personaje y del grupo. El repertorio tuvo de todo un poco, desde temas ya clásicos. como “Stay Clean”, hasta canciones de su último disco, como “Get Back In Line”. Y siempre fieles a un estilo y un sonido que rezumaba toda la actuación del grupo, a través de “Metropolis”, “Over The Top” o “One Night Stand”.
Y hablando de sonido, de nuevo me pareció mejorable. Ya sé que con Motörhead debe ser “everything louder than everything else” pero en varias ocasiones era más fácil seguir los temas por los ritmos de la batería de Mikkey Dee que por la guitarra de Campbell o el bajo de Lemmy. Afortunadamente la voz del cantante se podía oír pero el trabajo del guitarrista no se pudo apreciar tan bien durante el concierto como cuando hizo su sólo. No sé si será un tema de acústica, así que me imagino que en otra ocasión tendré que probar desde otros puntos
Quejas aparte, el concierto fue muy entretenido. No se puede decir que Lemmy sea el tipo más animado sobre las tablas pero al grupo le basta con la música para desatar al público. Con temas como “The Thousand Names of God” o “I Know How To Die” tampoco es que haga falta mucho más que un muro de amplificadores para dar un buen espectáculo. Claro que también hubo momentos de lucimiento, como el sólo de guitarra mencionado antes o el de batería que vino después de la contundente “In The Name Of Tragedy”.
Con una producción discográfica considerable a sus espaldas y el público deseando más, cualquier concierto de Motörhead se puede hacer corto. El consuelo es que antes de terminar uno puede disfrutar de temazos como “Going To Brazil” y “Killed By Death”. Evidentemente no podía faltar “Ace Of Spades”, por muy trillada que la tengan, y “Overkill” siempre será una buena manera de terminar una actuación, a pesar de los fallos técnicos de último minuto con la guitarra de Campbell.
Tras los saludos y despedidas pertinentes, habiendo dejado claro por qué se presentan con “We are Motörhead and we play rock and roll”, los tres músicos se retiraron a acompañar a al menos una mujer ataviada de forma bastante reveladora que había estado a un lado del escenario viendo la actuación. Saben con quién juntarse.
Algo más tarde de lo que esperaba comenzó el concierto de Judas Priest. Ya era de noche y en el hilo musical empezó a sonar “War Pigs” de Black Sabbath. Siempre resulta un detalle curioso la forma en que los grupos deciden salir al escenario. Todavía recuerdo esos conciertos de In Flames con “Soul Bossa Nova” de Quincy Jones And His Orchestra hace más de diez años o, más recientemente, los conciertos de Iron Maiden y Twisted Sister en el Sonisphere. Igualmente curioso es que después de la canción de introducción el hilo musical marcase el verdadero inicio del concierto con “Battle Hymn”.
Y, tras esta doble introducción, salieron los cabeza de cartel, disparando con “Rapid Fire”. Un recinto con las localidades agotadas y el espacio reservado en las gradas ensanchado para acomodar con algo más de holgura a los asistentes se puso en pie para recibir la descarga de sonido y luces que el grupo traía preparada. Un escenario con elementos reminiscentes de una fundición se iluminó mientras láseres dibujaban patrones en el aire de La Cubierta. Junto con los efectos pirotécnicos, el concierto fue también un auténtico espectáculo visual. Una buena presentación, diría yo, digna de auténticos “Metal Gods”.
Al igual que en los conciertos anteriores, el volumen estaba a unos niveles algo excesivos. Puede que ese día estuviese algo más susceptible pero por lo general creo que el sonido hubiese salido beneficiado con una mezcla algo más comedida y equilibrada. Los bombos de la batería retumbaban, mientras que el sonido del bajo apenas se podía percibir en los extremos más graves del espectro. Las guitarras no tenían la definición que temas como “Heading Out The Highway” requieren para percibir algo más que los acordes, mientras que la voz de Halford sólo destacaba en los registros más agudos. Quizás “Judas Rising” o “Starbreaker”, canciones con un ataque más directo, puedan disfrutarse plenamente a pesar de estas deficiencias, pero cuando se llega a “Victim of Changes” hace falta algo más de sutileza en el sonido para hacer justicia a la dinámica del tema. Con todo, esto no deja de ser mi opinión.
Después de “Never Satisfied” llegó uno de los momentos que más me gustaron de la noche. Sobre el escenario aparece una guitarra acústica y yo pienso que van a tocar cierto tema del “Stained Class”. Sin embargo, presentan y empiezan con “Diamonds and Rust”, la versión de la canción de Joan Baez. Richie Faulkner, el sustituto en tareas a la guitarra y atuendo de K.K. Downing, acompaña a la guitarra a un Rob Halford que, sin necesidad de estridencias, borda una interpretación elegante e intensa. Sin necesidad de sobreponerse a un enorme barullo sónico, los músicos dejan ver la técnica y el gusto por los que están en el lugar ocupan. Incluso cuando la versión vuelve al galope al ritmo e interpretación del “Sin After Sin” el sonido parece haberse moderado ligeramente. Tengo que buscar si tienen alguna grabación buena de esta versión semi-acústica, porque me pareció estupenda.
Lo cierto es que el repertorio de este concierto me gustó más que el anterior en el que estuve. Nostradamus nunca ha sido uno de mis discos favoritos (incluso cuando sonaron “Dawn of creation” y “Prophecy” no puedo decir que me emocionasen) y en la última gira era lo que venían a presentar. En esta ocasión pudieron recrearse en más clásicos como “Night Crawler”, “Turbo Lover” o “Beyond the Realms of Death”.
A estas alturas tengo que hacer un parón. No sé a qué se debería pero tuve la primera “pájara” en un concierto (¿la edad?, ¿el calor?, ¿la falta de hidratación?, ¿todas las anteriores?, ¿ninguna de las anteriores?). Así que tuve que sentarme sobre la arena de La Cubierta para no caer redondo. Aquí sí que es cuando tengo que agradecer a Edu y sobre todo a Isra y Esther, que me procuraron algo de agua y hielo para que me repusiera mientras les daba un susto que les fastidió “The Sentiel” y “Blood Red Skies”. Cuando llegó el turno de “The Green Manalishi (With the Two Pronged Crown)” estaba algo mejor pero apenas pude disfrutar de “Breaking the Law”, cantado integramente por el público, y tuve que hacer una escapada a la barra durante “Painkiller” para comprar algo más de agua y hielo.
Y es una pena que me quedase tocado, porque el final fue de traca. Más llamaradas y láseres en el escenario, la moto de Halford, la gente disfrutando y temas que no podían faltar como “The Hellion” y “Electric Eye”, “Hell Bent for Leather” o “You’ve Got Another Thing Comin’”. Halford tuvo algunas palabras durante el concierto pero hacia el final se volvió a extender, como en ocasiones anteriores, con lo más parecido a una pequeña clase de canto que se puede tener en un concierto jebi. Una última retirada en falso y, muy pasada la medianoche, “Living After Midnight” cerró una gran actuación.
Y con esto nos fuimos corriendo para el tren, intenté disculparme ante Isra y Esther por la mala jugada y nos volvimos cada uno a nuestra casa en los últimos trenes del Metro, hasta que nos volvamos a ver.
Sonisphere Festival, 16 de julio de 2011 (III)
11:51
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Ago 11
No sé hasta que punto compensó la opción de tener un único escenario. Entiendo que tener dos escenarios, como el año pasado, conlleva un coste mayor y requiere un mayor esfuerzo para la organización. Sin embargo, teniendo un escenario el esfuerzo se trasladó a los encargados de preparar cada concierto con un tiempo bastante limitado. Con un horario tan acotado es justo reconocer la labor de los trabajadores para que los sucesivos grupos pudiesen al menos salir a tocar, aunque en muchos casos las condiciones del sonido no fuesen las mejores.
Todos los conciertos que había visto habían empezado aproximadamente a su hora pero retirar los bártulos de los cabezas de cartel llevó más tiempo del previsto. Ahí es donde se rompió el ritmo del festival y, con una espera más larga de lo prevista, hubo gente que optó por retirarse. Mientras tanto, el sonido de la carpa llegaba hasta la zona de los conciertos, algo que por desgracia se pudo apreciar también durante algunas actuaciones.

Lo siento por los que se fuesen, porque el espectáculo de Twisted Sister mereció la pena. Al igual que para sus precursores, el comienzo del concierto se anunciaba a través del hilo musical, en este caso con “It’s a Long Way to the Top (If You Wanna Rock ‘n’ Roll)”. En el escenario sólo se podía ver el equipo de los músicos y una sábana gigante con el logo del grupo cuando estos salieron por fin. Desde que empezó a sonar “What You Don’t Know (Sure Can Hurt You)” dejaron claro que, a pesar de unas pintas algo más conservadoras, siguen siendo los mismos macarras que eran en sus tiempos mozos. Y es que, como dice su canción “The Kids are Back” y quisieron hacerse notar.
A pesar de su posición delicada en el horario del festival los de Nueva York no se achantaron, mostraron su voracidad con “Stay Hungry” y demostraron que estaban dispuestos a derribar a sus “competidores” en el cartel con grandes interpretaciones de temas como “Shoot ‘em Down”. Todo ello a pesar de varios problemas con el sonido, especialmente en los monitores de Dee Snider, aunque desde yo lo oí sonó todo muy bien. El cantante llegó a apartar de una patada uno de los monitores y se retiró tras los amplificadores en más de una ocasión para dar indicaciones y también para echarse algo en el pelo. Y es que, por muchas dificultades que haya, “You Can’t Stop Rock ‘n’ Roll”.
El grupo tuvo una gran actitud y presencia en el escenario. A pesar de no ser ningunos chavalines dieron un buen espectáculo, especialmente Mendoza y Snider. A medida que avanzaba el concierto las presentaciones de temas como “The Fire Still Burns” se hacían más largas y eran siempre acompañadas de aplausos. Claro que, como era de suponer, uno de los temas mejor recibidos fue “We’re Not Gonna Take It”, coreado de principio a fin, con la invitación de Snider (y la colaboración de Eddie Ojeda) de cantar la “versión” castellana, “Huevos con Aceite”. Aquello fue apoteósico.
Como decía, el cantante fue bastante comunicativo, marcándose algún que otro pequeño discurso como el que montó contra programas de tipo Idol (el modelo anglosajón para Operación Triunfo y similares), criticando como chavales con unas semanas de “duro trabajo” (dicho con mucha sorna) agradecían a sus “fans” el apoyo, en contraposición a grupos como Twisted Sister, que mantenían a sus miembros originales (puso otros ejemplos, metiendo la gamba con Iron Maiden entre otros), con décadas de carrera. Habló de cómo los seguidores españoles eran una de las razones por las que el Sonisphere sería uno de los 15 conciertos que darían en el año. Los aplausos del público debieron complacerle.
El concierto siguió con “The Price”, para el que el cantante pidió que se sacasen a relucir las luces de los móviles. Antes de empezar el siguiente tema el escenario se quedó a oscuras y cuando se volvió a ver algo un único foco rojo iluminaba la cara de Dee Snider en contrapicado. Esta entrada para “Burn In Hell” fue lo más elaborado a nivel de luces que se vería en su concierto, cosa que a mí me gustó bastante. Con todos los miembros del grupo bien visibles en todo momento se llegó a “I Wanna Rock”, con el coro cambiado hacia el final por el cantante por “I Wanna Fuck” para los que les gustase más darle una alegría al cuerpo que roquear. Snider se lo pasaba de lo lindo, diciendo que a ellos también les gustaba e hizo la gracia de empezar a desabrocharse el cinturón. Habría sido un gran final del concierto pero al poco de retirarse los músicos empezó a sonar la introducción de “Come Out and Play”, que tocaron antes de terminar de verdad con “S.M.F.”, no sin haberse llevado alguna instantánea desde el escenario para ilustrar en casa a lo que se refieren cuando hablan de los públicos europeos.
Un gran concierto que me dejó tan animado que me atreví a quedarme para ver a Uriah Heep. No puedo ir más allá de decir que se me hizo muy agradable y que disfruté de temas como “Return to Fantasy”, “Look at Yourself” o “Easy Living” (habría sido una pasada escuchar “The Wizard”), y que a pesar del cansancio acumulado el concierto se me hizo bastante corto. Lo cierto es que ya estaba muy cansado y en cuanto se despidieron yo hice lo propio y me fui a casa.

Sonisphere Festival, 16 de julio de 2011 (II)
07:07
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04
Ago 11

Tras haber descansado lo suficiente volví para llegar poco más o menos al final del concierto, donde me reuní con Emilitros y María, quienes hicieron la espera y el resto de la jornada mucho más agradable.

Por fin llegó el momento de Iron Maiden. El Sol ya no molestaba y era evidente que mucha gente había venido ex profeso a ver este concierto. A pesar de no estar cerca del escenario no había mucho hueco para moverse. No es que fuese agobiante pero sí era molesto cada vez que alguien tenía que moverse a otro lugar y hacía que los demás nos tuviesemos que apartar. Pero bueno, era de esperar.
Sobre el escenario se habían colocado varias estructuras tapadas con sábanas negras. De fondo empezó a sonar la versión de “Doctor, Doctor” como hilo musical y, al terminar, se retiraron las sábanas y se pudo ver lo que parecía la entrada a una base espacial. En el fondo se desplegó una sábana decorada con un motivo espacial como el del último disco y empezó a sonar “Satellite 15… The Final Frontier”. La reacción del público fue inmediata, aplaudiendo y cantando.
Lo primero que tengo que decir es que los temas del último disco funcionan en directo, al menos los que tocaron. Ya había dicho que sus últimos trabajos no son de mis favoritos pero en concierto suenan muy bien. En particular me gustó como sonó “El Dorado”, que no me había llamado la atención antes. Probablemente sea tanto por el entusiasmo del público (creo que todo el mundo cantó en todas las canciones del repertorio) como por el sonido que tenían. Claro que colaron “2 Minutes to Midnight” antes de seguir con “The Talisman” y “Coming Home” para aportar un poco de variedad.
Antes de seguir y hablando de sonido, me llama la atención que hasta en esto se hace notar que Steve Harris es el jefe. Con tres guitarras a su lado su bajo se oía bien definido y en muchas ocasiones mejor que a los demás. Me encantó el volumen de toda la batería, que se oía bien sin retumbar el bombo. Y todo esto dejando hueco para la voz de Dickinson. No voy a decir que fuese perfecto (las guitarras se perdieron un poquito) pero sí que me gustó como sonó.
Pero sin duda lo más trabajado, aparte de la música, fue la presentación. Si bien el montaje era más elaborado que el de cualquiera de los demás grupos tampoco es que fuese algo excesivo y no coartaba los movimientos de los músicos. Y aunque Steve Harris no duda en tomar con su bajo la posición central sobre el escenario son los brincos de Janick Gers los que llaman la atención. Sus aspavientos eran tales que me pregunté más de una vez cuántas guitarras se carga al año con sus cabriolas. En comparación, Adrian Smith y Dave Murray parecían estar parados. De fondo, Nicko McBrain saludaba al público a través de las cámaras alrededor de su batería.
Bruce Dickinson es un punto y aparte. Puede que alguno vea en la actuación de Iron Maiden como grupo y de Dickinson en particular un espectáculo demasiado estudiado. Sea o no el caso, yo creo que lo hacen a la perfección. Cuando termina de sonar “Dance of Death ” y empieza “The Trooper” gran parte de la ovación se debe a toda la actividad del cantante sobre el escenario junto con una buena presentación: uniforme de soldado y banderas del Reino Unido (la primera se rompió) ondeado delante de una sábana gigante con Eddie como “The Trooper”. Hablando de banderas, Dickinson reconoció más de una entre el público y saludo a las personas que habían venido de fuera a verles.
Hubo varios cambios de sábana gigante trasera, como cuando comenzó a sonar “The Wicker Man”. Del mismo disco que esta canción tocaron “Blood Brothers”, con buen acompañamiento del público, antes de pasar por última vez por su último disco con “When the Wild Wind Blows”. Este tema es de los que sí se me había quedado al escuchar el disco y en directo me gusto por igual. Claro que no puede competir con “The Evil That Men Do” si al grupo le acompaña/ataca entre tanto un Eddie de unos tres metros de alto, equipado con cámaras en su cabeza que retransmitían a las pantallas gigantes a los laterales del escenario y que llegó a estar armado con una guitarra hacia el final de su aparición.
Y, ¿cómo se supera eso?, preguntaréis inquietos. Pues fácilmente, os diría la Dama de Hierro: tocando “Fear of the Dark” y “Iron Maiden” y sacando con esta última una cabeza gigante de Eddie tras el escenario. Aparte de girar a uno y otro lado, la cabeza también podía abrir y cerrar su gran boca y unos dedos gigantes se movían sobre la plataforma más elevada del escenario. En directo resulta bastante más espectacular que viéndolo en una pantalla (o leyéndolo).
Si el grupo se hubiese retirado definitivamente ya habría sido un buen concierto pero sólo desaparecieron unos instantes para volver a salir y tocar “The Number of the Beast”. Por eso de seguir dando espectáculo, esta vez fue un demonio animatrónico el que decoró la parte trasera del escenario. La voz de Dickinson mantuvo bien el nivel a lo largo de todo el concierto y cuando llegaron a “Hallowed Be Thy Name” demostró que tiene cuerda (vocal, badumchass) para rato.
Por desgracia, la actuación tenía que terminar, no sin que antes tocasen “Running Free”, se presentasen e invitasen al público a corear por última vez hasta la próxima ocasión.
Mientras el hilo musical con “Always Look on the Bright Side of Life” [03m19s] competía con lo que se oía de la carpa de los pinchadiscos nos sentamos a esperar al siguiente grupo.
Sonisphere Festival, 16 de julio de 2011 (I)
07:07
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03
Ago 11

Habiendo visto que el día iba a estar igual de despejado que el anterior, si acaso con algo más de calor, después de aparcar el coche volví a embadurnarme de protector solar y me dirigí al recinto del evento. A lo lejos se oía la actuación de Hammerfall (tiene su cosa que se oiga casi mejor la música desde fuera del parque del festival) y hasta que llegué y encontré un hueco donde no molestaba pude escuchar algún tema, que tampoco estuvo mal para pasar el rato.

El Sol pegaba fuerte cuando Mastodon subió al escenario. Habiéndoles visto únicamente una vez y de espaldas como teloneros de Metallica me apetecía ver un concierto suyo apropiadamente. Sin embargo, las condiciones meteorológicas no creo que fuesen las más propicias. Al calor se unía un viento que traía consigo más polvo en el aire y distorsionaba el sonido. A pesar de las condiciones, yo diría que lo hicieron bastante bien, llevados sobre todo por la energía de Troy Sanders. Desde que comenzó a sonar “Iron Tusk” fue el más activo y el que parecía estar más metido en la actuación. Y hablando de temas, el repertorio sí que me sorprendió un poco. Me lo esperaba más orientado hacia el último trabajo pero casi para empezar tocaron tres canciones del “Remission” seguidas, “March Of the Fire Ants”, “Where Strides The Behemoth” y “Mother Puncher”, y después saltaron a “Circle of Cysquatch”.
Los dos guitarristas estuvieron un poco parados (¿demasiado calor quizás?) pero no puedo decir que fuese una mala actuación por su parte. El que sí tuvo que pasarlo algo mal fue Brann Dailor, por todo lo que debió requerir el repertorio elegido con la temperatura ambiente. No me quiero imaginar lo que tiene que costar tocar “Aqua Dementia” con ese calor y espero que al menos estuviese bien ventilado. Hablando de viento, el sonido podría haberse mejorado un poco, en particular afinando un poco la distorsión de las guitarras (“Crack The Skye”, la única en el repertorio de su último disco de estudio hasta la fecha, me sonó sucia, áspera, poco definida), pero reconozco la complicación de equilibrar adecuadamente todos los elementos de la mezcla en un festival al aire libre y más aún cuando hace algo de viento. De todas formas no puedo decir que el sonido les perjudicase en exceso, ya que sonaron bastante contundentes. Me parece también que eligieron más de un tema teniendo en cuenta el contexto, como “Crystal Skull”, aunque me despistaron un poco con “Bladecatcher” tocada antes de “Colony of Birchmen”.
Acabaron el concierto con “Megalodon” y, por supuesto, “Blood and Thunder”. Las sensaciones no fueron malas en conjunto pero me da la impresión que deben ganar puntos en salas o, al menos, en algún sitio algo más recogido y fresco. Ya que en unos meses habrá nuevo disco quizás se de la posibilidad más pronto que tarde de comprobarlo.

Apocalyptica es un grupo cuyo directo me despertaba cierta curiosidad. No les había visto nunca y desde hace años la gente me venía diciendo “es como un karaoke de metal”. Ahora entiendo lo que querían decir y me uno a la descripción. Es verdad que tienen temas propios (véanse los temas que abrieron su recital, “2010″ y “Grace”), para alguno de los cuales requirieron a un cantante junto a ellos, pero fue evidente que las mayores reacciones se produjeron cuando sonaron temas como “Master of Puppets”.
Sin embargo no pretendo quitarles ningún mérito. Con tres violoncellos y una batería sobre el escenario realizaron una actuación tan intensa y válida como la de sus compañeros de cartel. Y el cantante, Tipe Johnson de los Leningrad Cowboys, realizó un buen trabajo con canciones como “End Of Me” o “I’m Not Jesus”. Además tuvo la ventaja de ser quizás el único que no sufrió algún problema con el sonido. Al principio Paavo Lötjönen tuvo problemas con el micrófono de su violonchelo, mientras que los de sus compañeros se perdían un poco bajo el sonido de la batería, algo que se fue arreglando a medida que avanzaba el concierto. Hablando de ventajas, el cantante también tuvo al oportunidad de retirarse del escenario y resguardarse, mientras que sus compañeros finlandeses tenían que tocar al sol.
Con el cantante fuera de escena, el público se encargó de cantar temas como “Nothing Else Matters” y “Seek & Destroy” de Metallica o corear la “Inquisition Symphony” de Sepultura. Tras tocar otro de sus temas originales, “I Don’t Care”, y hacer las presentaciones de los miembros del grupo, el concierto terminó con su interpretación de “In the hall of the Mountain King”, tras la que recibieron un merecido aplauso y se retiraron. Si les vuelvo a ver compartiendo cartel con algún grupo más que me pueda interesar iré a verles sin duda alguna.
Con el calor que estaba haciendo y vista mi experiencia anterior con Dream Theater, hubiese hecho falta algo más que la incorporación de Mike Mangini como sustituto de Mike Portnoy para que me quedase. Puede que otros aguanten las jornadas enteras del festival pero yo soy un enclenque. Repetí la jugada del día anterior, sólo que esta vez me fuí al coche para echarme un rato. Al igual que a la llegada, a un kilómetro del escenario en línea recta (más o menos) pude escuchar suficientemente bien la mayor parte del concierto. De todas maneras no comentaré porque tampoco presté mucha atención.
Sonisphere Festival, 15 de julio de 2011 (II)
07:07
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02
Ago 11

Arch Enemy era uno de los grupos que estaba dispuesto a “sacrificar” para no machacarme demasiado pero al final me pudo la curiosidad. La última vez que les vi no me desagradaron (aunque tampoco me sorprendieron) y, ya que en esa ocasión vi un concierto recortado, tenía interés por ver qué tal lo hacían esta vez. Tras sonar “Khaos Overture” empezaron el concierto con “Yesterday is Dead and Gone”, el primer single de su último disco, “Khaos Legions”, y tampoco es que me entusiasmase en directo. Aunque había bastante gente que respondía con ganas a canciones como esta, “Revolution Begins” o “Bloodstained Cross”, a mí me dejaron algo frío. Es verdad que a lo largo de gran parte de la actuación tuvieron bastantes problemas con el sonido, especialmente Chris Amott, quien tuvo que desaparecer del escenario más de una vez para ver qué estaba pasando, y eso les perjudicó bastante.
No se puede decir que no le echasen ganas: Angela Gossow estuvo muy animada e intentó contagiar al público de principio a fin, mientras que los demás integrantes del grupo se mostraron cómodos delante de la gente, problemas técnicos aparte. Simplemente, mi impresión de su repertorio fue algo irregular. “My Apocalypse” no es uno de mis temas favoritos pero me parece que sonó bien, al igual que “Ravenous” (que sigue gustándome tanto como hace diez años), pero cuando volvieron a canciones más recientes, como “Under Black Flags We March” o “No Gods, No Masters” me parecían algo “flojos”. El final con “We Will Rise”, “Nemesis” y “Snow Bound” me pareció coherente con el resto del repertorio y tampoco me dejó mal sabor de boca (aparte del sabor a polvo y paja que estabamos respirando). No me arrepiento de haber visto este concierto pero tampoco me motiva para volver a verles próximamente. Quien sabe, quizás si el próximo disco me gusta más…

El plato fuerte del viernes era Slash y se notó. Aunque no resultaba agobiante, había bastante gente y era de agradecer que ya hubiese anochecido y no hiciese tanto calor. También fue de agradecer que se mantuviese con cierto rigor el horario de las actuaciones, razón por la que no pasó demasiado tiempo hasta que la gente empezó a aplaudir por la salida a escenario del guitarrista, seguido desde el primer momento por un foco. De hecho, salvo contadas excepciones y algún despiste los focos estuvieron continuamente sobre Slash y el cantante que se había traido, Myles Kennedy. Así que desde que empezó a sonar “Ghost” todo el mundo pudo ver bien a los protagonistas del concierto. De los Knuckleheads, el grupo que acompañaba a los dos músicos, se vió poco, manteniéndose en la penumbra casi todo el rato. Por una parte es comprensible, la gente va a ver a “Slash with Myles Kennedy”, pero tampoco habría estado de más reconocer un poco a los músicos acompañantes. Sobre todo porque hicieron un buen trabajo, tanto con los temas nuevos como con canciones como “Mean Bone” (de Slash’s Snakepit) o “Sucker Train Blues” (de Velvet Revolver).
Y lo mismo se puede decir de los encargados del sonido, que dificilmente se habría podido mejorar teniendo en cuenta las restricciones de tener un único escenario, al menos desde donde yo lo estaba escuchando. “Nightrain” sonó de lujo (dadas las circunstancias) y los técnicos hicieron posible que se pudiese apreciar la excelente labor que realizó Kennedy – “Rocket Queen” fue uno de los puntos a destacar de su actuación – mientras que la guitarra de Slash ganaba peso en los momentos oportunos, sin ahogar a la otra guitarra o al resto de integrantes del grupo, como durante “Civil War”. Evidentemente los temas de Guns N’ Roses fueron los más aclamados, cantados y aplaudidos, y el repertorio fue generoso en el apartado nostálgico sin dejar de lado canciones de su material más reciente. De hecho, encadenaron “Back From Cali”, “Promise” y “Nothing To Say” antes de llegar a “My Michelle”.
“Slither” marcó el comienzo del final de la actuación. Volviendo un momento sobre el sonido, en la base quizás echase de menos un poco más de nivel para el bajo, aunque pudo escucharse con claridad en canciones como “Sweet Child O’ Mine”. La batería tenía tanto un volumen como un sonido muy bien medido. Cuando llegaron al cierre del concierto y empezó “Paradise City” el grupo sonaba igual de bien que al principio de su actuación, con el público acompañando en todo momento. En definitiva fue un buen concierto y no creo que decepcionase a mucha gente. De los protagonistas sólo puedo decir que su actuación fue impecable. Myles Kennedy es un buen cantante e hizo que me arrepintiese de haberme perdido el concierto de Alter Bridge. Y a Slash no le puedo poner ninguna pega: su tono, su forma de frasear, su presencia sobre el escenario y el repertorio que eligió fueron todo lo que hubiese podido esperar. Sólo habría podido ser mejor con más canciones, especialmente si hubiesen sido de los Guns (pero eso ya es mi preferencia personal).

Y al final llegó el turno de The Darkness. Sabía que mucha gente se marcharía después de la actuación de los cabezas de cartel pero me sorprendió lo vacío que parecía de repente el patio delante del escenario. Creo que es una lástima porque el concierto fue exactamente lo que esperaba desde que empezó a sonar “Bareback”: buena música, un grupo sólido y sin más estridencias que las de un frontman histriónico e hiperactivo (vestido con mallas y una chaqueta blanca con un bordado de un tigre a la espalda). Quizás el sonido no resultase tan limpio como en el concierto anterior pero me importó poco. Sigo disfrutando de los dos discos que tienen hasta la fecha y escuchar en directo “Black Shuck” y “Growing On Me” me hizo ver que tienen un directo igualmente bueno. También me confirmó que Justin Hawkins sigue estando medio loco, al menos con micrófono y/o guitarra en mano. No paró de moverse y agitar al público, invitando a responderle durante “Get Your Hands Off My Woman” o animando durante “One Way Ticket”.
Tocaron algunas canciones nuevas, siendo la primera “Nothing’s Gonna Stop Us”, que no suena mal. Los cañones de confetti que dispararon durante “Love Is Only A Feeling” también me parecieron un toque divertido. Con todo, como digo, lo que más destacó fue el cantante, con su cambio de vestuario, sus gestos o las ganas que le ponía para que el público estuviese animado y cantando, como durante “Friday Night”. Estuvo tan elocuente como divertido (“Gimme a D! Gimme an Arkness!”), hablando de un futuro disco, haciendo tiempo mientras su hermano reafinaba su guitarra o simplemente presentando las canciones. El resto del grupo estuvo en su lugar, lo cual no deja de tener su mérito cuando tienes un cantante/guitarrista que en algún momento puede ponerse a hacer el pino delante de la batería.
“Is It Just Me?” precedió a otras dos nuevas canciones, “Concrete” y “Cannonball”, que demuestran que todavía tienen algo que decir. “Stuck in a Rut” y “Givin’ Up” fueron atacadas con ganas y con las mismas energías que el resto del repertorio y cuando tocó el turno de “I Believe In A Thing Called Love” yo hubiese seguido un buen rato más. Tras la salida en falso hubiese echado varios temas más pero decidieron cerrar con una versión extendida de “Love On The Rocks With No Ice” sobre las 3:30 de la madrugada. A ver si la reunión dura y da como resultado otro buen disco, para que puedan volver de gira y pueda volver a verles.
Todavía quedaba gente en la carpa de los pinchadiscos cuando me fuí, a paso ligero para ver si no llegaba muy tarde a casa y podía echar alguna hora de sueño antes del siguiente día de festival.

Sonisphere Festival, 15 de julio de 2011 (I)
07:07
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01
Ago 11

Al igual que el del año pasado, el Sonisphere 2011 tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas. Claro que en esta ocasión partía con la ventaja de saber un poco mejor a lo que me enfrentaba.
Como el año pasado, me decanté por ir en coche. Las opciones de transporte público se me antojaban algo escasas (¿alguien sabe qué tal estuvieron los trenes/autobuses?) y me dio la impresión de que al final hubiese tenido que tirar de taxi. Así que salí con algo de antelación el viernes, 15 de julio, esperándome lo peor en dirección sur. Sin embargo, llegué sin mayores problemas. No sé si sería la hora o que el tráfico de salida de Madrid estaría concentrado en otros puntos.
Conociendo un poco el polígono del año pasado, ni me molesté en ir a las zonas de aparcamiento señaladas por la organización y busqué un hueco lo más cerca posible de la zona acotada. Después de cubrirme hasta las orejas en protector solar decidí que, ya que había llegado pronto, podía ir con calma y coger la pulsera para los dos días y explorar un poco el espacio del festival.
Primer tirón de orejas para la organización: al igual que el año pasado habían montado un punto único de entrada. Teniendo en cuenta que el primer día asistieron unas treinta mil personas, me da a mí que hubiese tenido que hacer cola independientemente de la hora a la que hubiese llegado. Y hacer cola a treinta grados sin zonas de sombra no es divertido.
Segundo tirón de orejas: la chica que me puso la pulsera estaba teniendo que cerrarlas con los dedos. La pobre ya tenía la mano fastidiada y tuve que cerrarla yo mismo porque no podía hacer fuerza. No sé si todo el mundo tenía que trabajar así pero me parece abusivo. Dotar a los trabajadores de algo más que un dedal para crimpar las pulseras (con cierre de metal este año, el año pasado era de plástico) hubiese sido lo propio.
Tras un cacheo y una comprobación de mi pulsera estaba dentro del recinto. Este año habían colocado un único escenario en la parte más septentrional de la zona delimitada. Por curiosear un poco di un ligero rodeo para llegar hasta la zona de los conciertos. Vi los pasillos con los ventiladores/humidificadores, que me parecieron un buen detalle pero probablemente escasos. Eché un vistazo lejano a la zona de stands de comida y la carpa para los pinchadiscos y pasé rápidamente por los puestos de mercaderías, sin prestar mucha atención. Me fijé también en las zonas de sombra y de relax pero ya estaban hasta arriba, así que tampoco me entretuve mucho.
La colocación del escenario, mirando hacia el norte, me pareció bastante razonable, sobre todo por el sol. Aunque no había muchas opciones de sombra (la que ofrecía la torre de los técnicos de sonido/cámaras/VIPs) al menos con esa orientación no daba de cara ni al público ni a los artistas. La zona para minusválidos no estaba mal situada pero estaba totalmente desprotegida. Las gradas me parecieron muy lejanas y las “zonas verdes” eran demasiado escasas. Casi la totalidad del recinto era, como el año pasado, un secarral.
Dada la hora a la que había llegado pude escuchar el final de la actuación de Angelus Apatrida, incluyendo “Thrash Attack”. Los chavales lo hacen bien pero el sonido de lo poco que escuché me pareció algo turbio. El cuarto de hora largo que había hasta la siguiente actuación se hizo un poco cuesta arriba al sol pero me gustó ver que las cosas sobre el escenario se movían a un buen ritmo.

Después de toda esta parrafada llegamos a la primera actuación que tenía planeada ver, la de Valient Thorr. Creo que fue Iván quien me habló de ellos hace unos años y hasta la fecha no les había visto en directo. Dadas las horas tampoco se puede decir que hubiese demasiada gente pero sí había bastantes personas y el grupo fue bien recibido cuando empezó a sonar “Double Crossed”. El sonido fue bueno y la actitud del grupo fue aún mejor. Desde el primer momento no pararon de moverse de un lado a otro del escenario, en especial el cantante. A pesar del poco tiempo que tenían disponible consiguieron tocar unos cuantos temas. Si mi memoria no falla se pudo escuchar “Future Humans” y después el cantante presentó “Infinite Lives”, ya sin camiseta. A pesar del calor (“Are you hot? Are you muy caliente?”) mantuvieron un buen nivel a lo largo de todo el concierto y temas como “Mask of Sanity”, “Gillionaire” o “Disappearer” sonaron contundentes y resultaron muy entretenidos, sobre todo con los gestos del responsable del micrófono. Estuvo muy comunicativo, haciendo pequeñas presentaciones para temas como “Night Terrors” o “Goveruptcy”, dedicando temas al conductor de su autobús (era el final de su gira por Europa) y a los vascos (sus razones tendría para eso), pidiendo al público que enviase sus energías al Sol (a fin de cuentas, ellos venían “del espacio”) o bajándose al pasillo de separación delante del escenario para cantar y gesticular ya sin camiseta. Todo un espectáculo, mientras que el grupo no bajaba el ritmo tocando. El concierto se me hizo corto y tras ¿”Heatseeker”?, “Sleeper Awakes” y el gran final encabezado por “Total Universe Man” (y enseñar el cantente el culo) se despidieron. Si vuelvo a tener oportunidad de verles intentaré aprovecharla.
A estas alturas el calor ya se hacía notar y bastantes personas estaban refrescandose con los chorros que soltaban dos mangueras situadas delante del escenario. Otro buen detalle, sobre todo dadas las temperaturas que se estaban alcanzando. Con todo, el movimiento de las personas levantaba una polvareda que hacía algo incómodo respirar. Las mascarillas que llevaban muchas personas me parecieron una buena idea.

El segundo grupo que quería ver salió al escenario con bastante puntualidad. Lo cierto es que temía un poco cómo resultaría el concierto de Gojira. Con una música tan densa como contundente me los imaginaba más en una sala que en un festival al aire libre. Y, al final, al concierto de los franceses sólo le puedo poner una pega: el sonido estaba en “modo festival”, es decir, con los bajos disparados hasta el punto de poder notarse la presión de las ondas sonoras en todo el cuerpo. Vi a más de uno que se quejaba que lo único que oía era un estruendo. Yo lo escuché bastante bien, llevando tapones, estando a una distancia decente del escenario y conociendo los temas del grupo. Sí es cierto que desde los primeros momentos de “Ocean Planet” el sonido de las guitarras me parecía algo más sucio de lo que hubiese esperado pero entiendo las limitaciones de la situación. El repertorio no estuvo nada mal y aunque creo que “Backbone” fue la única que presentaron temas como “Remembrance”, “Love” o “A Sight To Behold” eran fácilmente reconocibles.
El grupo estuvo bastante activo sobre las tablas. El bajista parecía que tenía un cuello de goma con la forma de sacudir la cabeza en algunos momentos, mientras que el cantante aprovechaba las partes instrumentales para darse algún que otro paseo de un lado al otro del escenario y el otro guitarrista seguía el ritmo de sus compañeros. Hasta el batería hizo una excursión por el escenario dejando su equipo a cargo del cantante para animar un poco al público. No sé si la reacción de los presentes les convenció pero a mí el concierto me animó bastante. Temas como “Flying Whales”, “The Heaviest Matter of the Universe” o “Toxic Garbage Island” se sucedían a un buen ritmo, sin mucha charla entre uno y otro, y cuando llegó el turno de “Vacuity” y salieron del escenario me sorprendí de lo rápido que se me había pasado el tiempo. Aunque volvieron para tocar “Oroborus” me quedé con ganas de algo más, así que tendré que estar atento a ver cuando vuelve a estar de gira por aquí.
Después de este concierto me retiré a descansar un poco. Uno, que ya es viejo, necesita dosificarse si quiere sobrevivir los dos días del festival. Sin tener mucha intención de achicharrarme durante el concierto de Sôber aproveché que podía salir y entrar del recinto con la pulsera y me fuí a un sitio tranquilo y a la sombra a sentarme cómodamente y tomarme algo fresco. Este parón me sentó tan bien, y los conciertos me habían dejado tan animado, que decidí volver un poco antes de lo que tenía previsto inicialmente.
Marty Friedman, 11 de mayo de 2011
07:07
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06
Jun 11

Hace ya unos días tuve el placer de acompañar a Alfil a un concierto en la sala Heineken. Aunque han pasado unas semanas aún tengo las notas de lo que apunté nada más volver, así que voy a intentar construir una crónica del concierto tal y como yo lo viví.
Lo malo de los conciertos entre semana es que uno siempre llega algo justo. En esta ocasión, habiendo salido bien del trabajo, íbamos muy bien de tiempo o al menos eso pensaba. Llegamos unos minutos antes de la hora de apertura de puertas y me sorprendió que no hubiese gente haciendo cola. Entramos a la sala, conservando nuestras entradas intactas gracias a los lectores de códigos de barras usados en el control de acceso (ojalá fuese algo más extendido), y ahí vimos por qué no había nadie esperando fuera. Tanto la hora de apertura de puertas como el concierto de los teloneros habían sido adelantados. No sé si se había avisado en algún sitio pero yo no estaba al tanto.
De los madrileños Inordem no había oído nada y, por culpa de este cambio, no puedo decir que ahora les conozca mejor. Me fastidia porque la elección de ver o no el concierto de los telorenos es mía, que para eso he pagado la entrada, y si llego a la hora de apertura de puertas es porque al menos tengo curiosidad por ver y oír a los que actúan. Por desgracia, en esta ocasión apenas escuchamos unas canciones, contundentes y con un sonido decente, pero que supieron a poco en una sala con muy poca gente.
Me temo que no puedo ofrecer una opinión más extensa sobre la actuación. Para la próxima, cuando caiga.
Mientras el grupo recogía sus bártulos nos sentamos tranquilamente y charlamos un rato mientras esperábamos. La sala se fue llenando pero no parecía que fuese a ser una ocasión en la que hubiese muchos problemas de espacio. Por una parte se agradecía no estar agobiados pero por otra creo que una sala llena hubiese tenido un mejor ambiente.
Hablando de ambiente, una sorpresa muy grata fue que casi no hubo fumadores en la sala. Siempre hay algún drogadicto y/o maleducado que se pasa la prohibición de fumar por el arco del triunfo (y nadie de la sala dice nada) pero en esta ocasión los demás apenas tuvimos que soportar las ansias de estos tipos de tener algo en la boca para chupar. Puede que algún día vaya a un concierto sin malos humos.
Y llegó el turno de Marty Friedman, el hombre cuyas comidas españolas favoritas son la paella y la pantera rosa. El escenario tenía un aspecto bastante espartano, con el símbolo del Loudspeaker en la pantalla de fondo. Al frente salieron tres chavales nipones cuyos nombres no supimos hasta casi el final del concierto.
A la batería había un tipo con el pelo cardado y rubio y maquillaje que parecía de Kabuki, al bajo estaba un chaval con vaqueros holgados y camiseta y a la guitarra estaba otro chico (aunque en algún momento de poca iluminación nos asaltó la duda de si era una chica) con pantalones negros ajustados, de espinillera un pañuelo con la bandera de Japón decorada con 日本, camiseta de tirantes de leopardo y una Fender (creo) rosa con purpurina. En fin, que Friedman se trajo a sus músicos desde el país del sol naciente, donde ya lleva mucho tiempo afincado.
La banda fue recibida con aplausos pero evidentemente la ovación más fuerte la recibió Friedman al hacer su aparición sobre las tablas. Con un buen aspecto, empezó directamente el concierto con “Street Demon”. En restrospectiva, el sonido fue bastante bueno desde el inicio de la actuación. No sé si tuvieron que hacer muchos ajustes pero, aparte del ya habitual nivel de volumen que hace imprescindible usar tapones, parece que lo tenían todo bien medido. Y yo creo que es un trabajo complicado: nunca he estado muy agusto con la acústica de la sala Heineken. He estado en conciertos en los que he oído todo bien y gente que tenía poco más de un metro sólo oía ruido.
En esta ocasión eché en falta un poco más de definición en el sonido, especialmente en las guitarras. Si bien se podían oír bien combinadas a veces resultaba algo complicado distinguir una de otra. Igualmente, el bajo estaba un poco perdido en el sonido del conjunto. Por ejemplo, en los primeros temas, como “It’s the Unreal Thing” y “Amagigoe” (una versión de 天城越え de Sayuri Ishikawa), que tienen un estilo más contundente, la segunda guitarra se solapaba con el bajo y era en los momentos más pausados, como en “Ballad of the Barbie Bandits”, cuando se podía distinguir mejor. La batería no se oía mal pero a mí me llamó más la atención cómo tocaba el personaje a las baquetas que el sonido en sí. Incluso con el rápido comienzo de “Tsume Tsume Tsume” (versión de 爪爪爪 de Maximum the Hormone) o el intenso ritmo de “Elixir” no dejó de gesticular y hacer continuos aspavientos, sin descuidar el compás.
Afortunadamente pudimos disfrutar de una buena visión de todos los músicos casi todo el tiempo. La iluminación fue bastante funcional, sin extravaganzas que aportasen o perjudicasen al espectáculo. El foco estaba casi siempre sobre Friedman, especialmente cuando se dirigía al público, algo que hizo en varias ocasiones. Aparte de los típicos “muchas gracias” (en español) y “qué contentos estamos de estar aquí” (en inglés ya), se molestó en dar un poco de contexto sobre su música y estuvo bastante simpático. La respuesta del público no fue excesivamente entusiástica y yo hubiese esperado una reacción algo más intensa pero no parece que los músicos estuviesen decepcionados.
El concierto en general tuvo un cariz más bien duro. Con temas como “Stigmata Addiction” y “Gimme a Dose”, Friedman fue tomando temas de su discografía para construir un repertorio inclinando a su lado más jebi, intercalándolo con melodías más rockeras. Por ejemplo, tras “Cheer Girl Rampage” llegó a incluir algunos compases de “Asche Zu Asche” de Rammstein. No se olvidó de sus temas más clásicos e incluso tuvo un recordatorio de su etapa en Megadeth con el sólo de “Tornado of Souls”, tocado a la perfección y causando la mayor reacción del público. Resulta envidiable ver como, casi a sus 50 años, mantiene toda su técnica y todo su virtuosismo intactos.
Igualmente envidiable es la colección de guitarras que fue luciendo. Tampoco es que sacase un modelo distinto en cada canción (y la guitarra purpurina del segundo guitarrista les robó protagonismo) pero sí que hizo más de un cambio a lo largo de la noche.
Después de “Devil Take Tomorrow” Friedman tuvo un recuerdo para Japón y todas las personas afectadas por las últimas catástrofes en esas tierras. Al igual que ellos amaban España, dijo, quería tener un gesto hacia su patria adoptiva y pidió un “We Love Japan” que el público acabó coreando. La única canción de la noche fue “Letter”, cantada en japones y con buena voz (a mi parecer) por el bajista. Tanto él como el guitarrista tuvieron una actuación muy destacada, por méritos propios y porque Friedman tuvo muy buena química con ellos sobre el escenario, cediéndoles el protagonismo en más de una ocasión. Hasta llegó a hacer un duelo de guitarras bastante entretenido con su compañero.
El extenso repertorio siguió con temas como “Novocaine Kiss”, “Angel” y “Salt in the Wound”, tras lo que centró la atención sobre el otro guitarrista, quien se hizo cargo de lucir toda su técnica en “Ripped”. A lo largo del concierto no presentó casi ningún tema, aunque sí habló de Tokyo Jukebox y de como, aunque en España no resultase muy familiar, se trataba de un recopilatorio de temas conocidos en Japón, de los que quería dar una muestra. Aparte de los que ya había tocado, escuchamos “Yuki No Hana” (雪の華 de Mika Nakashima) y “Kaeritakunattayo” (帰りたくなったよ de Ikimono-gakari).
El concierto tuvo varios finales. Aunque cerraron con “Time to Say Goodbye” y “Dragon Mistress”, despidiéndose la banda saliendo del escenario, volverían a ponerse delante de los focos para tocar un par de temas más. Antes de que terminase el concierto ya había presentado al grupo de músicos que le acompañaba: Mitsuru Fujisawa a la batería (que “pensaba que venía de otro planeta”), Ryota Yoshinari (que calificó de “Yokohama Superstar”) al bajo y Takayoshi “the sex machine from Osaka” Ohmura.
Las dos horas de concierto terminaron con “Thunder March” y “Bad D.N.A.”, homónimo del último disco que me sorprendió no encontrar para comprar en el puesto con las mercaderías. No sé qué impresión se llevaría de España el señor Friedman y cía. pero espero que tengan ganas de volver en un futuro no muy lejano.
Megadeth y Slayer, 28 de marzo de 2011
07:07
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04
Abr 11
Primer concierto en más de tres meses y el plan para la tarde prometía. Organizándome para llegar con algo de tiempo me planté en la fila a esperar la apertura de puertas. No había demasiada gente y en esta ocasión parece que el personal de La Riviera se organizó algo mejor que de costumbre porque poco después de la hora de la apertura de puertas ya había entrado en el local. Como siempre, buscamos un sitio cómodo donde no molestásemos mucho y esperamos tranquilamente al comienzo del concierto.
Lo que más me llamó la atención es que en esos primeros momentos en la sala se respiraba bastante bien. De hecho, si había alguien fumando yo no lo pude ver ni oler. Al menos hasta que se apagaron las luces de la sala.

Angelus Apatrida, a quienes había visto hace año y pico, fueron recibidos entre aplausos por una sala a medio llenar todavía. Teniendo un tiempo limitado para tocar los de Albacete no se andaron con rodeos y comenzaron su descarga de thrash. Por desgracia, no tuvieron mucha ayuda técnica.
Para empezar el sonido era horrible. La zona destinada a la mesa de mezclas, delante de la que estábamos, se había dividido en tres áreas y nosotros nos habíamos colocado a un lado mientras que la mesa en uso para el concierto de Angelus Apatrida estaba en el otro. Desde esa posición casi lo único que se oía era el bajo y ni siquiera de buena manera. El sonido retumbaba saturado y sin definición, ahogando la voz y las guitarras mientras que la batería se salvaba de la quema compitiendo en volumen. No sé cómo sería en otros puntos pero yo apenas pude apreciar nada.
Encima, el grupo actuó prácticamente a oscuras, con una iluminación tenue que sólo sirvió para que la gente empezase a fumar, amparados por la penumbra. Normalmente no soy muy exigente con la iluminación en un concierto pero sí tengo la (sin duda, tonta) manía de querer ver a los que están actuando. Me gusta ver qué equipo usan, como tocan o cantan y, por lo general, lo que pasa en el escenario. El sábado por la noche estuve en un local viendo a unos amigos y me gustó ver lo bien que se lo pasaban sobre el escenario. No sé, será que soy rarito.
Lo peor de todo es que tengo más cosas que contar de lo que fue mal en su concierto que de lo que me gustó. Los chavales volvieron a hacer todo lo posible sobre las tablas y, con unos pocos años de conciertos a sus espaldas, se les nota cómodos. Además, habían estado en las pruebas de sonido de dos grupos increíbles y no ocultaron su entusiasmo por su posición de teloneros en el tramo español de la gira. Del repertorio reconocí algunos temas, como “Blast Off”, “Negotiating The Clowns” y “Give ‘em War”, que pude seguir más en mi cabeza que por el sonido de la sala. El hueco que tenían para tocar dio para hacer algún guiño al público que había en ese momento en la sala, que pareció disfrutar bastante tanto con la música como con los gestos del grupo. El cantante animó e incitó a la gente mientras se sucedían temas como “Free Your Soul”, “Gone Away” y “Legally Brainwashed”, algunos de los cuales tuvo tiempo a presentar brevemente.
Desde el comienzo del concierto con “Of Men and Tyrants” hasta el final de “Thrash Attack” transcurrieron unos treinta minutos que me dejaron una sensación agridulce. Espero volver a ver a este grupo en mejores condiciones para que se puedan lucir como seguro que saben hacer.

La espera para Megadeth no se hizo muy larga. Yo diría que tardaron lo previsto, no se vio que los técnicos tuviesen muchos problemas colocando todo en su sitio. Además, entretanto nos dedicamos a ojear lo poco que se veía del setlist colgado junto a la mesa de mezclas que estaba a nuestras espaldas. Tampoco vimos demasiado pero sí lo suficiente para saber que el concierto empezaría con “Trust”.
Así sucedería minutos más tarde, con Shawn Drover siendo el primero en salir, situándose tras su batería para comenzar con el inicio de la canción. Al rato, David Ellefson aparecía por la izquierda del escenario tocando su parte al bajo, seguido de Christ Broderick por la derecha con los acompañamientos a la guitarra. A cada entrada un foco iluminaba a cada músico y así se mantedría a lo largo de todo el concierto. Con sólo los primeros compases de la canción el público ya aplaudía y cantaba hasta que, por fin, salió Dave Mustaine al escenario. Entonces sí que aplaudió el público.
Con todo, el comienzo fue algo atípico o, al menos, a mí me lo pareció. Teniendo en cuenta los teloneros y quienes les seguirían en el cartel de la noche, comenzar así el concierto y seguirlo con “In My Darkest Hour” parecía quedar algo fuera de contexto. De todas formas, la actuación fue irreprochable, desde la presentación hasta el sonido.
La batería tenía un volumen muy adecuado y era bien acompañada por el bajo a un nivel suficientemente alto como para oírse pero sin saturar ni distorsionarse. Tanto la voz como las guitarras sonaron bien y sólo las habría corregido al alza ligeramente, especialmente en algún sólo. La diferencia con el grupo anterior era como entre la noche y el día. Se nota que en las pruebas de sonido los técnicos hicieron bien su trabajo porque incluso con los distintos cambios de guitarras nunca hubo ningún momento que algo contrastase demasiado.
Y hablando de guitarras, Mustaine sacó a pasear unas cuantas, destacando algunos de los modelos Flying V que le fabrica Dean. Empezó el concierto con una USA Dave Mustaine Double Neck pero más tarde pasaría al menos por la Dave Mustaine VMNT Rust In Peace y la Dave Mustaine VMNT Angel Of Deth, sin verse perjudicado el sonido en ningún momento.
Aunque en España no hubo estuve en la gira de aniversario del Rust In Peace, en los conciertos siempre hay varios temas de este disco y el primero de la noche fue “Hangar 18″. Sigue siendo una de las canciones que más me gustan de este grupo y en su encarnación actual sonó realmente bien. Al único que no vi del todo cómodo a lo largo del concierto fue a Chris Broderick, aunque puede que fuese cosa mía. “Wake Up Dead” precedió a otro tema del Rust In Peace, “Poison Was The Cure”, en el cual Ellefson tomó el centro del escenario para comenzarlo y animar al público a acompañar el comienzo con las palmas.
Después sería Mustaine el que saldría en solitario para esbozar el estribillo de “Head Crusher” antes de atacar este tema de Endgame, su último disco hasta la fecha. Una de las inclusiones del repertorio que no me convenció fue “She-Wolf”, dedicada a las (pocas, siempre son demasiadas pocas) chicas en la sala pero que nunca ha estado entre mis favoritas del grupo. Chris Broderick también tuvo un momento al inicio de “A Tout Le Monde”, canción que siempre es coreada con ganas por el público, aunque por lo general tuvo un papel bastante discreto. Algunas armonías le permitieron compartir algo más de protagonismo con Mustaine pero en su mayor parte se mantuvo en los laterales de la parte anterior del escenario.
“1,320′” es otra canción que tampoco me llama la atención en particular pero la ejecución fue buena y resultó entretenida. Enfilando el final del concierto, “Sweating Bullets” sonó algo acelerada pero fue igual de bien recibida que “Symphony Of Destruction”. Antes de la salida en falso se escuchó “Peace Sells”, durante la que un trajeado Vic Rattlehead se dio un pequeño paseo por el escenario.
Como era de esperar, el concierto terminó con “Holy Wars… The Punishment Due”, que tuvo una pequeña introducción a cargo de Mustaine en uno de los pocos momentos que habló con el público, refiriéndose a la situación actual de conflictos en distintos puntos del mundo. El gran tema sonó muy bien, parecía como que querían terminar con su repertorio dejando un buen sabor de boca y yo creo que lo consiguieron.
Después de haber visto a este grupo varias veces puedo decir que nunca decepcionan y que en su estado de forma actual seguirán dando grandes conciertos. Sólo puedo encontrar dos reproches a su actuación y los dos son observaciones personales. El primero es que una hora de Megadeth siempre va a dejar con ganas de más. El otro es que el repertorio me pareció normal para un concierto de Megadeth pero mejorable dado el contexto. No digo que sea ni bueno ni malo, Megadeth tiene suficiente entidad propia como para que sus conciertos tengan la variedad o tonalidad que consideren oportuna, pero dado el carácter del cartel de la noche quizás podría haber estado enfocado más hacia los temas más “thrash” de su catálogo.
Mientras sonaba AC/DC en el hilo musical veíamos como montaban dos muros de Marshall a los laterales de la plataforma donde se situaba a batería. Al cabo de un rato volvían a apagarse las luces y empezaba el siguiente concierto.

En contraste con el concierto anterior, que empezó con los focos sobre los músicos, en esta ocasión el escenario permaneció en penumbra mientras sonaba el comienzo de “World Painted Blood”. Y entonces sonaron los instrumentos de los músicos.
Aquello fue impresionante. No sé lo que harían los técnicos pero, con tapones, el sonido era casi perfecto. La batería de Dave Lombardo sonaba potente pero bien definida y sin saturación, mientras que las guitarras de Kerry King y Gary Holt (en sustitución de Jeff Hanneman) se distinguían claramente y acompañaban a la voz de Tom Araya. Hasta la presencia del bajo se podía notar en la mezcla, eso sí, algo más discreta que el resto de los instrumentos.
El nivel se mantuvo a lo largo de todo el concierto, lo que permitió apreciar hasta que punto Holt se había aprendido los sólos y cuánto era de su propia cosecha, especialmente en temas nuevos como “Hate Worldwide”. Lo que no estuvo tan a la altura fue, de nuevo, la iluminación. Estoy seguro que no es tan raro que Slayer toque más a oscuras que otros grupos pero no me acabó de convencer que hubiese que esperar casi hasta la presentación de “War Ensemble” para verle bien la cara a Araya.
Eso sí, el grupo no tuvo ninguna piedad, arrasando como una apisonadora con tema tras tema, sin bajar la intensidad ni el ritmo. El repertorio estuvo compuesto, en su mayor parte, de temas ya clásicos como “Postmortem” y “Tempation”, la mayoría sin necesidad de ser presentados. Claro que, por supuesto, al llegar el turno de “Dead Skin Mask” Tom presentó la “historia de un nombre llamado Ed” para conseguir que el público gritase el nombre del tema.
Lo cierto es que el concierto de Slayer dejó poco margen para el comentario. Más allá de observar a un necesariamente estático Araya y a un muy activo Holt, el resto del concierto no contuvo sorpresas que apreciar y fue ejecutado de acuerdo a lo que seguramente fuese un programa muy bien estudiado. Lo que sí puedo decir es que un concierto de Slayer está hecho para ser disfrutado en una sala. La vez que les vi en el Sonisphere no me gustaron tanto como en esta ocasión.
Los temas elegidos para el concierto también me parecieron muy acertados. “Silent Scream” y “The Antichrist” se pudieron comparar con la más reciente “Americon” o piezas de su catálogo no tan antiguo, como “Payback”. “Seasons in the Abyss” es una de las canciones que tampoco estoy escuchando todo el rato pero tengo que reconocer que supuso un buen cambio de ritmo entre la anterior y “Snuff”. En esta pudimos ver a King y Holt haciendo alguna armonía que sonó especialmente bien. El sonido de los solos a lo largo de todo el concierto resultaron otro de los puntos a ensalzar, con unas pequeñas subidas en el volumen que hicieron que cada nota sonase claramente.
El ritmo no decayó ni un instante. Más allá de las paradas de pocos segundos necesarias, los temas se fueron sucediendo uno tras otro mientras el público saltaba, botaba, aplaudía y coreaba, como cuando llegó el turno de “South of Heaven”. A pesar de lo demoledor de la actuación, el concierto tenía una hora límite y “Raining Blood” señaló el principio del fin. Un nuevo vistazo a los comienzos del grupo con “Black Magic” dio paso al tema que no podía faltar: “Angel of Death”.
Podrían haberla tocado al principio de su recital y la gente no habría reaccionado más fuerte que lo que lo hicieron. Todo el mundo sabía que era el final del concierto y la gente se dejó lo que les quedaba de energías disfrutando de este clásico. Los últimos segundos, tras el alargado trozo de doble bombo de Lombardo, fueron frenéticos.
Y se terminó la noche. Unos instantes más tarde estabamos fuera del recinto, saludando rápidamente a unos amigos y emprendiendo el camino a casa, con la intención de repetir siempre que se pueda (y que el precio no sea tan alto).
Paul Gilbert, 16 de diciembre de 2010
07:07
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20
Dic 10

Después de dos años volvíamos a la sala Live! para ver otro concierto de Paul Gilbert en solitario. Nos presentamos a la entrada de la sala poco después de la apertura de puertas y nos encontramos con algo de cola. Al entrar vimos que la mayor retención era para comprar entradas así que, teniendo las nuestras ya adquiridas, pudimos pasar sin mucha retraso. Una vez dentro nos colocamos frente a la mesa de mezclas, aunque tuve que renunciar a ponerme en un sitio perfecto si no quería tapar una cámara que habían colocado. Con todo, pude ponerme delante de una columna y estuve bastante tranquilo.
Sobre las 22:00 salieron al escenario los protagonistas únicos del cartel, con Paul Gilbert subiendo en último lugar. Esta vez no venía acompañado de su mujer Emi, quien normalmente se encarga de los teclados, ocupando su lugar el guitarrista Tony Spinner. Al bajo repetía Craig Martini y en la batería seguía estando Jeff Bowders. Sin mediar palabra pero sonriendo al público el guitarrista empezó el recital haciendo lo que mejor sabe hacer, tocando la guitarra.
No sé si les llevaría mucho tiempo hacer la prueba de sonido pero el resultado no pudo ser mejor. Desde mi posición se oía todo muy bien y a lo largo de todo el concierto no hubo ningún momento que notase el sonido descompensado. La batería estaba a un nivel perfecto, cada golpe se oía nítidamente y el sonido ningún componente pisada al del resto. El bajo tenía un volumen adecuado y un bueno tono, sin estridencias pero sin ahogarse en los registros más bajos. La guitarra de Tony estaba a un volumen necesariamente discreto pero se podía distinguir sin problemas en los momentos adecuados y la de Paul se oía con claridad sin resultar chocante. Los que trabajaron en el sonido esa noche no podrían haberlo hecho mejor.
Por otro lado, la iluminación no fue mala pero tampoco digna de destacarse. La mejor cualidad que podría reseñar es que en ningún momento resultó molesta, manteniendo un tono neutro que no distraía de lo que pasaba en el escenario. Con todo, quedó claro que las luces no era algo en lo que hubiesen pensado mucho a la hora de llevar el concierto y acompañar al repertorio.
Desde la última ocasión que pudimos ver al guitarrista ha sacado dos disco con su nombre: uno excelente en colaboración con Freddie Nelson llamado “United States” y otro igualmente bueno bajo su nombre, “Fuzz Universe”. De este último tocó varios temas, empezando por “Fuzz Universe” y seguido por “Olympic”. Antes de este segundo tema Gilbert dedicó unas pocas palabras al público que, en líneas generales, estuvo algo espeso. A pesar de esto los conciertos de Paul Gilbert siempre resultan entretenidos. Como digo siempre que hablo de Gilbert en concierto, se nota que le gusta tocar, que se divierte en el escenario y eso es contagioso.
Para mi deleite el repertorio incluyó un par de temas del “United States”, siendo el primero “The Last Rock And Roll Star”. En él pudimos ver que Tony no sólo cumplía bien las tareas de acompañamiento, sino que manejaba a la perfección su cometido como cantante. A lo largo del concierto hubo más de un tema cantado, incluyendo varias versiones como “Rock Me Baby” de B.B. King. Tony y Paul se fueron turnando para cantar y a lo largo del concierto improvisaron alguna que otra batalla de guitarras con su buena medida de blues. Incluso llegaron a combinarlo todo, teniendo batalla de licks en los que al mismo tiempo cantaban la melodía y, en otro momento, llegaron a estar espalda con espalda intercambiando frases de guitarra.
También hubo hueco para incluir algún tema de Racer X, empezando por “Scarified”. Como siempre, resulta impresionante ver una composición así ejecutada a la perfección. Aunque Craig Martini tenía un lugar discreto en este tema se volvió a ver por qué Gilbert se lo lleva de gira. De discos en solitario anteriores al que justificaba la gira cayeron pocos temas pero al menos pudimos escuchar “Norwegian Cowbell”, aunque debo reconocer que en este caso concreto eché en falta la aportación de Emi.
“Will My Screen Door Stop Neptune” fue seguida sin interrupción por “Green-Tinted Sixties Mind”. Tony cantó muy bien las líneas que Eric Martin habría cantado si hubiese sido un concierto de Mr. Big y al escuchar la canción eché algo de menos el pequeño guiño que otras veces ha hecho de tocar algunos compases de “To Be With You”. En el fondo sólo espero que eso signifique que tras la salida al mercado del próximo disco del grupo vuelvan a salir de gira y Paul sienta que ya tendrá tiempo para tocar ese y otros temas.
El concierto fue bastante intenso y sobre el escenario debieron pasar bastante calor, lo que obligó a Gilbert a parar un instante para tomar agua. Se lo tomó con calma y se permitió bromear diciendo que “tocaba la guitarra rápido pero elegía beber agua lento”, poniendo voz de anuncio y diciendo la marca de la botella que estaba disfrutando. El evento tuvo pocas paradas y temas como “Technical Difficulties” y “Paul vs. Godzilla” se sucedían con breves introducciones para que los músicos tomasen algo de aliento.
Una de las sorpresas de la noche fue la canción que Paul presentó como una composición de un guitarrista de los setenta y que, por lo tanto, no podía ser suya. Apuntó también que era de un gran guitarrista, mejor que él, antes de empezar con “Roundabout” de Yes. La canción fue bien recibida y se acompañó de un vídeo reproducido en una matriz de puntos de luz (no tengo ni idea de cómo se llama) que decoraba la parte trasera del escenario. Si bien las luces, como decía, no fueron especialmente atractivas, ese complemento visual realzó el tema.
El momento de protagonismo de Jeff llegó con “Batter Up”, aunque a lo largo de todo el concierto destacó por su solidez a la batería (no recuerdo ningún fallo en toda la noche) y Paul llegó a intercambiar con él algunas frases con sus respectivos instrumentos. En este caso también es fácil ver por qué año tras año acompaña a Gilbert en sus giras.
La siguiente versión del anoche fue una interpretación muy particular de “Light My Fire” de The Doors. Paul la presentó como una canción que le gustaba mucho, tanto por las melodías como por que se pueden hacer solos interminables sobre ella, y se dedicaron un buen rato a demostrarlo. Después explicó que normalmente en ese punto harían la salida en falso para volver a salir al cabo de un rato pero que prefería seguir tocando.
Así pues, el concierto continuó con “Propeller”, la última canción del “Fuzz Universe” de la noche, y siguió con una divertida versión de “I Want To Be Loved” the Muddy Waters. Lo cierto es que todas las versiones resultaron muy entretenidas, con ese punto que caracteriza la forma de tocar de Gilbert. “Little Wing” de Hendrix fue la penúltima versión que incluyeron en el repertorio y precedió a una interpretación de “Down To Mexico” en la que el público fue el único acompañante a la voz y la guitarra de Paul.
“I’m Not Addicted” fue la otra canción del “United States” que tocaron y me pareció una muy buena elección para el directo. Por desgracia, el concierto tenía que terminar y el grupo se despidió con una versión de “Go Down” de AC/DC tras la que saludaron al público, repartieron algunas púas y baquetas y se retiraron. A salida compré algo y me hice propósito de volver a verlo actuar las veces que pueda.
Annihilator, 6 de noviembre de 2010
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Normalmente en TicketMaster suele poner los horarios de los distintos grupos para las entradas que venden. Al no saber quiénes actuaban de teloneros, el sábado por la tarde se me ocurrió mirar a ver si conocía a alguno y, para mí sorpresa, me topé con que el concierto había cambiado de sala y de horario. Tanto la web del recinto que figuraba en mi entrada (sala Live!) como la nueva sala (sala Heineken) tenían el concierto en sus calendarios, así que intenté llamar para confirmar el cambio pero no puede contactar con nadie.
Salí de casa para plantarme en la sala Heineken a la hora que indicaban de apertura de puertas y vi que, efectivamente, ahí iba a tener lugar el concierto. En el exterior no había apenas gente y me gustó que en el control de la entrada usasen lectores de códigos de barras en lugar de romper el ticket. Habiendo llegado con tiempo me planteé ponerme a pie de escenario pero preferí sentarme delante de la mesa de mezclas, como suelo hacer, y esperar tranquilamente. Al principio la sala no estaba muy llena y, por desgracia, el primer grupo lo disfrutó más bien poca gente.

De los noruegos Svölk no conocía nada, salvo el vídeo [05m47s] que me dio tiempo a ver antes de salir para el concierto y tenía curiosidad por verlos. Definiéndose a sí mismos como “the founding fathers of true Norwegian Bear Metal” en mi cabeza los catalogaría como stoner rock, lo que suponía un agradable contrapunto a la tónica más dura del resto de la jornada.
A mí me gustaron bastante y la media hora que actuaron me resultó muy entretenida. La sala Heineken no destaca por su acústica pero desde mi posición el sonido era bueno, aunque las guitarras estaban un pelín descompensadas y los solos apenas pude oírlos. Las voces corrían a cargo del bajista y uno de los guitarristas y se fueron rotando por los tres micrófonos que había sobre el escenario sin que el sonido perdiese calidad. Los graves estaban bien medidos, no dejando que el bajo se perdiese en la mezcla ni la saturase y haciendo que los bombos de la batería no arrollasen al resto del sonido.
La actitud de los músicos sobre el escenario fue inmejorable, teniendo en cuenta la papeleta de iniciar los festejos con un público que quizás no tenía mucho interés por su estilo de música. A pesar de esto los chavales estuvieron entregados (llegando a bajarse alguno de ellos del escenario), buscando la participación del público y agradeciendo cuando la gente participaba en las canciones. De su repertorio se me escaparon algunos temas pero recuerdo que empezaron el concierto con “Sweet Agony” seguido de “Miss Alcohol” y podría señalar “52″ y una mezcla de “Overload” y “Anchor” dentro del conjunto de canciones que tocaron. Su actuación terminó con “End Of Days” y por mi parte se llevaron un merecido aplauso.

Tras un cambio rápido de equipo y una breve prueba de sonido empezó el concierto de Sworn Amongst un poco por sorpresa. De nuevo, salvo por un vídeo suelto que había visto en Internet, no tenía ninguna referencia del grupo más allá de su estilo musical. A grandes rasgos, estos ingleses tocan un thrash duro, con voces agresivas y ritmos acelerados en temas no especialmente cortos y adornados de solos bastante rápidos.
Todo su concierto estuvo bastante acelerado. Empezaron con “Exploited” y, casi sin pausa, empezaron a atacar los siguientes temas. Sí es cierto que el cantante se paró en dos o tres ocasiones para dirigirse al público y decir lo contentos que estaban de volver a España después de la gira que hicieron hace un par de años con Gama Bomb y Bonded By Blood. La actitud fue correcta y el grupo estuvo bastante activo sobre el escenario.
En esta ocasión el sonido no me pareció tan bueno. Yo notaba una subida del volumen en casi todos los instrumentos, que empujó el nivel de la mezcla un poco por encima de lo que mi oído tolera. Con los tapones no tenía molestias pero notaba el sonido algo saturado, lo que hizo que perdiese un poco la definición en los distintos temas. Podía apreciar el bajo únicamente en las partes más agudas y las guitarras se confundían en algunos momentos, pudiendo distinguir únicamente los ritmos y no las melodías. La voz se podía oír moderadamente bien pero únicamente los gritos que cortaban a través del resto de instrumentos se escuchaban con claridad.
Con todo, temas como “Darkness” o “The Rules Of Engagement” se pudieron distinguir bastante bien. Quizás el mayor perjudicado fue el guitarrista con los solos. A pesar de demostrar una más que evidente buena técnica (con una tendencia a abusar un poco del pedal de wah), su guitarra a veces no se diferenciaba bien en los momentos que tenía que destacar por encima del resto de instrumentos.
En algo más de treinta minutos alcanzaron su último tema, “Severance”, y se despidieron no sin antes invitar a la gente a echarle un ojo a sus mercaderías y quizás tomarse algo con ellos. Nada más salir de escena se empezó a despejar el escenario.

Un mural con el nombre del grupo tras las pilas de monitores y la plataforma de la batería adornaba el fondo del recinto cuando Annihilator empezó su esperado concierto, poco antes de las nueve y media. Con la sala ya llena, el repertorio lo abrió “Ambush” y el público se entregó a Jeff Waters en cuanto éste pisó el escenario. Este canadiense sabe hacerse querer y desde un primer momento sacó su mejor cara y todo su talento para intentar llevarse de calle a los asistentes.
Parte de su encanto radica en que parece que se lo está pasando bien al tocar. A pesar de las dificultades que tuvo con las guitarras su gesto no se torció en ningún momento, dedicando más de una expresión graciosa a los asistentes mientras arrasaba con su virtuosismo y precisión. Se movió de un lado al otro del escenario, siempre intentando provocar la mejor reacción posible del público, bajándose incluso en un momento para tocar con la gente casi literalmente encima.
Y el hecho de tener buenos temas también ayuda a tener un público entregado. Del disco Metal tocaron “Clown Parade” para seguirla de “Plasma Zombies”. Para este tema Waters se armó de una guitarra tipo Flying V con LEDs a lo largo del mástil y parte del cuerpo que utilizaría en otros temas también, cambiando entre los colores azul y rojo de las luces. El primer clásico de la cita fue “King Of The Kill”, coreado por casi todo el mundo, que continuaron con “Betrayed”, del último disco.
El concierto bajó algo de ritmo con “The Box” y “Hell Is A War” pero se recuperó rápidamente con “Ultra-Motion”. A estas alturas quedaba patente por qué Jeff Waters había escogido a los músicos que le acompañaban para ir de gira. Tanto el batería como el bajo se mostraron muy sólidos en sus interpretaciones de los distintos temas y no puedo señalar ningún momento en que sus actuaciones chocasen o chirriasen. Sólo hubo una ocasión en la que al baterista tuvo un desliz mínimo pero nada que empañase un trabajo bien hecho.
Caso aparte es Dave Padden quien, después de varios años a las ordenes de Jeff, no tiene que demostrar nada. Su labor a la guitarra al igual que con la voz está a la altura del jefe de grupo, y eso es mucho decir.
Jeff Waters también cantó en más de un tema. De hecho no parecía que hubiese nada que le incomodase o no le gustase sobre el escenario, salvo la iluminación. Llegó a pedir que, al menos durante un tema, se mantuviese la iluminación de la sala para poder ver al público y llegó a parar el inicio de una canción para darle la instrucción explícita al técnico de que no tocase las luces y se fuese tranquilamente a tomar una cerveza.
El concierto adquirió un paso considerable al llegar a clásicos como “Set The World On Fire” y “Welcome To Your Death”. A esta altura el sonido estaba todo lo afinado que era posible. Había empezado bien y a lo largo de la actuación noté algunos ajustes mínimos. La mezcla era buena, sin perder los sonidos individuales de cada instrumento. El bajo se podía escuchar algo menos en algunas partes pero el nivel era aceptable, la batería no prevalecía sobre las otras piezas y las guitarras se oyeron con claridad en todo momento mientras que los micrófonos también tuvieron un buen volumen tanto para las voces principales como para los coros.
Tras ver en directo “The Trend” y la facilidad con la que Waters ataca las partes más complicadas del comienzo del tema, y disfrutar de “The Fun Palace”, el grupo salió del escenario. Por supuesto, el concierto no estaba terminado pero sí que iba a tener otro cambio de marcha. Sobre las tablas y bajo los focos se colocarían tres sillas. En ellas se sentarían Jeff Waters con una guitarra, Dave Padden únicamente con un micrófono y Alberto Campuzano con su bajo. Dave se mostró molesto con un asistente (al que se dirigió y señaló) que debió insultar de alguna manera al cantante y le dedicó los siguientes temas. Las versiones pseudo-acústicas y mezcladas de “Phoenix Rising” y “Sounds Good To Me” sonaron de maravilla, con acompañamiento del público, y se merecieron los aplausos que se llevaron. Me cuesta imaginar que alguien viese algún fallo en la actuación de Padden.
Para encauzar el final del concierto optaron por “21″ y “Phantasmagoria”, “un tema escrito en el 84″, según el propio Waters, quien mencionó agradecido los veintiún años que llevaba viniendo de gira por Europa. El colofón lo pusieron con los primeros temas de su primer disco, “Crystal Ann” y “Alison Hell”. Por desgracia, la hora y media de la que disponían antes de tener que abandonar la sala y cederla como espacio de discoteca había concluido. Si vuelven por estos lares habrá que repetir, porque yo me quedo con ganas de más.